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Angelo Gaja, Bodegas Gaja (Barbaresco, Piamonte. Italia)

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Revolucionario y exquisito, Angelo Gaja ha hecho de la bodega familiar un icono de modernidad, elegancia y renombre. Sus vinos, elaborados tan solo con las uvas que crecen en sus viñedos, están considerados de los mejores del mundo.
Texto: Roberta Bruno

 

La elegancia se lleva dentro. Se es o no se es elegante. Hay quien piensa que quienes llevan la elegancia en su interior pueden transformar en elegante cada cosa que tocan.

Un día de sol de verano madrileño, en el corazón multicultural de esta ciudad, Chueca, nos dimos cita con Angelo Gaja, un gurú del vino, uno de los grandes bodegueros de Italia, con una gran historia que narrar a tragos lentos, degustando su razón de ser… el vino.

Angelo Gaja no podría llamarse de otra forma que así, Angelo, como su abuelo… y seguramente como todos los varones que nazcan en esta familia con más de 150 años de historia. Bueno, sí, se podría llamar también Giovanni, como el bisabuelo o su padre. Así contado parecería que esta entrevista se ha hecho a un familar lejano de los Buendía residentes en Macondo. Pero no, ellos son los Gaja y residen en Barbaresco (Piamonte), rodeados de viñas productoras de algunas de las uvas más selectas de Italia, del mundo. Una familia con tanta tradición y tanta modernidad que no tiene web (aunque parezca una paradoja). Pero lo entiendes cuando Angelo sonríe y te dice: “Me gustaría ser el último en tener una web, si mis hijas me dejan. Para qué decir nosotros lo que es nuestro vino o qué famosos lo beben… ¿no es mejor que eso lo diga el propio consumidor?”

Modernos sin saberlo o sin intención, los Gaja lo han sido desde el inicio cuando en en el siglo XVIII el primer Gaja atravesó las fronteras para asentarse en el norte de Italia procedente de tierras catalanas. Ahí comenzó la saga y con ella una de las historias del vino con más solera. Era el año 1859 cuando Giovanni Gaja, con solo 27 años, abrió la bodega.

“Era un momento en el que los viticultores producían las uvas y las vendían a los bodegueros para que hicieran el vino. Mi bisabuelo pensaba de otra manera porque tenía una osteria llamada Vapore donde servían comidas y también vino. Él pensó: ¿por qué no hacer mi propio vino con mis propias uvas para que la gente que coma en mi osteria pueda beber nuestro vino?”

Dicho y hecho. Casi sin quererlo, Giovanni Gaja (el bisabuelo) dio el primer paso de una revolución vinícola que más tarde continuaría el padre de Angelo, luego el propio Angelo y ahora poco a poco están cogiendo las riendas sus hijas.

“Hasta 1912 -nos cuenta Angelo-, ese vino que mi bisabuelo elaboraba para la osteria se convirtió también en un reclamo. Entonces ya tenía una cartera de clientes de la zona que compraban su vino para llenar sus damajuanas e ir consumiéndolo poco a poco en sus casas. Por eso, cuando en el 1912 cierran la osteria y solo se quedan con la bodega, ya tenía compradores directos y fijos que ayudaron mucho a la evolución de la bodega”

Angelo Gaja es un hombre alto, atractivo; viste con un traje informal que no le importa arrugarse cuando le invitas a dar una vuelta por Madrid subido en una Vespa. Exclama con entusiasmo “Ben Volentieri” (una manera muy clásica y formal de decir Con mucho placer) y confiesa: “Yo de niño quería que mi padre me comprara una moto y él nunca quiso. Sin embargo, un día accedió y me propuso tener una Guzzi 50. Yo la rechacé porque pensé que era demasiado bajita para mí… Su respuesta fue: ‘Pues entonces ni Guzzi ni ninguna otra moto’. Así que, muchos años después, estoy muy feliz de tener la oportunidad de sentarme en una vespa”.

