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Huelva, el descubrimiento

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Esta es la historia de una comarca de lugares mágicos, únicos en nuestro país. La puerta abierta a América, el viaje al centro de la tierra, el taranto de las puestas de sol y los versos del poeta. Esta es la historia de una de las comarcas más desconocidas de Andalucía.

L a provincia onubense marca su geografía por un lado con las aguas del Guadalquivir y, por otro, por las del Guadiana. Entre mares rema la cultura de una tierra arraigada a sus tradiciones. Por un lado, Huelva es costa, "de la Luz" la llaman, de playas infinitas, de tierra fina donde posiblemente se tengan las mejores puestas de sol de este país. Por otro, es devoción a la tierra. No hay lugar en este país como Doñana ni peregrinación más devota que su Rocío.

Cuando atraviesas esas fronteras naturales que separan Huelva de Andalucía y de Portugal, comprendes que los lugares de difícil acceso guardan esa virginidad de las primeras veces, las primeras veces en las que se descubre la vida. Un continuo descubrir de una tierra caprichosa que tan pronto simula ser un río de vino tinto y otras un desierto de mar armonizado en silencio.

Si algo tiene Huelva es esa capacidad para no dejar indiferente a ningún viajero. Quien busca halla en ella sus encantos más conocidos: las playas de Punta Umbría, su ermita del Rocío, su famosísimo Jabugo, las lagunas, esteros y marismas que aparecen en ese plácido trayecto desde Punta Umbría hasta El Rompido, ese paraíso que es Doñana o esa capital, Huelva, cuya vida gira en torno a un vivo mercado. Pero quien se deja llevar más allá de la ruta típica entonces encontrará la fascinación, el latir, el descubrimiento de una comarca única, repleta de historia, de monumentos emblemáticos, de una cocina de producto, respetuosa con lo que le da la tierra... Descubriremos, posiblemente, la provincia más desconocida de toda Andalucía.

Quizá la primera parada para entender la Comarca sea precisamente su capital. Esa ciudad cuyas callejuelas van a parar a ese vivo mercado que anteiormente mencionaba. Más de 30 calles repletas de restaurantes en los que los soleados días se mezcla una algarrabía de voces canturreando una carta de picoteo que la hacen única: "Una de gambas; otra de jamón; una ración de chocos, otra de coquinas..."

El choco... si no probarmos el famoso choco de Huelva no entenderíamos por qué a los de aquí se les llama de esta manera: choqueros...  o los ibéricos de la Sierra. Eso significa que en este viaje de descubrimientos hay que hacer parada y fonda en alguno de esos restaurantes a pie de calle y probar esa sepia frita o con habas o de cualquiera de las cien maneras que tienen de elaborarla. Y para los que buscan más allá, el relucir de una Estrella, tendrán que reservar en el único Estrella Michelin de la ciudad, Acánthum, en el que un jovencísimo Xanti Elías hace una oda a su tierra con menús de mar y montaña, homenaje renovado al recetario tradicional de Huelva.

Tras una ruta culinaria, hay que aventurarse por sus calles para descubrir los monumentos que narran su pasado: el Palacio de la Mora Claros, el antiguo Casino Comercial, el Palacio de los Duques de Medina Sidonia, el Hotel París, en la plaza de Las Monjas, la Iglesia de San Pedro (la más antigua de la ciudad), la Catedral de la Merced... la Fe Descubridora, más conocido como Monumento a Colón.

Cristóbal Colón. El naviero salió de estas tierras rumbo a esa Ámerica desconocida hace 525 años. Es por ello que la Comarca de Huelva celebrará con doble estusiasmo este año 2017: por un lado, por ser la Capital Gastronómica de nuestro país; y por otro, porque los doce meses se llenará de festejos que recuerden ese tiempo en el que dos mundos se unieron y a partir de ahí comenzó una historia indivisible entre América y España (Europa).

Hoy en día, se puede descubrir la comarca buscando los lugares colombinos. Una ruta, declarada Conjunto Histórico-Artístico, que viaja desde Moguer a Palos de la Frontera recorriendo todos aquellos lugares andaluces que tuvieron una especial relevancia en la preparación y la realización del primer viaje de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Así se descubre el Monasterio de La Rábida, el Muelle de las Carabelas, donde se encuentran las réplicas de la Pinta, la Niña y la Santa María y la Casa-Museo de los Hermanos Pinzón.

Sí, Huelva es hoy en día la puerta de entrada y salida por la que pasó Colón, pero también la Comarca fue tierra de fenicios y también de tartesios, y mucho más tarde, colonia inglesa. Fue en el año 1873 cuando los ingleses llegaron a Huelva atraídos por la riqueza de su tierra, compraron unas productivas minas y así comenzó una de las grandes historias que, aún hoy, siguen vivas en nuestro país: la de las minas de Río Tinto.

 

Río ¿de vino?

