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Un remanso de paz único

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  • Antonio Candelas
  • 2020-10-05 00:00:00

En el riojano pueblo de Sajazarra, uno de los más bonitos de España, encontramos una bodega repleta de valores que conectan con la naturaleza, el patrimonio histórico y el esfuerzo por revitalizar una tierra donde es un placer aparcar las prisas.


El que llega a la medieval Sajazarra queda atrapado por el poder hipnótico del susurro del viento que acuna las ramas de los árboles mientras acompañan al pequeño río Ea. Un murmullo que relaja y al que, cuando nos acercamos al castillo del siglo XV que sobresale formidable sobre el pueblecito de apenas 100 habitantes, se le incorpora un rítmico tintineo procedente de la bodega Señorío de Líbano, ubicada a espaldas de la fortaleza, en medio de unos bellísimos jardines. Ese alegre sonido acompasado procede de las botellas que transitan nerviosas y ordenadas para salir al mundanal ruido y enamorar con sus aromas y sabores de renovada tradición riojana. Tras este proyecto se encuentra la tercera generación de la familia Líbano, que conoce a la perfección todo el potencial que atesora esta desconocida zona. Convencerse de las virtudes de este lugar les ha hecho trabajar duro para construir una experiencia en torno a los valores del vino asociados a un escenario donde la naturaleza guarda con celo un patrimonio histórico único. Sobre estos pilares emerge el alma de una vivencia exclusiva de la que el visitante gozará de lo lindo con el sosiego como bandera.

Los sentidos, a flor de piel
La oferta enoturística planteada está pensada para conquistar la sensibilidad del viajero. Subir a un globo para ponernos a la altura de los Montes Obarenes que resguardan las 48 hectáreas de viñas que la familia tiene en propiedad, localizar la torre del castillo y reconocer el emblema de la saga bodeguera es toda una experiencia en otoño cuando las hojas deciden cambiar el verde por los amarillos, ocres y marrones. Cuando volvemos a tierra firme, apetece descubrir algunos de los secretos de una bodega tan integrada en el conjunto que parece que llevara allí toda la vida. El hormigón de unos depósitos como los de antes –tan valorados ahora–, el acero impecable de otros con forma troncocónica, la madera de roble de los tinos y barricas, y las rejas de forja que imponen el silencio y la quietud necesaria para que el vino se afine en botella son los cuatro materiales principales que se utilizan en la elaboración del vino. Toda esta inmersión en el corazón de la bodega nos anima a continuar con la visita a sabiendas de que debe concluir con el disfrute de sus vinos y, por qué no, con una comida riojana a la altura de la ocasión. Pero antes es imprescindible sentir la rugosidad de las acicaladas calles empedradas del pueblo de Sajazarra para saborear su tranquilidad y su bonita arquitectura medieval terminando, ahora sí, con una cata de los vinos en uno de los calados excavados en la antigua muralla que protegió a la población hace siglos. Como veréis, un final de visita delicioso.

Tras la experiencia, el vino
Detengámonos en el verdadero eje vertebrador de este proyecto: el vino. En su gama conviven cuatro elaboraciones muy bien pensadas. El Crianza de 2017 saldrá al mercado a final de año con renovada imagen y nuevo nombre, Líbano. Toda una declaración de intenciones que se traslada al vino, donde la fruta se alza con el protagonismo y la frescura hace de él un trago amable y muy adecuado para las barras o para la copa cotidiana. En el terreno de los Reservas nos encontramos con el Castillo de Sajazarra 2015, un vino con carácter, serio, con peso, pero sin caer en ningún momento en apuntes demasiado tradicionales: un Reserva actual, limpio y muy completo. Para terminar, los dos vinos prémium de la casa, elaborados únicamente en años especiales. Digma es su nombre y son dos monovarietales de Tempranillo y Graciano. Si el primero de añada 2014 tiene un gran extracto a la vez que profundidad y longitud, el Graciano en su añada 2015 está llamado a luchar por ser el mejor vino de esta variedad. Expresivo, perfumado, perfectamente madurado, con un perfil mineral sorprendente y con un gran recorrido en botella. Y así, enseñando los argumentos líquidos de este lugar, acabamos el plácido viaje por este bello rincón de la Rioja Alta que no dudaremos en repetir.

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