Dicho y hecho, pero antes de comenzar nuestra entrevista on the road, hace una parada en una frutería de la Plaza de Chueca para comprar “cerezas sin rabo” (un cuarto de picotas). Ya en el volante, nos dice: “Qué pena no tener uno de mis Gaja para brindar por este momento”. (¡Y tanto!)

Gaja produce sus grandes vinos en apenas 100 hectáreas del Piamonte en las que elabora una producción total de 350.000 botellas. Su manera de trabajar las uvas de sus fincas y de intentar seguir con la tradición familiar les llevó a no entrar en las Denominaciones de Origen (D.O.) Barolo y Barbaresco.

 

¿Quedarse dentro de una D.O. o salir de ella…? Un dilema, una decisión… ¿una rebeldía?

Realmente… una circunstancia. Las D.O. se crearon para poner orden, unificar las maneras antiguas de hacer vino, para dar coherencia y forma. Sin embargo, en mi caso, cuando se crean las D.O. Barolo y Barbaresco (en 1966), reglamentan que todo vino tiene que elaborarse con 100% uva Nebbiolo. Fue un momento de cambio, porque hasta entonces casi todos los bodegueros elaboraban sus vinos con Nebbiolo, pero también con un 10 u 11% de otras uvas. ¿Cómo cambiar la tradición de una bodega? Por eso decidimos no entrar, queríamos seguir con nuestra tradición.
No era una rebelión, sino una necesidad de seguir manteniendo una tradición familiar. Fue así como nos acogimos a otra D.O., Langhe Nebbiolo, donde nos permitían usar pequeñas cantidades de Barbera, tal y como lo hacía mi padre.

 

Cuando nos cuenta su historia parece que muchas cosas sucedieron porque una especie de destino ha decidido que tienen que suceder… como la distribución. Hoy son de los distribuidores más importantes de Europa.

La distribución comenzó en 1977. No era usual que el productor fuera el que luego comercializara directamente su vino. En aquel entonces la sociedad Cardamo distribuía vermú por diferentes puntos de Europa, con el tiempo se habían convertido en distribuidores de Romanée Conti y nosotros queríamos que esta sociedad también distribuyera nuestros vinos Gaja; sin embargo, no tenían los contactos adecuados para distribuirlos porque trabajaban sobre todo con bares. Así que fueron ellos los que nos ofrecieron colaborar distribuyendo también Romanée Conti. Nos lanzamos a esta aventura y partir de 1990 dejamos de distribuir Romanée Conti para dedicarnos solo a nuestros vinos y a otras referencias de alta gama mundial, como Vega Sicilia

 

¿Distribuir es la clave para vender más vino?

Al menos a nosotros la distribución nos ha dado conocimiento. Hemos podido contactar con distribuidores extranjeros y aprender de sus vinos, intercambiar experiencias y conocimientos.

 

¿Hay tanto vino Gaja como para abastecer a todo el mundo?

No. Ese es el tema. La distribución nos permite tener contentos a nuestros comerciales porque no solo distribuyen un vino, el nuestro, que desde 1988 solo produce, de 96 hectáreas, unas 350.000 botellas al año. Así que si no tienen nuestro vino, pueden vender otras referencias.

 

¿Qué porcentaje de la facturación depende de la distribución y qué porcentaje de la bodega?

El 20% la distribución y el 80% la bodega.

 

Antes hablábamos de la familia… Usted tiene tres hijos, al frente de la bodega están sus dos hijas. La tradición cambia, ¿no?

Sin duda. Ya no hay una herencia de trabajo de padres a hijos. Si tu padre era bodeguero o viticultor, seguramente tú tenías un porcentaje elevadísimo de convertirte en lo mismo. Del trabajo físico se ha pasado a un trabajo más bien intelectual, logístico. Mis dos hijas están en la bodega, pero no soy el único que tiene a sus hijas trabajando en la bodega, también Antinori. Ellas son la fuerza, como lo fueron las mujeres que trabajaban en la osteria de mi bisabuelo…

 

¿Y esto del vino de mujer?

