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Airén, la reina blanca de La Mancha

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¡Ajá, os hemos engañado! Pensabais que empezaríamos con una cita del Quijote, o que lo pintaríamos con las patas de Rocinante envueltas en un mar violeta de flores de azafrán. O con el notición de última hora de que el lugar de La Mancha cuyo nombre quería olvidar Cervantes ha sido por fin localizado... Pues no.

E n el libro de estilo de esta editorial figura entre los tres primeros artículos la prohibición en los textos de frases hechas y lugares comunes. De modo que nada de hablar del Quijote, ni de mares de azafrán, ni de molinos de viento, aunque sean el primer reclamo turístico de esta tierra, ni hablar de llanuras tan inmensas que han llegado hasta el cielo en busca de su patrona: la Virgen de Los Llanos. Ni siquiera mencionaremos esa inmensa cúpula, ese cielo avaro en lluvia pero tan generoso en luz, en sol, en belleza y en fenómenos fascinantes como arcoíris dobles o circulares, más precisos y preciosos que una pantalla en tecnicolor.

Porque aquí hemos venido a hablar de MiVino, en realidad del vino de todos, ya que los vinos de Castilla-La Mancha cubren el globo terráqueo, con una venta y una exportación que superan la de cualquier otra Comunidad, que superan sus propios récords en cada cosecha y llegan a los cinco continentes.

Cifras cantan. Castilla-La Mancha superó en 2017 en un 10% la exportación del ejercicio anterior al facturar 611,7 millones de euros. Un dato aún más atractivo es que las ventas de 11,36 millones de hectolitros suponían solo un 1% más que en 2016, lo que significa que su vino ha aumentado de valor, es decir, de reconocimiento en el exterior, como también la selección de mayor calidad por parte de los importadores, con el aumento del vino embotellado y con Denominación de Origen.

Y se nota. La D.O. La Mancha llegó a comercializar en ese periodo el récord que supera 91 millones de botellas, de las que más de 29 millones fueron a parar al extranjero: Tailandia, México, Singapur, Brasil, Corea del Sur, Colombia, Hong Kong, República Dominicana, Japón, China... Mientras, su vecina Valdepeñas aumentó más del 4% situando entre los primeros clientes a Alemania, Reino Unido, China, República Checa, Rusia, Holanda y Suiza... y con esfuerzos reconocidos por la respuesta de Japón. Son solo un ejemplo entre las ocho denominaciones de origen, sin contar los vinos de pago, que cubren el territorio manchego.

Y por acabar con las cifras, ahí va la que ahora nos interesa: la uva reina de esta zona, la blanca Airén, llamada también Lairén, Valdepeñas, Mantúo, Manchega o Forcallat, cubre un tercio del viñedo español y ocupa el tercer puesto de las uvas vinificables de todo el mundo.

Razones le sobran porque son cepas resistentes, poco exigentes en materia de clima, agua o alimento, generosas, y sus uvas en racimos apiñados, dorados y hermosos son tan discretas que a lo largo de los siglos han dado vinos versátiles, capaces de acudir a la mesa sin exigencias y de combinar respetuosamente con otros vinos, en coupages con los resultados más variopintos. De ahí que haya viajado por toda la geografía, más allá de su cuna manchega.

¿Una uva neutra? Eso se le ha venido achacando, pero hoy, cuando los viticultores se esmeran y los bodegueros han aprendido a poner en valor sus cualidades, demuestra en muchas copas las posibilidades de su personalidad: aromas más intensos y diferenciados, sin perder el carácter frutal que puede evocar el plátano, el pomelo, pero que en las mejores elaboraciones apunta en el paladar la alegría de las especias y un tacto con cuerpo. Y aún tiene mucho que decir.

 

Mirando al Sur, Valdepeñas

Seguir los pasos de la Airén desde el sur, por Valdepeñas y Almansa, por los límites con Sierra Morena y con el Mediterráneo interior es acudir a la frontera de la llanura manchega que aquí se va haciendo más accidentada.

