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Las dos orillas de la Ribera

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Nuevo en la Ribera.

Rodrigo González García, propietario de Altos del Enebro

 

Rodrigo González lo es todo en un proyecto que lleva muchos años en su cabeza pero que no se ha materializado hasta que no ha encontrado el viñedo idóneo para mostrar la esencia de la Ribera del Duero tal y como él la entiende. Economista de formación, ya cuando estaba estudiando la carrera, el mundo del vino le llamaba poderosamente la atención. Tras acabar los estudios y cursar el Máster de Enología y Viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid, su verdadera experiencia la adquirió durante los seis años que trabajó en el proyecto de Bodegas Roda en Ribera del Duero de la mano de Agustín Santolaya.

Su mantra vitícola se basa en que la bodega debe ser una mera transmisora de lo que la viña le ofrece cada año. El suelo y todas la variables climatológicas que se dan a lo largo de un ciclo vegetativo han de plasmarse en el vino. En su mente ir en busca de la frescura y finura en los vinos que elabora casi se convierte en una obsesión. Eso sí, sin descuidar el equilibrio con la potencia y estructura que se presupone en esta zona. Doce hectáreas, diez en Milagros y dos en La Horra es lo que por ahora tiene para ir elaborando sus vinos. Son viñas de las más altas de la zona a unos 1000 metros donde los suelos apenas presentan restos calizos, pero gozan de buenas dosis de micas y feldespatos, lo que garantiza una gran frescura. No le preocupa aumentar la cantidad de su producción, pero sí la calidad. Considera que año a año irá conociendo mejor el viñedo y podrá optimizar y por qué no aumentar la gama de vinos dependiendo de lo que esté pidiendo la viña.

Hoy nos ofrece tres vinos: Dos de ellos pertenecen a la marca Tomás González, donde podemos degustar un roble con 6 meses de barrica y un crianza. El tercero es la joya de la corona. ¿Su nombre? Altos del Enebro. La realidad es que merece la pena disfrutar de la savia nueva que va irrumpiendo en la Ribera.

¿Recuerdas cuál fue el primer vino que tomaste?
En tierras burgalesas, de donde procedo, recuerdo bajar con mis primos a la bodega subterránea de casa a coger vino de las barricas de 500 litros. Una auténtica aventura, no exenta de peligro, pero que disfrutábamos a lo grande.

¿Por qué de la Ribera del Duero nacen tan grandes vinos? ¿Cuál es el secreto de la zona?
Quizá el secreto radica en el equilibrio con el que se desarrolla la Tempranillo. La armonía de su tanino hace que todo sea más fácil a la hora elaborar y de disfrutar. El suelo y el clima moldean a la uva de forma magistral. También cuentan las prestigiosas bodegas que llevan años en la zona elaborando sus vinos. Vega Sicilia es la principal.

¿En esta zona se pueden llegar a elaborar vinos monovarietales de otras variedades que no sean la Tempranillo?
Soy de los que piensan que debemos trabajar por conocer y desarrollar el propio patrimonio varietal, dejando en un segundo plano las variedades foráneas. En nuestros viñedos más viejos se pueden encontrar cepas aisladas de Bobal, Monastrell, Garnacha y alguna que parece ser Bruñal. En la Ribera no están autorizadas, pero hay que trabajar en ellas e ir viendo su comportamiento.

¿Cómo crees que serán los vinos de la Ribera del Duero en unos años? ¿Hacia dónde evolucionará la zona?
Sinceramente, no lo sé, pero hay algunas cuestiones en las que habría que trabajar para que la evolución tomara el único camino posible: aumentar el prestigio de la zona basado en la calidad de sus vinos. En la Ribera del Duero convivimos una gran variedad de proyectos. Todos somos necesarios, pero los grandes operadores y nosotros, las pequeñas bodegas, también tenemos muchas variaciones en el funcionamiento y en los objetivos, y eso debe diferenciarse de alguna manera.

¿Qué define a un vino de Ribera del Duero?
El hecho de que la uva Tempranillo desarrolle un perfil muy concreto en esta zona hace que los vinos queden perfectamente definidos con los matices de fruta negra con diferentes niveles de maduración, marcándose en mayor o en menor medida los detalles de tinta. El resto de sensaciones vendrán definidas por las distintas particularidades de suelo y clima.

Para terminar. Una película para disfrutar junto con una copa de vuestro vino Altos del Enebro.
Pues una opción entretenida que me encanta es el El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone con Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach como protagonistas. Y de acompañamiento, un buen jamón ibérico de bellota.

