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Cambados, marinera en tierra

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Color rubí. Aromas salinos. Posgusto a viento de mar. Persistente en boca. Cambados, puerto de mar, oleaje de vino. Paraíso de fin de mundo. Latir de tradición. Guarda Cambados la fusión de tres villas con siglos de historia que la hacen única: Fefiñáns, Cambados y San Tomé. Sin duda, los tríos siempre son especiales. Capital Europea del Vino. Lugar de peregrinaje todos los veranos para festejar la Fiesta del Albariño. Religiosa, canalla y seductora. Hay lugares en el mundo a los que uno regresa siempre que necesita inyectarse un poco de tradición, costumbres arraigadas, buena comida y excelente vino. Aquí comienza un viaje de mar por la geografía de un mapa que quisiéramos que no terminase nunca, que continuase en el recuerdo, como los grandes vinos.

A  l amanecer, la Torre de San Sadurniño recibe al día en soledad. La marea está baja, las gaviotas sobrevuelan la tierra mojada y en el horizonte se dibujan las sombras chinescas de las primeras barcas de pesca. Con la puesta de sol, arde el cielo, la ría seduce con su juego de olas y entre las rocas, al borde del agua, se acurrucan los besos. Bocas compartiendo el aliento de las últimas horas del día
Antaño (siglo xi), la Torre de San Sadurniño protegía al pueblo de Cambados de los ataques de los vikingos. Hoy, las piedras supervivientes de aquella vieja fortaleza siguen siendo el punto de mira de los habitantes de Cambados, el lugar para recibir y despedir el día, la visita obligada para quienes ponen por primera vez los pies en esta tierra. San Sadurniño se asienta en una pequeña isla llamada A Figueira y, para llegar a ella, un largo puente (170 metros) atraviesa la ría separando, a su paso, la playa de la Mouta y el barrio más antiguo de Cambados de la Torre vigía: Santo Tomé.

El barrio de Santo Tomé o Vila Vella posiblemente sea lo que imprime el carácter a este pueblo. Las casas, pequeñas y coloreadas, miran a la ría; las callejuelas, en las que apenas entra un coche, están hechas de piedra reformada, los gatos deambulan solitarios y los perros sin raza pasan el día con sus panzas al sol olisqueando las chimeneas en las que se brasea la pesca del día. Es un barrio voyeur que contempla sin tiempo a los turistas que cada mañana pasean por sus calles, que vigila la ría, sus subidas y bajadas, los baños de puesta de sol, el trabajo de cada día. Huele a sal. El viento, arremolinado entre las casas, silba la partitura de una vida marinera que aún permanece viva. Sí, Cambados se mueve al mismo ritmo que lo hace su ría. Cuando sube el agua de mar, salen los barcos al océano; cuando baja, un ejército de mujeres, ataviadas con botas de agua, bolsas de malla, rastrilllos y un buen sombrero, acuden a la ría mojada para comenzar la tarea del día: mariscar. Quien pone los pies en esa alfombra de arena húmeda comprende que pisa la riqueza de este pueblo. Un edén de almejas finas, rugosas, berberechos... Aprenden a mariscar desde que son niñas. Se hereda la profesión y se defiende desde el amanecer hasta el alba. Cambados es tierra de mujeres. Ellas seleccionan con mimo la riqueza de su ría, ellas ponen los precios, ellas venden, ellas cocinan, ellas deciden...

La lonja de Cambados apenas dista con calma unos 10 minutos andando desde el barrio de Santo Tomé. La lonja es el corazón de este pueblo. Motor que bombea la vida. Por eso, la visita a la lonja es la necesidad de sentir esa vida y llevarte un trocito de ella para luego voltearla a la plancha e ingerirla con orgullo. Porque aquí se siente el orgullo de ser quienes son y, sinceramente, lo entiendes desde el primer momento.
Desde la lonja se puede emprender la ruta para conocer la belleza de este pueblo. Así, dejando atrás la ría de Arousa, nos metemos por el entramado de casas, sombreando caminos de piedra, para descubrir este bello Cambados. Se camina sin prisa, recordando que para llegar hasta aquí desde Madrid ha habido un largo camino; entonces recuerdas que los paraísos siempre están en esos lugares donde llegar supone poner las ganas en una brasa de deseo. Cambados está pulida en granito. Sus casas, muchas con techumbres de cochas de vieiras, protegen de los malos vientos gracias a sus piedras gruesas, y la vida se sucede entre el pasado y presente de un legado palpable. Los días de culto, las mujeres cubren sus cabellos con mantillas de puntillas, acuden a la iglesia y pasean sus creencias ante el respeto del pueblo. Y el resto del año, los hombres faenan en alta mar, las mujeres mariscan o cosen redes y los niños aprenden en oficio de la tradición, la obligación de las costumbres, el respeto a su mar, el silencio de las tardes de tormenta. Se amanece en la churrería junto a la lonja o en el bar de los marineros, donde el café lleva como tapa una esponjosa bica (bizcocho). Y a partir de ahí... se vive.