Valdepeñas (Valle de las Peñas) ha sido cuna de vinos desde hace 25 siglos, una tradición que se mantuvo aun en los tiempos más imposibles, cuando pudo sortear la prohibición del alcohol impuesta por la dominación musulmana gracias a una bula concedida por el propio Califa de Toledo. Después de la Reconquista, sus aloques –combinación de vinos tintos y blancos que reposaban en las gigantescas ánforas de barro– llegaban a la mesa de Felipe II y de allí a la corte y a la moda popular. Mas aún cuando en el siglo xix consiguieron subirse al tren del progreso, literalmente al Tren del Vino que los conducía a la capital, al gran mercado de Madrid.

Todo ese pasado ha dejado huella en la villa y en los alrededores, de modo que la visita siempre se convierte en una ruta del vino. Comienza por el propio camino, por la carretra jalonada por tinajas gigantes y conduce al Museo del Vino, junto a la bodega de Leocadio Morales que muestra la estructura típica y los utensilios del trabajo rural, en torno a un gran patio, con la sala de tinajas, la cueva de guarda... No es la única. En el consejo regulador informan de todas las bodegas tradicionales bien conservadas que están abiertas al público y hay para rato: Miguel Calatayud, Megía e Hijos, la ecológica y biodinámica Dionisos, con un sencillo alojamiento a la salida del pueblo, en medio de sus viñedos, bautizado con un nombre tan tentador como definitorio: La Venta de las Estrellas.

Nos detenemos precisamente en Bodegas J.A. Megía e Hijos, uno de los ejemplos más relevantes de los airenes de Valdepeñas. Es un proyecto que echó a andar en 1994 para asentarse en la localidad como una de las bodegas más solicitadas en la hostelería local. Entre sus 13 vinos se encuentran dos referencias elaboradas únicamente con Airén: Corcovo y Corcovo 24 Barricas. La primera de ellas es un vino joven y la segunda está fermentada y criada durante siete meses en barrica francesa. Ambas proceden de 60 hectáreas de viñedo, mitad en propiedad y mitad de agricultores conocidos de la zona. Los majuelos plantados en vaso tienen una edad que oscila entre los 30 y los 50 años que acaban dando en torno a los 4.000 kilos por hectárea. Producciones muy alejadas de las que se daban hace unas décadas. En bodega, los rendimientos también son muy escuetos y es que se trabaja mediante el sistema de vino directo: no se utiliza la prensa y la vendimia despalillada se introduce en el depósito. Esta forma de trabajar favorece la limpieza aromática de sus vinos.

Domingo Megía, cabeza visible del proyecto, le augura un buen futuro a los vinos de Airén. Desde su posición de elaborador considera que es un vino demandado por el público y como consecuencia por los distribuidores tanto nacionales como internacionales. De las 200.000 botellas que aproximadamente saca al mercado cada añada un 50% sale directo a países como Bélgica, Holanda, Alemania o Reino Unido. Según él, son destinos en los que se buscan vinos menos potentes en nariz y con algo más de recorrido en boca. En cualquier caso, lo mejor de todo es que año tras año los dos airenes de la casa se agotan a la espera de que vuelva la siguiente añada.

Claro que también hay mucho que se ha perdido. Para dar cuenta de ello, en el imprescindible Museo de los Molinos, una exposición fotográfica muestra los avatares que ha sufrido el casco urbano. Novedades entre las que por supuesto cuentan las bodegas más conocidas, como la gigante Los Llanos y, camino de Cózar, en la finca Marisánchez, Bodegas Real, con restaurante, catas y recorridos enoturísticos.

Y a la hora de comer diariamente, o de cenar si es noche de viernes o sábado, también invita a una visita La Aguzadera, un precioso edificio al estilo de las quinterias tradicionales y con un atractivo entorno, siempre que no esté invadido por bodas y banquetes. (Autovía de Andalucía, Km. 197. 13300 Valdepeñas, Ciudad Real. Tel. 926 323 208. restaurante@laaguzadera.com).
La D.O. la componen 10 municipios desde el campo de Calatrava al de Montiel, desde la casa de Esparteros en Granatula de Calatrava hasta la preciosa plaza de San Carlos del Valle, o las ruinas de los castillos de Alcubillas, de Ahambra o la iglesia de Torre de Juan Abad donde aún resuenan los pasos y los versos de su feligrés más famoso y más descreído: Quevedo.