Río Tinto... Cuenca del Guadiana. Nace en la Sierra de Padre Caro, surca la tierra y, 100 kilómetros más tarde, llega a la Ría de Huelva, donde se funde con el río Odiel. A su paso, regala un trampantojo de vino en ocasiones rojo carmesí, en otras, de violáceas tonalidades. Descubrirlo supone acercarse a su museo minero, situado en el que fue el antiguo hospital británico que atendía a los trabajadores de la compañía, y a partir de ahí comienza el chacachá de un tren que nos lleva a un viaje en el tiempo, a la fascinación no solo por la historia de la tradición minera de esta tierra, sino también a la belleza que nos regala la naturaleza.

El recorrido es fascinante, pero no tanto como cuando se llega a la Peña de Hierro, posiblemente uno de los lugares más hermosos de la provincia. Quien lo desee puede sumergirse al fondo de la tierra, a través de una galería de 200 metros de longitud camino a las entrañas que nos lleva al verdadero origen del río Tinto. Quien consiga trazar este camino descubrirá por qué la NASA ha elegido varias veces este lugar como centro de investigación sobre su proyecto Marte.

 

De grutas, poemas y cantes

En ocasiones, cuando se viaja por la profundidad de estas tierras, realmente piensas que estás en otro mundo. Esto ocurre cuando uno acaba en Aracena, hermoso pueblo blanco de tejados rojizos, arremolinada en esa parte de Sierra que lleva su nombre y pertenece a Sierra Morena. Cuando llegas a este lugar, hay alguien que te cuenta: "No te puedes ir de aquí sin conocer la historia de Blas y su cerdo". De cerdos, en esta tierra se sabe mucho. La D.O.P. Jamón de Huelva (a punto de convertirse en D.O.P. Jabugo) posiblemente sea una de las más famosas del mundo, y quizá una de las atracciones más poderosas para los que vienen de otros continentes, los que intentan descubrir el sabor de Andalucía. A pesar de que la Sierra de Aracena es el corazón de la tierra del Jabugo, es otra historia la que narra el suceso de un tal tío Blas y su cerdo: cuentan las voces populares que un día cualquiera de finales del siglo XIX, este señor, pastor de profesión, perdió uno de sus cerdos. Desesperado, el pastor buscó y buscó a su cerdo hasta los confines de la tierra. Literalmente, porque el buen hombre acabó en el interior de una gran gruta de estalactitas pecaminosas. Si encontró o no a su cerdo, no lo sé, pero lo que sí sabemos es que dicha gruta, situada debajo del castillo medieval de Aracena, es hoy en día única en el mundo. Después del tío Blas fue el rey Alfonso XIII el primero en aventurarse por ella. Lo hizo con su mujer y, por supuesto, con séquito de nobles, clero y biempensantes de la época. Aquel fascinante lugar, que con el tiempo bautizaron como La Gruta de las Maravillas, fue el escenario de una de las grandes comilonas de la época. Con el paso de los años, ha servido para otros escenarios, pero en este caso de ficción: allí se rodó en 1959 Viaje al centro de la Tierra o Tarzán en las Minas del Rey Salomón (en el 73), entre otras. 

¿Qué encontramos en este paraíso? El Salón de los Desnudos, con sus estalactitas en forma de penes, el Gran Salón de los Garbanzos, La Catedral... y La Subida al Cielo. Preciosa contradicción: uno baja al centro de la tierra para subir 91 escalones y encontrarse en el paraíso... ¿Se puede pedir más?

Sí, se puede o se debe pedir más a Huelva. Porque junto a su legado monumental se encuentra su legado natural y junto a ese legado natural late la poesía de uno de sus mayores poetas, Juan Ramón Jiménez. Hay que ir al pueblo de Moguer para entrar en la hoy antigua casa del poeta y comprender cómo era la vida del ganador del Premio Nobel de Literatura en 1956. En dicha casa, un fantástico legado arquitectónico de los hogares andaluces de la época, nos encontramos la pasión del poeta por el mar y por su pueblo: "¡Huelva lejana y rosa! / ¡Sobre el mar, por La Rábida, / en la gris perla húmeda / del cielo, aún con la noche / fría tras su alba cruda / –¡horizonte de pinos!–, /fría tras su alba blanca, / la deslumbrada luna!".

Poemas y cantes. No se entendería Huelva sin los versos de Juan Ramón y tampoco sin ponerle banda sonora a sus puestas de sol a ritmo de fandangos. Dicen los expertos en flamenco que es aquí, en estos pueblos de cal con vistas al mar, donde nació dicho palo. Sus peñas flamencas se distribuyen por toda la comarca y sus cantes son la mejor manifestación de amor a una Huelva descubridora. Así se cierra este viaje, que es solo el comienzo de una propuesta para perderse por la que, sin duda, es una de las comarcas a descubrir: "Mi Huelva descubridora,  del mundo su referente, / mi Huelva descubridora, / la del fandango valiente, / que se pasea por la aurora / desde que el día amanece". ¡Feliz Viaje!