Siendo un turista en busca de la belleza te quedas atrapado en un paseo que sorprende a cada paso con las casonas nobles y los pazos históricos, y mientras esquivas el chiqui-tren que no cesa en todo el día de pasear a curiosos visitantes, descubres su bello casco histórico, declarado conjunto histórico-artístico.

Así, a pie, aparece el Pazo Bazán, un casoplón del siglo xvii, que fue construido por Don Pedro Bazán de Torres (párraco de Cambados). Cien años más tarde, fue restaurando por Pedro Bazán de Mendoza, después fue residencia de su hijo Pedro Pablo (famoso traductor de Voltaire) y Luisa Bazán, bisabuela de la conocida escritora Emilia Pardo Barzán, para finalmente, en el año 1960, convertirse en el Parador Nacional de turismo del Albariño. La biblioteca de Cambados, situada en lo que fue la Casa Fraga, una belleza del siglo xix construida en los terreros de lo que, a buen seguro, fue el antiguo convento de San Francisco, con hermosos jardines en los que se encuentra el busto de Cervantes y un libro de grandes dimensiones con versos de Cabanillas. Aquí pasó largas horas Valle-Inclán, cuya casa museo se encuentra a pocos kilómetros del centro de Cambados, en Vilanova de Arousa. El escritor pasó parte de su vida en su casa de Cambados bebiédose las musas, trazando la vida con pulma de época. Se rumorea que el intelectual gustaba de grandes banquetes a base de cocido gallego y garbanzos; que gustaba descorchar, si se terciaba y había visita de parientes o amigos, "una botella de albariño, un vino del año, rubio y frutal que gusta consumir, si es posible, mirando al mar".

Con los recuerdos y los versos se llega al corazón de Cambados, la Plaza de Fefiñáns, un despliegue de belleza arquitectónica donde se descubre el Pazo de Fefiñáns, el arco-puente, la atalaya Torre del Homenaje y la iglesia de San Benito. En esta esplendorosa plaza se celebraba antaño el mercado semanal de la zona.

Todo, en esta tierra, siempre acaba vinculado con el comer y el beber. Porque, mientras intentas hacer una vida cultural, no puedes evitar entrar y salir de sus numerosos bares y tabernas donde seducen las cartas de tapeo de mar y la propuesta tentadora de albariños. Así es Cambados: de mar y vino para cuando guste. Con razón ha sido declarada Ciudad Europea del Vino. Aquí no hay casa que no tenga unas viñas de albariño, no hay mano que no sujete, en algún momento del día, una copa, no hay comida que no se armonice con vino.

 

Ciudad del Vino

Antes de que fuera nombrada Ciudad Europea del Vino, Cambados ya suponía un reclamo nacional como la Ciudad del Albariño. Cada mes de agosto, el pueblo se vuelca en una algarabía de música, vino, comida y bailes hasta el alba. Sus fiestas del albariño son de las más populares y antiguas de Galicia, considerada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Dicha celebración comenzó siendo un concurso entre los bodegueros de la zona. Corría el año 1953 y la propuesta era que las bodegas pudieran presentar su mejor albariño y el pueblo eligiera el que más le gustara. Para ello se organizó una merienda-cena en la que participaron nueve bodegeros y un centenar de comensales. De aquel primer encuentro, salió un ganador, el vino de José Rodiño Oubiña, y la fiel propuesta de seguir celebrando su particular homenaje al albariño. Hoy en día, es un fiestón multitudinario al que nadie falta.

Si a esto le unimos que este año 2017 la ciudad de Cambados ha sido declarada como Ciudad Europea del Vino, comprendemos que si hay un destino este verano de obligada visita es este. Durante los meses de julio y agosto, no habrá lugar en la villa en el que no se respire vino. Por un lado, un Enobús recorrerá el municipio descubriendo 13 de las 23 bodegas de Cambados que pertenecen a la Denominación de Origen Rías Baixas. Cada día se podrá visitar el Museo Etnográfico y del Vino; y para los que quieran indagar en la historia de su tradición marinera podrán hacer una pequeña ruta a los bancos marisqueros del municipio de O Salnés.