 

Pura Mancha, puro vino

El campo, el clima, el cielo y la tierra no cambian mucho entre las denominaciones Valdepeñas y La Mancha, o incluso Almansa. Tierra seca y pobre en materia orgánica, sol a raudales, lluvia escasa, cambios de temperatura dramáticos entre día y noche y entre invierno y verano, con diferencias hasta de 50 grados. Es decir, las condiciones óptimas para que las uvas capaces de adaptarse se defiendan engordando su hollejo, lo que que será el cuerpo y alma del vino.

Al suroeste de la Denominación de Origen La Mancha y en pleno Campo de Calatrava se encuentra un hotel mágico impensable en estas sobrias tierras, el Hotel Boutique Palacio de la Serna (Calle Cervantes, 18, 13432 Ballesteros de Calatrava, Ciudad Real), a una media hora de una de las bodegas con mayor tradición vitícola de la zona. En la actualidad la bodega es regentada ya por la sexta generación de una familia que viene dedicándose a esto del vino desde 1898. 120 años en los que el trabajo, la dedicación y un especial afecto por la viña han dado vida a un proyecto que goza de una espléndida salud. Una viña que han sabido trabajar y mimar para conseguir el fruto adecuado para cada elaboración. Hoy controlan unas 700 hectáreas de viñedo. La familia dispone en propiedad de las más viejas, el resto las arrienda a viticultores de la zona con los que tienen una larga y estrecha relación.

Pasar de la nave de tinajas de barro del siglo xix donde aún se elaboran parte de los vinos de la bodega a la moderna y sofisticada nave de barricas dispuesta en medio de los enormes depósitos de acero y diseñada por el estudio de arquitectura ciudarrealeño Bernalte y León, es como realizar un viaje expres en lo que ha sido la evolución del mundo del vino en la región.

En esta centenaria trayectoria la Airén ha tenido un protagonismo notable. Ocho millones de litros se elaboran para destinar unas cien mil botellas a un blanco joven bajo la marca Viña Cuerva que se comercializa sin problemas a lo largo de la geografía española. Es un vino joven que tiene una gran aceptación entre los consumidores y la rama hostelera. Desde la bodega consideran que aunque no es fácil competir en el mercado con variedades de mayor presencia aromática, el vino de Airén convence desde su sobriedad y amabilidad. Es por eso que una cuidada elaboración y una adecuada comunicación posterior hace que este vino encuentre un buen número de incondicionales adeptos. 

El recorrido desde el sur es un camino donde las viñas se suceden en continuo, hasta donde la vista alcanza. Su desnudez, su verde frescura, sus ocres y dorados son el único cambio en el paisaje, la imagen de las estaciones. Escasísimo arbolado y apenas salpicadas las más rústicas construcciones, los bombos y los majanos, sencillos refugios de piedra. Los primeros, cilindros bajos, con techo semiesférico, generalmente encalados, resguardo para los agricultores y pastores y sus animales; los segundos, un simple amontonamiento de piedras que los conejos pueden convertir en su hogar. Actualmente quienes defienden la ecología y/o la caza, que es una de las riquezas y atractivos mayores de esta tierra, los cubren periódicamente con una red y meten un hurón que hace salir a los conejos con un susto tremendo, pero los vacunan y los dejan libres.

Así es La Mancha, el mayor viñedo del mundo, con casi medio millón de hectáreas dedicadas a la uva, realmente, al vino. Unas 160.000 están inscritas en la D.O. La Mancha, procedentes de 182 pueblos de Albacete, Cuenca, Toledo, Guadalajara y Ciudad Real que dan ocupación a 15.000 viticultores y a 267 bodegas, que en la última cosecha han colocado la tirilla de control de la D.O. en más de 88 millones de botellas. Buena parte viaja a Reino Unido, Alermania, Holanda, China, Rusia, Estados Unidos, México, Japón... Casi 100.000 hectáreas están plantadas de Airén, y eso que hace unos años algunas parcelas cambiaron a variedades tintas.