¡Cuánto tenemos que aprender del paladar de la mujer! Te pongo un ejemplo: nosotros distribuimos en Japón. La mujer en este país es clave en el consumo del vino. En las degustaciones que organizamos en Japón para clientes directos, el 70% son mujeres. Ellas no tienen la arrogancia de los hombres. Los varones piensan que por el hecho de ser hombre ya sabes más de vino que una mujer. Y no es así. Las mujeres tienen curiosidad, ganas, análisis y exigencia. Todo ello es fundamental para saber valorar el vino. Realmente, ellas son las que impulsan el crecimiento del mundo del vino en todo el mundo.

Puede que haya productores que hagan vinos para acercar a la mujer al vino, pero he visto a muchas mujeres acercarse a vinos complejos que no son definidos como “vinos de mujer”. Por ejemplo, conocí a una mujer en Wisconsin que tenía un ritual hasta entonces desconocido para nosotros y era que ciertas botellas las abría seis o siete horas antes de degustarlas… De ella hemos aprendido mucho sobre cómo apreciarlo.

 

En España conocemos poco los vinos extranjeros en general… y consumimos poco

El problema de España es que hay poco consumo interno y mucha producción, con lo cual llegaremos a una guerra de precios que será contraproducente para cualquier agente del vino.

 

¿Qué consejo le darías a un viticultor español y a un enólogo español para hacer vinos de guarda?

Los vinos de guarda no se pueden hacer en cualquier sitio, y las zonas de vino de guarda ya las hemos descubierto; por ejemplo, ahora Ribera del Duero tiene potencial para hacer vinos de guarda. No es que haga falta una particular tecnología, pero el cambio climático está cambiando muchas cosas, ya que las temperaturas muy altas sobre la uva pueden tener efectos contraproducentes sobre el vino. Parece ser que los vinos de Borgoña producidos en los últimos 20 años tienen una maduración anticipada; ¿qué podemos hacer contra el cambio climático? Hace falta tener más sombra, no quitar tanta hoja, sino mantenerla, vendimiar antes, tener muy controlada la fecha de vendimia. Hay que tener en cuenta que el verano ya no termina en agosto y trabajar las variedades, buscar clones o variedades que tengan un ciclo de maduración más largo.

 

¿Cómo describirías tus vinos?

Trabajar el Nebbiolo que se cultiva en el Piamonte desde hace 800 años nos ha permitido hacer vinos complejos, vinos que no se pueden entender inmediatamente. La elegancia es la característica principal, no podemos hacer vinos corpulentos porque el Piamonte no permite esto, aunque es cierto que el vino corpulento lo entiende mejor un consumidor porque te llena la boca enseguida. Nuestro vino es más bien intelectual: hay que esperar, dejarlo en la copa para que vaya evolucionando, tiene capacidad de guarda y sobre todo es elegante.

 

¿Un vino así se podría poner en la mesa durante una comida?

Por supuesto. Yo he aprendido de vino comiendo. Es parte de mi cultura y de la cultura de muchos países. Nuestros vinos, su elegancia, es la mejor armonía para la cocina.

 

¿Siempre bebe sus vinos o apuesta por otras referencias?
Aunque bebo todo tipo de vino, tengo en mi ADN el Barbaresco. Eso sí, los espumosos no me sientan bien y no suelo beber vino dulce, pero soy un gran amante de los Riesling secos. Realmente soy más de tintos.

 

Nuestro viaje en Vespa está casi finalizando cuando le recordamos a Angelo que en España el enoturismo está de moda. Bodegas Gaja nunca abrió al público hasta ahora, cuando bajo petición y previo pago de 250 a 400 euros por persona se puede hacer visitar.

“Algún touroperador nos ha llamado snobs por no querer tener nuestra bodega dispuesta para el turismo; pero tenemos nuestra filosofía: desde el año pasado decidimos abrirla a clientes particulares procedentes de Suiza, Alemania, Rusia, China, Japón… Pagan la cuota y les hacemos una ruta, pero ese dinero no se queda en nuestra bodega, generalmente va a beneficiencia, a apoyar un proyecto que nosotros elijamos o que el propio cliente nos sugiera. Con esta fórmula este año llevamos recaudados 83.000 euros (el año pasado solo fueron 60.000 euros).

