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Lotería climatológica con final feliz: Un año loco, loco

  • Redacción
  • 1998-02-01 00:00:00

1997 - Una comedia de los errores...
La naturaleza escribe historias aún más espectaculares que los guionistas de Hollywood. Un buen ejemplo de ello es el año vinícola 1997. Lo que los vinicultores europeos han vivido en los últimos 12 meses ha sido un puro baño alterno de sentimientos. Ni el propio Shakespeare hubiese planteado la dramaturgia de manera más emocionante. Primer acto: esperanza (primavera cálida). Segundo acto: gran decepción (después de un verano que en muchos lugares fue frío y lluvioso). Tercer acto: final feliz (super-otoño). Ahora bien, lo que reposa en las barricas ¿es realmente la tan citada cosecha del siglo? Nos gustaría creerlo, pero no estamos seguros del todo. Todos están entusiasmados con los magníficos niveles de azúcar, ácido y pH, pero ¿qué hay de los aromas? Al fin y al cabo, la base de lo que haya concentrado el cálido y seco otoño se gestó en los meses de verano. Y el tiempo no ha sido óptimo en muchos lugares. Por ello, “Vinum” es cauteloso (aún) a la hora de otorgar las notas más altas del año 97. Reservémonos la calificación de “mejor año del siglo” para algún año futuro en el que realmente todo haya sido perfecto. Y alegrémonos por un año 97, que finalmente promete llegar a ser “muy bueno”, en contra de las expectativas de muchos.

Se podrán beber muy pronto
La cosecha del siglo ha sido en Francia el año de las sorpresas. Tanto si El Niño es el responsable de las cabriolas del tiempo, como si lo es el agujero de ozono, siempre creciente: el clima no había hecho tantas locuras desde la noche de los tiempos. Tras un invierno seco vino una primavera suave. En cambio, en verano llovió casi sin parar, especialmente en el Sur y el Suroeste. El año se salvó gracias a un veranillo de San Martín que parecía no querer acabar. La cosecha de 1997 se caracteriza por su alto contenido de azúcar. Incluso en las regiones más nórdicas se chaptalizó sólo con mucha reserva. El alto volumen de azúcar a menudo impedía la fermentación.
Burdeos vivió entre el temor y la esperanza su vendimia más temprana desde 1893. Por lo general, estos vinos poseen alcohol, tanino y color con un ácido más bien bajo y, por lo tanto, deberían alcanzar muy buena nota “en primeur”, aunque madurarán con relativa rapidez. La Borgoña espera grandes blancos. Por el contrario, los tintos se quedan un poco a la zaga. El alto contenido de azúcar, el tanino maduro y el ácido más bien bajo deberían resultar en vinos tintos de potencial mediano. Extraordinarias fueron las condiciones reinantes en Alsacia. Los vinicultores Vincent y Martine Stoeffler hablan de un año excepcional con una riqueza de azúcar fuera de lo común. Será difícil encontrar vinos secos, por debajo de diez gramos de azúcar residual. En cambio, sí habrá hermosos vendanges tardives (vendimia tardía), pero muy pocos auténticos “sélection de grain nobles”, pues la podredumbre noble sencillamente ha sido demasiado hermosa este otoño. También están satisfechos los viticultores del Loira. Este mes de septiembre, el más seco desde hace treinta años, ha producido uvas tan concentradas y ricas en azúcar que ha sido necesario elevar el contenido máximo de alcohol en un 0,5%. En Languedoc-Roussillon se habla de un “año increíble”. Debido a la vacilante maduración de la uva, la vendimia se prolongó hasta dos meses y medio. El año 1997 se describe en esta región como caprichoso y difícil de domar. Por consiguiente, los mejores vinos de este año no brillarán por su patente concentración, sino por su finura y equilibrio. En Champagne convence el Chardonnay; en Madiran, el Tannat. En resumen: un gran año, que podrá disfrutarse muy pronto.