La Mancha tiene viña reconocida desde tiempos romanos, pero la proliferación actual es más o menos reciente. De hecho, expurgando El Quijote, aparece el vino, sobre todo en la bota, los pellejos, los sueños y los deseos de Sancho, pero nunca el viñedo. El paisaje de La Mancha en el Siglo de Oro es desolación, pasto para las ovejas y trigo, de ahí que aparezcan molinos y no bodegas.

La filoxera que atrajo a España a los bodegueros franceses para sustituir sus viñas arrasadas supuso el primer boom de La Mancha, ya que estos terrenos secos eran menos atractivos para la plaga y los viñedos resistieron bastante bien. Fue temporal, hasta que Francia se recuperó. El segundo despertar, a mediados de siglo xx, tiene luces y sombras ya que las cooperativas y la destilación permitían malvivir a los viticultores pero no propiciaban elaboraciones de calidad. Ha hecho falta la labor de pequeños bodegueros visionarios y arriesgados y la incorporación de técnicos valiosos en las cooperativas y en las grandes bodegas para trasformar poco a poco el panorama en pos de mejorar viticultura y elaboración. Algo que ya se nota desde dentro y se reconoce desde fuera.

El recorrido actual podría empezar, como símbolo, en la ermita de la Virgen de los Vinos, en Tomelloso, que era uno de esos pueblos cerealistas y ganaderos trasformados en vinícolas cuando la filoxera. 4.000 cuevas que son o fueron bodegas asoman sus respiraderos (lumbreras) por cada rincón, incluso en la plaza, donde la Posada de los Portales se ha convertido en oficina de turismo. Para conocer el pasado, el museo etnológico, la hermosa Posada de los Balcones, el Museo de Carros y Aperos y, en las afueras, el Museo del Vino, en la Cooperativa Virgen de la Viñas, el gigante mundial que gestiona la producción de uva del entorno.

Para conocer el tiempo reciente, el legado de sus hijos más preclaros, los dos pintores realistas Antonio López, tío y sobrino. Y en lo alto, las chimeneas de las destilerías donde los excedentes acaban convertidos en alcohol. Porque ya se sabe: en torno al vino se aprovecha todo, los sarmientos para asar chuletas, los pámpanos para envolver dolmas, las uvas, el vino, los aguardientes, el alcohol...

Y ya que hablamos de comida, se impone una visita a un restaurante impensable, Marquinetti (Avenida Don Antonio Huertas, 47. 13700 Tomelloso, Ciudad Real. Tel. 926 514 666 y 677 422 840. www.marquinetti.com). Aquí no encontrarán cocina manchega pero sí la obra de Jesús Marquínez, que una edición tras otra (hasta cinco) cosecha el premio a las mejores pizzas del mundo, las que convierte en alta cocina mediterránea.

De ahí podemos elegir una excursión a las lagunas de Ruidera, a comprobar la altura del agua y la magia de la Cueva de Montesinos o seguir la vía del vino, a Manzanares, Alcázar de San Juan o Villarrobledo, donde un par de artesanos siguen manteniendo la tradición de las gigantescas tinajas de barro, que contrastan, frente a frente, con los depósitos de acero a la puerta de la nueva fábrica. De ahí el gourmet Sancho se hubiera encaminado guiado por las estrellas (Michelin) a Las Pedroñeras, a por los mejores ajos de este país, o mejor a deleitarse en Las Rejas, la cocina que creó y vuelve a regentar uno de los chefs más preclaros de La Mancha y de España, Manuel de la Osa, (Calle General Borrero, 49, 16660 Las Pedroñeras, Cuenca. Tel 967 161 089). Ahí sí que se encuentra la cocina manchega puesta al día.

La cocina manchega del día a día, sin embargo, superando las invasones bárbaras de cadenas de hamburguesas y pizzas, presenta un parecido sorprendente con lo que Cervantes cuenta. Se ha pulido la diferencia de clases entre los platos únicos, escasos, de aprovechamiento y subsistencia para pobres, y las mesas variadas y abundantes para ricos, pero en el menú diario o festivo perviven el pisto, la caldereta de cordero, el cochifrito, la perdiz escabechada, la gallina en pepitoria, unas migas, como las hacía la abuela, unas gachas, el morteruelo, unos gazpachos galianos... Pura cocina cervantina.