 

LOS VINOS DEL CONDADO

No se puede concebir Huelva sin sus vinos del Condado. Las diferentes elaboraciones son imprescindibles si queremos gozar plenamente de toda la oferta gastronómica onubense. Aunque entre sus viñas encontramos variedades tintas y sobre todo blancas, como la Moscatel de Alejandría, Garrido Fino, Listán de Huelva, Palomino Fino y Pedro Ximénez, es la uva Zalema, originaria de allí, la que predomina en las casi 5.000 hectáreas de viñedo que se concentran en la parte sureste de la provincia. Con ella se hacen vinos blancos de amables aromas frutales, una agradecida frescura y moderada graduación alcohólica que acompañan a la perfección a los bocados marinos. Pero, sin duda, todo aquel que aterrice por estas tierras no debe perderse el placer de disfrutar con la que para muchos es la armonía perfecta: Jamón de Huelva con una copa de Condado Pálido. Un vino de crianza biológica elaborado bajo el sistema de criaderas y solera que completa la trinidad de los generosos de nuestro país junto con los de Jerez y Montilla-Moriles. Sus matices punzantes de heno, frutos secos y flores de infusión y el paso seco y fresco combinan con maestría con los sabores de la auténtica joya gastronómica de nuestra dehesa.

Y si queremos una rareza enológica, también nos la brinda Huelva. El vino naranja. Se elabora a partir de un vino con Denominación de Origen Condado de Huelva al cual se le añade alcohol de vino aromatizado con cortezas de naranja amarga. Tras un envejecimiento de por lo menos dos años en botas de roble mediante el sistema de criaderas y solera, el vino obtenido resulta ser el acompañante perfecto para una larga sobremesa. Es dulce, de cierta densidad y con el toque cítrico de la naranja que armoniza a las mil maravillas con quesos y postres de chocolate. Tampoco hay que olvidar la fama que poseen los vinagres de esta zona de una gran potencia aromática que se convierten en  y un magnífica opción para aderezar nuestros platos.

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9 bocados + 1 trago: 10 razones para visitar Huelva

D.O.P. Vinos del Condado de Huelva
Como ya hemos contado en la página 22, en Huelva no solo se come bien, también se bebe muy bien. Un buen ejemplo son sus vinos D.O. del Condado, donde la uva Zalema es la protagonista indiscutible y donde también se producen los exclusivos vinos naranjas.

 

Quesos de la comarca del Andévalo
Entre la Sierra de Aracena, la Tierra Llana de Huelva y la frontera con Portugal, la comarca del Andévalo ha ganado justa fama gracias a sus quesos artesanales, sobre todo los de las variedades Montes de San Benito, elaborado solo con leche de oveja, y Sierra de Aracena, con leche de cabra.

 

Jamón de Jabugo
Arropado por la dehesa de encinas y alcornoques, Jabugo apenas cuenta con 2.500 habitantes, pero su fama se ha extendido con justicia por todos los rincones del planeta gracias a su excepcional jamón de cerdo ibérico D.O.P.

 

Gurumelo
También en lo más alto del podio gastronómico onubense está el gurumelo, una tan poco conocida como deliciosa seta de aspecto similar al champiñón. Injustamente eclipsado por setas más populares como níscalos o boletus, el gurumelo es un indispensable placer a descubrir.

 

Frutos rojos
Huelva es el mayor productor español de frutos rojos y uno de los mayores exportadores europeos. Sus fresas, frambuesas, moras o arándanos son elementos imprescindibles en infinidad de elaboraciones como ensaladas, gazpachos, repostería...

 

Pescados atlánticos
Con sus 122 kilómetros de costa atlántica, Huelva es un paraíso a la hora de degustar pescado fresco, casi vivo, en cualquiera de las variedades que allí se capturan, desde rapes, lenguados y corvinas hasta boquerones, doradas y melvas.

 

Mojama de Isla Cristina
Muchos la llaman, con razón, jamón de mar. La mojama, con I.G.P. Isla Cristina, elaborada a partir del lomo del atún es una delicia onubense que se consume en la región desde que hace 3.000 años los fenicios mostraron la mejor manera de conservar el pescado en salazón.

 

Moluscos
Además de excelentes pescados, la costa onubense también ofrece fantásticos moluscos como sus berberechos, aquí llamados berdigones, los longuerones, similares a las navajas aunque menos curvados, y por supuesto, el más apreciado de todos,  la coquina de concha fina.

 

Gamba blanca
Una delicia inolvidable, la gamba blanca de Huelva es una verdadera joya a la que se debe mimar respetando sus tiempos de cocción y acompañándola con la sal justa para disfrutar este particular crustáceo en todo su esplendor.

 

Choco
Uno de los grandes protagonistas de la gastronomía onubense es el choco, o sepia officinalis, en cualquiera de las distintas formas en que puede prepararse, ya sea guisado, en albóndigas o el fantástico choco con habitas. Imprescindible.

 

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