Alain Vauthier (izq.) y Charles Chevalier: “Desclasificar más de lo habitual”
“Ha sido un año que en Burdeos ha exigido una atención constante”, así etiquetaba la última cosecha Alain Vauthier, desde hace poco propietario único del legendario Premier Ausone en Saint-Emilion. “Nada ha sido como de costumbre. La floración se extendió a lo largo de cinco semanas, el envero (virado al azul de las uvas) fue irregular, y fijar la fecha del inicio de la vendimia era muy delicado. Recogimos la uva en varias pasadas, casi como en Sauternes, y cortamos uvas todavía verdes. Había que sacertar con el momento adecuado, para no vendimiar ni pronto ni tarde. Seguramente desclasificaremos más vino que de costumbre, para mantener alta la calidad del “Premier vin”. Charles Chevalier, director de Lafite en Pauillac, se adhiere a la opinión de sus colegas de Premier cru; también él califica el 97 de “año loco” que, en lo que respecta al trabajo en la viña, ha salido alrededor de un 40% más caro. “Hemos tenido que podar las vides constantemente y deshojar para que se airearan las uvas. Normalmente, entre la floración y el envero se cuentan 110 días. Esta vez han sido 130.”
Chevalier, que también asesora al Château Rieussec, está entusiasmado con su Sauternes. “Hemos tenido algunos problemas con la podredumbre, y el rendimiento ha sido bajo. Pero las condiciones reinantes han sido verdaderamente ideales.”

Aún mejor que el 95

En resumidas cuentas, este año ha arrojado un balance positivo, similar al de 1990, para todas las regiones italianas. El calor veraniego raras veces fue excesivo, y las condiciones óptimas del otoño permitieron vendimiar antes de lo habitual una uva sana y estupendamente madurada. El único problema digno de mención lo han supuesto las heladas de la primavera que provocaron, sobre todo en las tierras más bajas, notables pérdidas en el rendimiento. En algunas regiones (particularmente en el Piamonte) la larga ausencia de lluvia provocó una sequía que afectó a la capacidad de resistencia de las vides y tuvo como consecuencia cosechas más escasas.
Aparte de estas llevaderas contrariedades, el balance general es tan positivo que muchos vinicultores hablan de la vendimia más satisfactoria desde hace 50 años. Otros productores, pero sobre todo los enólogos, son más bien reservados y hablan de un año bueno, pero sin llegar a ser (¿todavía?) excepcional. Por ejemplo, para la famosa viticultora de Trentino Elisabetta Foradori, los vinos del 97 destacan sin duda por su alto contenido de alcohol y por una notable suavidad. Sin embargo, también opina que esta cosecha aún no puede clasificarse definitivamente. Probablemente, 1997 pase a la Historia como el año de los vinos extremos. Sobre todo, será difícil estimar cómo los vinos desarrollarán su estructura y elegancia. Tanto los valores de acidez como los de alcohol son inusitadamente altos en muchas regiones. De todas formas, lo que ya puede asegurarse es que la calidad media resultará mejor que, por ejemplo, la de 1995, ya que el año anterior no hubo que seleccionar tan masivamente en los viñedos. Con lo cual también pueden esperarse buenos vinos en el nivel de precios intermedio y en las Denominaciones de Origen poco famosas aún.
Se han desarrollado especialmente bien la Sangiovese (en Chianti y en Montalcino), Nebbiolo y Barbera (esta última sobre todo en Monferrato). Se esperan resultados muy prometedores también de la Cabernet y de la temprana Merlot, contrariamente a la Moscato di Asti, que ha visto mejores años. La Dolcetto, en algunos lugares, ha presentado un grado insuficiente de maduración.
Alessandro Masnaghetti