Muchos de ellos se pueden encontrar en Puerto Lápice, en la venta de D. Quijote, quizá heredera de la legendaria aunque la construcción del edificio es del siglo xviii. Su patio y la tienda de recuerdos son parada obligada donde cientos de turistas, cámara en ristre, prueban berenjenas aliñadas de la vecina Almagro. Y es que los tópicos no son gratuitos.

Y para tipismo El Toboso, con la Casa de Dulcinea, que perteneció a Ana María Martínez Zarco de Morales, quien, según algunos autores, pudo inspirar el personaje. Lo que más llama la atención en ella es el inmenso palomar de adobe y la prensa de aceite, de dimensiones descomunales. La evidencia de que palomas y aceite de oliva constituían pilares de la cocina de toda la región.

Y para tópicos conservados o restaurados –menos mal– el visitante en Campo de Criptana, ha de acudir primero al Real Pósito del Grano, a conocer la historia y el funcionamiento de los molinos de viento de aquí y de todo el mundo y después subir al Cerro de Los Molinos a través de callejas blancas, empinadas y serpeantes, a tocar la realidad de El Infanto, el Burleta, el Sardinero, los tres molinos declarados Monumento Histórico entre la decena que quedan en pie, de los 32 que estuvieron censados en otros tiempos. A sus pies la bodega donde Alejandro Fernández amplió sus fronteras más allá del Duero: El Vínculo.

El alma del pueblo, su vida, la leyenda, están atrapadas ahí, como en el museo de la Tía Sandalia de Villacañas, como en los admirables y sorprendentes falos de la iglesia de Los Hinojosos. Tan admirables y sorprendentes como la vecina bodega de Martínez Bujanda, Finca Antigua, tan moderna y funcional en ese campo añoso. Como la Campos Reales de El Provencio, que ha tomado el relevo, en novedad, de la revolución que supuso en Manzanares el nacimiento de Señorío de Guadianeja y toda Vinícola de Castilla.

Ahí, subiendo a la Torre del Homenaje del Castillo de Pilas Bonas, convertido en alojamiento, se puede contemplar el cielo, la tierra, las vides, las bodegas... La Mancha entre el pasado y el futuro, La Mancha entre realidad y sueño, como ha sido la restauración del propio castillo en manos de un niño que allí soñaba. Es otra historia preciosa de un soñador que merecería otro Cervantes. Pregunte y verá.

 

CR 804  6875

 

Los presidentes de las Denominaciones de Origen La Mancha y Valedepeñas analizan la situación de una uva que fue durante muchos años la imagen del vino español.

E l Paraje de El Peral es un espacio natural cercano al límite entre las denominaciones de origen La Mancha y Valdepeñas en el que aprovechamos para reunir a Gregorio Martín Zarco, presidente de la D.O. La Mancha hasta hace unos días, y Jesús Martín, presidente de la D.O. Valdepeñas. El motivo del encuentro no era otro que tratar el pasado, presente y futuro de la uva más emblemática del viñedo de Castilla-La Mancha: la Airén. Se trata de la uva blanca más abundante de España, que lleva décadas entregando sus frutos en la meseta sur de nuestro país. Ambos nos recordaron con cierta nostalgia su primer contacto con la uva Airén. En la propia viña, aún siendo niños, ayudando a la familia en las labores de recolección y después, en el caso de Jesús, probando a escondidas con sus amigos en la desaparecida Bodega Brotóns "un vino con más color que los actuales y de sabores auténticos e inolvidables. Todo ello en vinos que aún no habían terminado la fermentación y por lo tanto tenían el deje dulzón". Para Gregorio, el recuerdo que todavía perdura en su memoria es el de "un vino amable, bien elaborado a pesar de tener una tecnología mucho menos avanzada que la de hoy. Por aquel entonces el bodeguero utilizaba el ingenio y los recursos que tenía al alcance para evitar problemas y defectos". Recuerda también que ese era el vino que llevaban los agricultores al campo cuando el calor apretaba en pleno verano.