 

Asentado en la Ribera

Iván Sanz Cid, director gerente de Dehesa de los Canónigos

Iván Sanz, director general de este apasionante proyecto pertenece a la cuarta generación de una familia que habita en Dehesa de los Canónigos desde 1931. Ubicada entre Valbuena y Pesquera de Duero es una de las fincas con mayor historia de la Ribera cuya extensión es de unas 500 hectáreas, 60 de las cuales están dedicadas al cultivo de la vid. En cuanto a la construcción de la bodega fueron los padres de Iván, Luís y Mari Luz, los que la fundaron en 1989. Podemos decir que él y sus hermanos llevan el carácter de la Ribera del Duero impreso en su ADN puesto que desde bien pequeños han vivido en el campo enredando con los aperos y divirtiéndose entre montañas de cereal. Es una vida apasionante en la que se aprenden diversos oficios entre los que destacan el cuidado de la viña y el amor por la fascinante transformación de la uva en vino.
Actualmente, Dehesa de los Canónigos es uno de los proyectos más asentados de la zona y de un reconocido prestigio tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, pero esto no es suficiente para una persona inquieta y perfeccionista como Iván. Para él, el futuro de la casa pasa por dar continuidad a lo que sus bisabuelos comenzaron comprando la finca, al igual que hicieron sus padres construyendo la bodega. Ahora es el momento incluso de emprender nuevos y apasionantes proyectos. Es muy consciente del gran reto que él y sus hermanos tienen entre manos, puesto que en pocos años el cambio en el panorama vitivinícola español ha sido espectacular; cada vez se elaboran más y mejores vinos. Asegura que, bajo esta premisa, su desafío consiste en ser cada vez mejores, pero sin perder los valores heredados. Parafraseando a su buen amigo, el periodista y gastrónomo José Ribagorda, “solo desde la autenticidad se puede alcanzar la excelencia”.

 

¿Recuerdas cuál fue el primer vino que tomaste?
Sí, fue en un lagar -o cocedera, como lo llaman- en las profundidades de una bodega del siglo XVI, propiedad de la familia Rivera en Pesquera de Duero.

¿Por qué de la Ribera del Duero nacen tan grandes vinos? ¿Cuál es el secreto de la zona?
Fundamentalmente se debe a las específicas características edafoclimáticas que influyen en el ciclo vegetativo de la vid, que desempeñan un papel muy importante en el desarrollo de la planta y la maduración de la uva. Además, la Ribera dispone de una proporción considerable de viñedo viejo de variedades autóctonas.

¿En esta zona se pueden llegar a elaborar vinos monovarietales de otras variedades que no sean la Tempranillo?
No a día de hoy, pero tengo entendido que el tema está sobre la mesa... Con respecto a eso, te adelanto que en Dehesa de los Canónigos, mi hermana Belén y yo hemos elaborado nuestro primer blanco monovarietal de uva de Albillo, única uva blanca permitida como complementaria en Ribera de Duero. Por supuesto, no podrá ser un vino con D.O. Ribera del Duero. Pero no somos los únicos que lo hemos hecho, quizá cunda el ejemplo y avancemos en ese sentido.

¿Cómo crees que serán los vinos de la Ribera del Duero en unos años? ¿Hacia dónde evolucionará la zona?
Yo creo que un vino ha de trasladarte a la tierra donde nace. Es consecuencia del terreno y de la vida que este alberga, por eso lo más importante es la viña. Como mi padre nos recuerda, “antes uvas que cubas”. Un gran vino no se consigue de un año para otro, es el fruto de años de trabajo y de una viticultura respetuosa con las leyes de la naturaleza. El equilibrio y conexión de la vid con el medio hace que los frutos puedan expresar todo su potencial. Espero y deseo que esta tendencia prime en el futuro.

¿Qué define a un vino de Ribera del Duero?
Aunque es difícil generalizar debido a la gran diversidad de terrenos que nos encontramos en la Ribera, la frescura, la fruta, una buena madera en segundo plano que aporte complejidad, la estructura tánica en perfecto equilibrio con el alcohol y la acidez, así como la elegancia son algunas de las características que, en mi opinión, definen un buen Ribera del Duero.

Para terminar. Una película para disfrutar junto con una copa de vuestro vino Solideo.
Como va de vino, recomiendo la película Entre Copas, una divertida comedia protagonizada por Paul Giamatti y Thomas Haden. Sin duda, un buen título para disfrutar del vino como hay que hacerlo... ¡en buena compañía!

 

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