 

 


 

Biografía Angelo Gaja
La bodega Gaja fue fundada en 1859 por Giovanni Gaja. La familia abrió una taberna en Barbaresco, donde servían su vino para acompañar la comida. En 1937 uno de sus descendientes, también llamado Giovanni Gaja, fue el primero en poner el nombre de Gaja en la etiqueta, con letras grandes. Después de la Segunda Guerra Mundial, siguiendo el consejo de su madre, Clotilda Rey, compró una serie de viñedos en la región de Langhe. Angelo Gaja, nacido en 1940, comenzó su carrera en la bodega en 1961. Había estudiado enología en Alba y en la Universidad de Montpellier, además de una licenciatura en Economía en Turín. Gaja revolucionó la vinicultura del Piamonte: a partir de 1961 empezó a practicar la poda en verde y en 1967 comenzó a cultivar en pagos, primero Sorì San Lorenzo, luego Sorì Tildin y por último también Costa Russi. También fue uno de los primeros - junto con su enólogo Guido Rivella - en introducir la fermentación maloláctica y en emplear, desde mediados de la década de 1970, barricas de roble francés. Giovanni Gaja se oponía tanto a las barricas como a las variedades de uva francesas. Aun así, Angelo plantó un majuelo en Barbaresco con Cabernet Sauvignon, pensando que en aquella época sólo un Cabernet con crianza en barrica sería capaz de demostrar el potencial que latía en Italia. Luego ya descubrirían también la Nebbiolo y cía.

 

 


 

 

Entre las cosechas excelentes de los vinos de Gaja se cuentan, para empezar, las de 1985, 1989 y 1990 -como en la mayoría de los Barbaresco y Barolo- y también la larga serie que abarca desde 1995 hasta 2001. Entre los vinos más jóvenes, destaca la añada de 2008 por su elegancia.

 

 

Ca' Marcanda – Ca' Marcanda 2009
17 puntos | 2014 a 2018
Merlot, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc se fermentan por separado, después el vino permanece 18 meses en barrica. Buqué de compleja frutalidad; en el paladar buenas hechuras, final opulento y frutal.

 

Pieve Santa Restituta – Sugarille 2008
17 puntos | 2016 a 2021
La uva Brunello se elabora igual que la Nebbiolo: un año de crianza en barrica, seguido de otro año más en una gran cuba de madera y, finalmente, maduración en botella. Notas de violetas y frutas con hueso; en el paladar, suave, acidez con casta, debería madurar un poco más.  

 

Gaja – Barbaresco 2010
17,5 puntos | 2016 a 2022
Clásico hecho con uvas de 14 viñedos. Atractiva nariz; buen equilibrio entre acidez y taninos, termina sobre notas de ciruela, regaliz y discreta madera.

 

Gaja – Costa Russi 2010
18 puntos | 2017 a 2024
Madura como todos los vinos de pago de Gaja: crianza en barrica durante un año, luego otro año más en grandes cubas de madera. Frescos aromas frutales, voluminoso en boca, taninos con carácter, el final complejo.

 

Gaja – Sorì Tildin 2010
17,5 puntos | 2016 a 2022
Se trata de un vino de color granate, complejo y elegante a la vez: cuerpo bien perfilado, taninos con casta y un final largo y frutal.

 

Gaja – Sorì San Lorenzo 2010
18 puntos | 2017 a 2025
Capa alta, notas de guindas al marrasquino y frutillos del bosque; en boca, con casta, un buen vino con taninos todavía algo angulosos, pero pleno y largo. Debería madurar un poco más.

 

Gaja – Sperss 2009
18 puntos | 2018 a 2024
A pesar de su estilo juvenil, gusta por su equilibrio, resulta recio y con casta, pero también posee gran plenitud. Seductor el final frutal sobre aromas de frutillos del bosque y regaliz.

 

Gaja – Conteisa 2009
17,5 puntos | 2017 a 2023
Es la interpretación personal de Angelo Gaja de los terruños de Cerequio: aromas florales; mucho cuerpo, denso y elegante en la nariz, taninos pulidos, especiado y largo.

 

 

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