La visita al Museo del Vino de Cambados posiblemente sea una de las paradas obligadas para comprender qué es el albariño y por qué forma parte del sentir de esta tierra. Al igual que es casi una placentera obligación pasar una mañana con alguna de las mujeres de la Asociación Cultural de Mujeres del Mar para comprender ese paisaje de mariscadoras de puesta de sol. Ellas son las que cuentan el proceso de cultivo y recolección de la riqueza de su ría.

Desde 1988 existe la Denominación de Origen Rías Baixas, dividida en cinco subzonas: el Valle del Salnés, O Rosal, el Condado del Tea, Soutomaior y el Val do Ulla. En el Valle de Salnes, donde se encuentra Cambados, hay más de 1.400 hectáreas de vino, es la subzona de mayor superficie y se sitúa en la margen izquierda de la ría de Arousa, a nivel del mar. La práctica totalidad de sus viñas pertenece a la variedad Albariño con una mínima presencia de la variedad Treixadura.

 

Yantares

A todo buen vino debe acompañarlo una excelente comida. Cambados me sabe a mar, sí, a marisco a la plancha, a berberechos al vapor, almejas a la marinera y a ostras virginales. Si pudiera besar esta tierra seguramente la textura de sus labios sería carnosa como esas vieras portentosas, de coral sabroso que aquí se aprecia, no se quita, se come, se saborea. Cambados es mesa tradicional de tabernas y restaurantes sencillos, pero también es mantel de Estrella Michelin. Unos y otros lo tienen claro, la cocina guarda pleitesía a la tradición marinera y a esas viñas de albariño que vencen las inclemencias del tiempo sujetas en pilares de granito.

Se busca el latir del pueblo en esas mesas de mantel de lino, platos de loza y una carta escrita con tinta de sencillez como encuentras en Casa Pintos. Allí respiras la tradición con el resto del pueblo que busca las mejores ostras de Cambados, el pulpo más fresco y esas conchas al vapor que describen en nuestra boca la tradición marinera. Y se da uno un homenaje en el pueblo cuando reservas mesa en la casa de Yayo Daporta, en el centro del pueblo: una Estrella Michelin y dos Soles de la Guía Repsol. Aquí el ayer se presenta en plato con los ropajes de la modernidad. Así hace Yayo un a peces tan nobles como la xarda a la brasa con tallo de wakame, la sardina asada con un fondo de empanada o el tartar de jurel. 

Si se buscan las Estrellas en esta zona hay que viajar a dos lugares imprescindibles: primera parada, O Grove, mesa en Culler de Pau. A pie de carretera nacional, lo que fue la casa familiar se ha convertido en un bellísimo mirador acristalado que nos enseña con discreción el horizonte de mar y playa. Javier Olleros, cabeza de un equipo joven y entusiasta, bebió de las buenas maneras de algunos de los mejores restauradores del mundo antes decidirse a abrir su proyecto, sus ganas de querer narrar sus costumbres de otra manera. Un menú largo, de bocaditos discretos, va deconstruyendo el mar, la huerta (propia), la ganadería de su Galicia amada. Juega con los caldos, con la virginidad de los sabores genuinos y con la sutileza de una técnica depurada que busca la perfección. Tiene una Estrella Michelin y con muchas ganas de seguir contando la historia, su historia, con tinta de sofisticación. Aunque hablando de sofisticación, hay que viajar un poco más, sin salir de la provincia de Pontevedra, y dirigirse a la casa de Pepe Solla, hoy considerado uno de los mejores chefs de Galicia y una de las voces más importantes de la restauración nacional. San Salvador de Poio. Dos Estrellas Michelin y todos los reconocimientos posibles de la crítica española. Tengo que decir que por primera vez en mi vida me sorprendo con un gesto tan pequeño e importante como el que un chef, durante el servicio, esté en la sala, junto a sus comensales, sirviéndoles, explicándoles, susurrando con ese soniquete gallego cautivador cada una de las espectaculares creaciones de su carta. Esto significa dos cosas: una, tener un equipo en cocina de confianza capaz de reproducir la creación del chef y ayudar a mejorar y elevar cada plato a lo más alto; y dos, la exaltación del servicio de sala, tan denostado y tan importante en un restaurante. El menú de Solla no deja ni un respiro y ¡menos mal! porque no hay ni un pero a nada. Cada plato tiene entidad propia, personalidad y ganas de contar historias. Sinceramente, creo haberme sentando en uno de los mejores restaurantes de España. El sabor... la vida gallega.