Angelo Gaja: “Este es un año que pasará a la Historia”
Es solo el clima el que distingue las añadas mediocres de las extraordinarias. En 1997, las condiciones climáticas fueron indudablemente ideales:
Desde enero hasta abril, pocas lluvias y temperaturas suaves. Los brotes aparecieron casi un mes antes de lo habitual. Las vides superaron las heladas nocturnas de abril con pequeñas pérdidas. Gracias a las frecuentes precipitaciones en mayo y junio, se recuperó el contingente de agua de las cepas. En agosto y en el primer tercio de septiembre hubo buenas constantes en los valores de incidencia de los rayos del sol y temperaturas relativamente altas. Cielos claros, noches frías y temperaturas moderadas hasta finales de septiembre. La vendimia comenzó un poco más tarde de lo normal, pero en la zona de Alba concluyó alrededor de 20 días antes de lo habitual. En el Piamonte, el rendimiento es ligeramente superior al del año anterior. Pero considerando Italia en su totalidad, 1997 es uno de los años más modestos de los últimos 50 en lo que respecta a la cantidad.
La cosecha de 1997 tiene muchas posibilidades de pasar a la Historia. Obviamente se trata de un año espectacular, no solamente para Italia, sino también para Francia, Alemania, España, Austria, California y Australia. En casi todas las grandes regiones vinícolas, el tiempo ha jugado a su favor, de manera que se puede trabajar con unas excelentes calidades de uva. Parece que se impone la comparación con las famosas cosechas de 1961, 1947, 1931 y 1922, tanto más cuando se tiene en cuenta que las técnicas de bodega y la habilidad adquirida han alcanzado actualmente un nivel gracias al cual la buena calidad ya no es privilegio de los nombres más famosos. En resumen, este año aún dará mucho que hablar.

ESPAÑA

Finalmente se salvó
La vendimia del 97 ha sido difícil en España. El adelanto generalizado del ciclo vegetativo, debido a los calores inusuales del invierno, y las continuas lluvias del verano, hacían presagiar una cosecha catastrófica. A finales de Agosto había focos de botritis en la mayoría de los viñedos, lo que hizo cundir la alarma. Sin embargo, los calores providenciales de Septiembre y Octubre, con ausencia de lluvias, secaron la botritis. Ello salvó la cosecha, con un balance global bueno aunque muy irregular, y de no mucha cantidad, sobre todo si se la compara con la magnífica vendimia del 96. En cualquier caso, la maduración fue rápida, y el grado alcohólico fue en algunos viñedos mucho más alto de lo habitual, con vinos de hasta 15°.
En la DO Rioja la vendimia se desarrolló desde finales de Agosto hasta mediados del mes de Octubre, en un proceso lento, con importantes precipitaciones y tiempo fresco en el inicio que originaron ataques de botritis, mildiu y oídio, ralentizando el proceso. Afortunadamente, el tiempo mejoró notablemente en Septiembre, con tiempo excepcionalmente seco y soleado, que acabó radicalmente con los focos de podredumbre. La Tempranillo se recuperó bastante bien, con buen color y grado glucométrico, mientras que la Garnacha y las variedades blancas alcanzaron una calidad inferior a lo habitual. Se espera una buena calidad para los tintos del 97 en Rioja, si bien las diferencias entre zonas y subzonas son muy acusadas. En pocas palabras, una cosecha heterogénea.
En la DO Ribera de Duero, el Consejo Regulador ha rebajado el índice de producción a 4.000 kg./ha., en lugar de las 7.000 que permite el reglamento. Esta medida se tomó por el desarrollo de la cosecha, muy mermada por las heladas de primavera, y los daños del pedrisco. Esto, unido a las plagas controladas de oídio y, en menor medida, de botritis, hizo que la cosecha se situara por debajo de las primeras estimaciones: en torno a los 18 millones de kilos. El contenido alcohólico se situó en torno a los 13°, en equilibrio con la acidez, que ha rondado los 6 gr./l. expresados en ácido tartárico. La uva Tinta del País entró en las bodegas sana y equilibrada por lo que es de esperar que los vinos tengan buena calidad y permitan una crianza en roble óptima.
En la DO Rueda la cosecha fue ligeramente superior a los 16 millones de kilogramos de uva, con un descenso del 38,4% con respecto al año anterior, si bien hay que tener en cuenta que la anterior campaña fue un año excepcional. Es decir, si tenemos en cuenta que en 1995 la cosecha fue de 15 millones de kilos de uva, hay que concluir que la cosecha del 97 ha sido normal en cuanto a la cantidad. El estado sanitario de la uva a la entrada en bodega fue bueno, a pesar de las dificultades climáticas, con lluvias y pedrisco en los meses de mayo a Junio. El resultado ha sido una cosecha de bastante buena calidad, aunque irregular.
Carlos Delgado