Lo cierto es que en su larga historia la Airén ha tenido momentos esplendorosos en los que gran parte del vino español procedía de esta variedad y por lo tanto era el referente dentro y fuera de nuestras fronteras. Por contra, ambos presidentes compartían que esta variedad recibió importantes golpes a los que ha tenido que sobreponerse. Para Jesús, el momento más delicado es el que se vivió en la década de los sesenta cuando el territorio manchego "dirigía su estrategia de producción a los grandes volúmenes, sin modernizar las instalaciones y sin tener una visión más ambiciosa en cuanto a la comercialización exterior". Martín-Zarco, sin embargo, ubica este declive tras las guerras, a mediados del siglo pasado. "La inestabilidad económica de aquellas décadas influyó de forma decisiva y negativa en el posicionamiento del vino castellano-manchego. A la Airén se la ha tratado de forma injusta y sin interés por desarrollar todas sus virtudes. Por suerte hoy hemos recuperado parte del tiempo perdido y estamos en disposición de mostrar al consumidor una uva que da vinos agradables, con personalidad y perfectamente elaborados".

A la hora de tratar las principales acciones de promoción de la uva para darla a conocer e incluso ponerla de moda, Jesús nos recuerda la necesidad de "despojar al vino de tanta literatura, que en muchos casos aleja al consumidor. Un Airén convence por sí solo a los jóvenes que se acercan por primera vez al vino. Ahora bien, hay que comunicar con acierto las virtudes de esta uva porque, como decía Machado, 'el español desprecia cuanto ignora' y si no se reconoce su valía y se enseña al público acabará cayendo en el olvido". Gregorio apunta que había "un Airén para chatear en época veraniega y otro más complejo y especial para disfrutar más adelante e incluso con una crianza bien trabajada. Estas diferentes caras de la uva son las que hay que transmitir en los medios sin ningún complejo y convencidos de que es así".

En esa línea de revalorizar esta variedad se celebra anualmente el Concurso Airén por el Mundo. Ambos presidentes coinciden en que fue una iniciativa creada para autoconvencerse del potencial de la uva, pero que hoy ha llegado el momento de darle una difusión internacional para traspasar fronteras y llegar a mercados que reconozcan y valoren las virtudes de la uva manchega.

Gregorio y Jesús, dos enamorados de su tierra y de la uva que ha dado sustento a tantas familias durante décadas, tienen la firme convicción y el noble deseo de que más pronto que tarde la Airén será reconocida por su amabilidad y dejará atrás los tiempos en los que no se le prestó la merecida atención.

 

 


Símbolo 2017

Bodegas Símbolo
D.O.P. La Mancha
www.bodegassimbolo.com
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 2,43 €

Existe una buena conjunción de aromas herbáceos y frutales del vino. Hay notas cítricas, de pera y también hierbas aromáticas (salvia). Entrada golosa, amable, con buen cuerpo y muy adecuado para tomar en el aperitivo. Las sensaciones de finas hierbas permanecen en el recuerdo.

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Viña Cuerva 2017

Bodegas Naranjo
D.O.P. La Mancha
www.bodegasnaranjo.com
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 2,95 €

Su mejor virtud es la limpieza de sus comedidos aromas de uva fresca, bolas de anís y flores blancas. En el paladar resulta ser un vino ligero, fresco, agradable, de trago fácil y ajustado en sus matices cítricos. En el posgusto queda un buen amargor que prepara el paladar para seguir disfrutándolo.

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Los Galanes 2017

Bodega Santa Catalina
D.O.P. La Mancha
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 2,25 €

Tras la elaboración hay una selección de viñas de más de 50 años. Destaca la intensidad de sus aromas vegetales con predominio de hierbas aromáticas y flores silvestres. Al fondo aparece la fruta (plátano, melón maduro). Sedoso en boca, con viveza en el recorrido y un final amplio con recuerdos licorosos.

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Canforrales Lucía 2017

Bodegas Campos Reales
D.O.P. La Mancha
www.bodegascamposreales.com
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 2,20 €

Con buena potencia se ofrecen aromas anisados, de plátano, pera e incluso algún recuerdo de fruta exótica. En el paladar aparecen sensaciones golosas, con una buena estructura y un final generoso en el que además de lo percibido quedan detalles de vegetales y un ligero amargor.