Uno termina sus días en Cambados con la sensación de no haberse inyectado el suficiente mar en sus venas, no habér bebido más de su tradición y estar falto de tiempo de entender mejor una tradición tan arraigada. Con suerte, hay lugares en el mundo que invitan a volver en otro momento de una vida, al menos para recordar ese lugar donde uno, en alguna ocasión, consiguió ser feliz.

 

MINI-GUÍA

RESTAURANTES IMPRESCINDIBLES

Casa Pintos Montiño do Medio, 14 San Tomé. Tel. 986 542 435
Yayo Daporta Hospital, 7. www.yayodaporta.com
Culler de Pau Reboredo, 73 (O Grove) www.cullerdepau.com

PARADOR NACIONAL DO ALBARIÑO
Paseo da Calzada, s/n. Tel. 986 542 250

VIDA CULTURAL
El Museo Valle-Inclán, en la Torre de Bermúdez de Pobra de Caramiñal (propiedad de los abuelos del escritor y escenario de su cuento Mi bisabuelo) forma parte de la Casa de Cultura del Ayuntamiento y se puede visitar los días laborables.

Sobre la Fiesta del Albariño: www.fiestadelalbriño.com

Enobús y visitas con motivo de la Ciudad del Vino durante julio y agosto. El precio, 10 euros.

Tickets en Oficina de Turismo de Cambados (Tel. 986 520 786).

Todo sobre Cambados: www.cambados.com

 

BODEGAS

23 bodegas de Cambados están adscritas a la D.O. Rías Baixas. Son las siguientes:

Condes de Albarei
A Bouza, 1
36639 Castrelo (Cambados)
www.condesdealbarei.com

 

Adega de Xieles
Xieles, 5
36634 Corvillón (Cambados)
www.mardearousa.com

 

Adega Durán
Pardo Bazán, 1
36630 Cambados
www.ventomareiro.com

 

Adega Vieites
Laxes, 8
36634 Corvillón (Cambados)
Tel. 986 542 481

 

Adegas Terra Santa
Laxes, 8
36634 Corvillón (Cambados)
Tel. 986 542 481

 

Alberto Nanclares Ocio
Castriño, 13
36639 Castrelo (Cambados)
www.bodegasnanclares.es

 

Bodegas Albamar
Adro, 11
36639 Castrelo (Cambados)
Tel. 986 543 830

 

Bodegas Aquitania
Bouza, 17
36639 Castrelo (Cambados)
www.bodegasaquitania.com

 

Bod. Palacio de Fefiñanes
Pza. de Fefiñáns, s/n
36630 Cambados
www.fefinanes.com

 

Bodegas Martín Códax
Burgáns, 91
36630 Vilariño (Cambados)
www.martincodax.com

 

Bodegas Seixido
Refoxos, s/n
36634 Corvillón (Cambados)
Tel. 986 524 819

 

Bodegas Don Olegario
Refoxos, s/n
36634 Corvillón (Cambados)
www.donolegario.com

 

C.B. Pintos
Hospital, 28
36630 Cambados
Tel. 986 542 188

 

C.B. Pintos Daporta
Montiño de Arriba, 27
36630 Sto Tomé (Cambados)
Tel. 986 542 435

 

Constantina Solero Ares
Castriño, 9
36639 Castrelo (Cambados)
Tel. 986 524 704

 

Datri Mar
Olmos, 36
36630 Sabugueiro
Tel. 986 543 000

 

Isabel Amil Núñez
Castriño, 13
36633 Vilariño (Cambados)
Tel. 986 542 570

 

Dolores Fontan Limeres
Sartaxes, 8
36639 Castrelo (Cambados)
www.lagardecosta.com

 

Lagar da Xesteira
Xesteira, 80
36630 Castrelo (Cambados)
Tel. 986 743 151

 

Mª Carmen Baulo Oubiña
Tragove, 93
36630 Corvillón (Cambados)
Tel. 986 543 700

 

Ricardo Abal Padín
Cachadiña, 24
36630 Vilariño (Cambados)
Tel. 986 542 882

 

Viña Blanca do Salnés
Baltar, 15
36639 Castrelo (Cambados)
www.vinablanca.es

 

Viña Sobreira
Couto de Abaixo, 59
36639 Castrelo (Cambados)
www.vinasobreira.com

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San Antonio de Padua, 28
Madrid
T.917 922 885
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