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El primer vagido del vino (II)

  • Redacción
  • 2005-01-01 00:00:00

Analizábamos en nuestro anterior artículo la importancia de la “Ciudad Olvidada”, Ebla, como uno de los primeros centros de civilización de nuestra historia, y veíamos cómo el vino constituía uno de los fulcros esenciales de esta civilización. El activo comercio que empieza a existir entre el Delta del Eufrates y el litoral del Golfo Arábigo supone toda una serie de intercambios que homonogeízan las sociedades en contacto. Este hecho hace posible la aparición de los “especialistas”, lo cual conduce a un mejor aprovechamiento de los recursos materiales y un aumento y perfeccionamiento de las técnicas en general, entre las cuales, por supuesto, se encuentra la vinicultura. El vino que se producía en Ebla no sólo era estimado en el propio país sino también en el resto de las ciudades limítrofes. Citaremos, a continuación, una serie de ejemplos para ver la importancia que tenía el vino. En el ejemplo que habíamos puesto de Nagar, vemos cómo se entregan 42 ánforas a la ciudad, que nos da un significativo mosaico de la estructura social. Por ejemplo, se entrega un ánfora a los funcionarios eb-eb del palacio, y otra de ellas es para la hija Dubuhu-Ada que vive en esa ciudad. No falta tampoco un ánfora para el consumo de la sacerdotisa real y otra para la sacerdotisa Saludu. Se apunta también cómo el Anciano-Abu ha entregado 2 ánforas de vino a la ciudad de Muru; así como 2 ánforas de vino para Ibbi-Sipis con ocasión de su viaje a Darauum y 2 ánforas de vino para la misma en un viaje a Addatigu Por otra parte, también se entrega un ánfora para los empleados de una carpintería de Kanlulu, lo que nos da pie para pensar, o más bien para deducir, que estos empleados acompañaban sus comidas con vino o que en su trabajo refrescaban sus gaznates. Estas entregas de ánforas, pues, nos reflejan con claridad las circunstancias económicas y sociales en las que se entregaban. Y no sólo en estas ocasiones se nos muestran las entregas, en concreto hay unas entregas que nos hablan de una clase social ubicada en la aristocracia y también en el estrato religioso: En los siete días de la semana de en medio: 2 corderos, 7 hogazas pequeñas, 7 mesas puras, 7 vasijas-G para vino, 7 copas para cerveza, como asignación para los dioses Kura y Barama; … (semana) final: 2 corderos, 7 hogazas pequeñas, 7 mesas puras, 7 vasijas-G. para vino, 7 copas de cerveza, como asignación para los dioses Kura y Barama Aunque no sería del todo lícito extrapolar estas situaciones a la vida diaria, sí nos dan una idea del papel que tienen ciertos alimentos y bebidas tanto en la vida cotidiana como en ocasiones ceremoniales. Por esto, la frase de Tucídides de que los pueblos del Mediterráneo no salen de la barbarie hasta que empiezan a cultivar las vides y los olivos, es una frase henchida, hasta el tuétano, de sentido histórico. Al constituir, pues, Ebla una página central de nuestra historia por su modélica estructura estatal, por la dinámica interna de sus transacciones económicas, por la configuración de su Estado en general, y al comprobar el papel desempeñado por el vino en esta sociedad, no nos cabe la menor duda de que vino y civilización moderna, ya en su maridaje primero, son dos conceptos, dos procesos parejos que, en su historia paralela, nos conducen hasta nuestros días.

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