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Pedroheras 2017

Bodegas Pedroheras
D.O.P. La Mancha
www.bodegaspedroheras.es
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 2,44 €

En nariz nos encontramos con unas notas bien conjuntadas de cítricos y fruta blanca (manzana, plátano). Al fondo aparece el toque vegetal que aporta viveza. Vino de trago fácil, con ligera estructura en el recorrido y un posgusto amplio de sensaciones muy adecuado para acompañar el aperitivo.

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Tomillar Brut Nature

Bodegas Virgen de las Viñas
D.O.P. La Mancha
www.vinostomillar.com
Airén

Consumo: 8 ºC | Precio: 6,90 €

Espumoso elaborado con Airén fresco, ligero, agradable, con sus moderados aromas de heno, manzana e hinojo. Burbuja bien integrada, paladar con una marcada sensación cítrica adornada con pinceladas de repostería y panadería. Todo ello se presenta con una buena estructura.

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Corcovo 24 Barricas 2016

Bodegas J. A. Megia e Hijos
D.O.P. Valdepeñas
www.corcovo.com
Airén

Consumo: 12 ºC | Precio: 6,5 €

Elaboración limitada en barricas de roble francés donde aunque hay una presencia destacada de los aromas ahumados y avainillados de la madera, la fruta madura se los detalles golosos se integran en el conjunto. Corpulento en boca, sabroso y sorprendente por la salinidad que nos deja en le posgusto.

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Raíces 2017

Bodegas Fernando Castro
D.O.P. Valdepeñas
www.bodegasfernandocastro.com
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 3 €

Es un vino de un perfil algo más herbáceo (hierba fresca, flores de manzanilla) de lo que estamos acostumbrados en la zona. En el paladar sorprende al mostrarnos una buena estructura, con un toque goloso que predomina en el recorrido y que nos deja una agradable sensación al final.

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Tejeruelas 2017

Bodegas Marín Perona
D.O.P. Valdepeñas
www.tejeruelas.es
Airén

Consumo: 10 ºC

Se aprecian aromas de hinojo, manzana y plátano con buena intensidad. Limpio y honesto con lo que la variedad expresa. En boca se ha conservado buena acidez para que mantenga la vivieza en el recorrido. En el posgusto y tras un paso de buenas sensaciones nos deja un leve recuerdo herbáceo.

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Concejal 2017

Vinícola de Valdepeñas Sociedad Cooperativa
D.O.P. Valdepeñas
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 2,5 €

Quizás sea el más robusto de todos los vinos de Airén que hemos catado. En nariz se aprecian notas con intensidad notable de bolas de anís, hierba y cítricos. En boca la estructura que enseña y la acidez que desarrolla algo marcada hace que la sensación que deja sea de cierta rusticidad.

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Ruda Fermentado en Barrica 2014

Viña Ruda
V.T. Castilla
www.vinaruda.com
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 5 €

Sorprende que los años hayan mantenido correctamente los aromas de fruta madura. Estos quedan arropados por la barrica en forma de matices ahumados, dulzones y torrefactos. En boca goza de volumen, acidez ajustada y unos recuerdos casi abocados que dejan una sensación cálida y licorosa.

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Ercavio 2017

Bodegas Más que Vinos
V.T. Castilla
www.bodegasmasquevinos.com
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 6,5 €

Aromas anisados, de fruta blanca (manzana), cítricos y flores silvestres se muestran perfectamente conjuntados. Paladar agradable porque su sensación golosa queda perfectamente integrada. Paso fresco donde los recuerdos florales y herbáceos permanecen. Posgusto con un sutil toque amargo.

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Terra Verum 2016

Bodegas Verum
V.T. Castilla
www.bodegasverum.com
Airén

Consumo: 10 ºC | Precio: 7,50 €

Procede de un único viñedo de pie franco plantado en 1950. Delicado en sus matices de hierba fresca, flores de infusión (manzanilla) y fruta blanca (manzana). Paladar bien armonizado, con una justa acidez que se integra en un paso voluminoso, de expresión discreta y un rico amargor final.

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Modificado por última vez en
Ana Lorente

Subdirectora MiVino

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