17/06/2010

Barbadillo, vuelta a la serenidad

Con la adquisición de las bodegas Pirineos, en la D.O. Somontano, por parte de la empresa jerezana Barbadillo, comienza una nueva era. El equipo de bodega es el mismo, aunque quizá se ha dado más protagonismo a Jesús Astrain, el enólogo, para encauzar el nuevo horizonte de los vinos que atesora la bodega. El proyecto, que es muy ambicioso, lo han diversificado en varios puntos estratégicos: el suelo y la correcta adaptación de cada variedad, la fecha de madurez y el verdadero gusto del mercado.

En cuanto a la calidad del suelo o terroir, creo que seríamos demasiado pretenciosos al intentar hablar ahora de ese carácter tan especial en una zona tan joven, pues la D.O. Somontano cumple 25 años. En cuanto a la correcta adaptación de cada variedad, es una asignatura pendiente, prácticamente en toda España. Se han plantado uvas sin realizar un estudio de suelos, de orientación, de clima, etc. Así, el resultado son vinos que poco o nada reflejan el carácter de la variedad. “Esta reconversión -aseguró Jesús Astrain- llevará tiempo, estamos adaptando el 10% de la producción cada año. La reconversión total será en un plazo de diez años”. La fecha de madurez es un tema polémico, no sólo en España, sino en todo el mundo.

Astrain explica los cuatro estados de madurez por los que pasa la uva: vegetal, fruta fresca, fruta madura y fruta sobremadura. Ellos están trabajando sobre la fruta fresca, no quieren llegar a la polimerización total, muchas veces obsesiva por parte de los enólogos. “La precaución que hay que tener -subraya Astrain- es quitar pepitas al vino antes de elaborarse pues éstas son las encargadas de transmitir a los vinos su dureza táctil y recuerdos vegetales. Además, no se pierde acidez, un bien escaso. La fruta fresca -continúa Astrain- tiene muchos tioles (mezcla de fruta frescas y ecos de boj, hoja de tomate) y eso hace su aroma más agradable”. Son datos que han obtenido del ranking de vinos que más gustan a los consumidores de todo el mundo.

Astrain deja claro que no quieren elaborar vinos globalizados, pero no escuchar el gusto del público es luchar a contracorriente. Y la última parte de este magnífico estudio incide en el tan buscado gusto del consumidor. La conclusión diferencia tres estilos de vino: vinos livianos y poco aromáticos, vinos livianos y aromáticos y vinos concentrados y aromáticos. La segunda parte del estudio añade que los aromas que más gustan al público son: afrutado, madera y especiado; y en el perfil gustativo: volumen, intensidad tánica y alcohol. ¿Y qué es lo que no quiere el consumidor? En aroma, azufrado, químico y herbáceo; y en el paladar, astringencia, sequedad, acidez y amargor.

Así, con todas estas reflexiones sobre la mesa, el resultado no se ha hecho esperar, los vinos que catamos mostraban claros cambios orientados hacia una mejor y más fresca expresión frutal, con bocas más ligeras y frescas, sin las habituales asperezas.

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Mesache Blanco 2009

Es el cambio más notable. Su temperatura controlada, siempre baja, y las técnicas de microoxigenación hacen que el vino sea seductormente aromático, con recuerdos de clavel, naranjo y un sutil toque de boj. El equilibrio y fortaleza justa en boca hacen que su sensación en el paladar sea realmente placentera.

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Pirineos Rosado 2009

Marcado perfectamente por su fruta, esta añada con un punto anisado más marcado fruto del tórrido año. Sin embargo, comparto con Astrain la emergente frescura que sobresale del vino, bien acompañado de fruta y estructura.

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Merlot Tiólico 2009

Era una muestra para apreciar esas notas de tomate, de aromas verdes y maduros en armonía con un paso de boca sencillo, fresco y suave al tacto. Es el resultado de qué podemos encontrar en un vino con ese punto de maduración de fruta fresca.

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Marboré 2006

Comienza a ser algo que ya se intuía, con algunos cambios en la filosofía que para futuras añadas serán más evidentes. Fruta, con un roble presente y especiado que tiene como resultado una boca ligera, fresca y depurada al tacto. En su mejor momento -por lo menos para mí-, aunque alguno de los asistentes se aventuró a decir que todavía podía guardarse más tiempo, y no se lo discuto.

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Mi conclusión sobre esta magnífica exposición es que algunas bodegas vuelven a los vinos frescos, al punto de maduración óptimo para rescatar la fruta con su mejor expresión. La moda de los vinos mermeladosos que se ha impuesto en todo el mundo no convence. Toda la tecnología que se aplica al viñedo, los satélites y estaciones meteorológicas, tendrán que ajustarse para encontrar el modelo de uva que siempre prevaleció hace varias décadas, con esa justa irregularidad de maduración, uvas ligeramente verdes, otras frescas y equilibradas, otras sobremaduras. Jugarse la vendimia al mayor porcentaje de uvas maduras trae como consecuencia más inmediata vinos alcohólicos y exentos de acidez natural. Al final, esa mezcla imperfecta que atesoraban los viñedos, bien seleccionada, tenía como resultado vinos más frescos en todos los sentidos. Aunque muchos piensen que hemos avanzado estrepitosamente en el complejo mundo vinícola, sólo hemos dado un pequeño paso. Importante, pero pequeño.

Javier Pulido

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