Jesús Martínez Bujanda: «Casi hemos tenido que dormir en la bodega»
Propietario de Bodegas Martinez Bujanda, con unas 500 ha. de viñedos.
“Nosotros, como tantos viticultores de la zona, estuvimos en vilo, sufriendo todo el mes de Agosto, con las viñas muy adelantadas y temperaturas frías. Tiempo desapacible que ya había provocado algunos focos alarmantes de podredumbre. Sin embargo, Septiembre y Octubre han salvado la cosecha con su calor y buen tiempo, aunque la calidad está lejos de la obtenida en los años extraordinarios de 1994, 1995 y 1996. Por eso, la elaboración del 97 no ha sido fácil -casi hemos tenido que dormir en la bodega-, pero los resultados han merecido todos los desvelos. Al final, hemos obtenido unos vinos muy sanos, lo que parecía imposible hace tan solo unos meses. Nuestros tintos tienen una buena acidez total y buena capa de color, aunque resultan menos tánicos y con algo menos de estructura, en comparación con las tres últimas cosechas. En resumen, nuestra cosecha del 97 tiene buena calidad, impensable el 1 de Septiembre, pero sin alcanzar las cotas del 96”.



ALEMANIA
Valía la pena esperar

A Werner Knipser, estrella del tinto del Palatinado, las palabras le salen a borbotones: “Un año increíble. Uvas completamente sanas, mucho peso de mosto, lo que dará vinos excelentes”. Armin Diel, vinicultor en Burg Layen y presidente de la Asociación de viticultores de Nahe, presenta todo el ancho de banda del 97: “Con esta excelente calidad, continúa una serie de seis años magníficos. Pero también registramos los peores daños desde el año de las heladas 1956”. Como ejemplo, Diel nombra el dominio estatal de Niederhausen, que sólo pudo cosechar una media de 11 hectólitros por hectárea. La alegría y el dolor también fueron vecinos en el caso de los productores de Ahr. Werner Näkel, de Dernau, que ya hace años sufre una escasez crónica, volvió a conseguir solamente una media de 35 hectólitros. Pero en la pequeña región productora de vino tinto se celebra la “calidad fenomenal”.
Especialmente bien parada ha salido la región de Rheingau, actualmente en alza. “Buena cantidad y de un nivel superior”, se entusiasma Hans Hermann Eser, del Johannishof en Johannisberg. August Kesseler, viticultor en Assmannshausen y gerente de la bodega del castillo Schloss Reinhartshausen en Erbach, emplea el adjetivo “grandioso” y celebra la calidad de la ‘Trockenbeerenauslese’. Tales calidades son poco corrientes en la región de Rheingau y en otras zonas, debido a la escasa aparición de botritis en ellas. Pero en todas partes hay abundantes ‘Prädikatsweine’ (vinos de alta calificación) en el ámbito de la cosecha tardía y seleccionada, consecuencia positiva del otoño seco y soleado que se extendió a lo largo de diez semanas. En el período anterior, la naturaleza se mostró en toda Alemania decididamente caprichosa. Aunque el frío invierno se superó bien, las heladas de finales de Abril causaron localmente grandes daños. Durante la floración, el tiempo fue a menudo lluvioso y, además, el granizo afectó a algunos campos.
Como muchos de los mejores viñedos muy inclinados sufrieron demasiado los efectos de la sequía, en 1997 crecieron los mejores vinos en los suelos más planos y más profundos. Su cosecha disfrutaba, según Heinz von Opel, de “una salud fascinante”. Dirk Richter, de la bodega Max Ferd. Richter de Mülheim (Mosela) se expresa en términos similares: “Rara vez se había visto madurar una cosecha tan sana y de uvas tan grandes. Ha merecido la pena esperar”. Pero no demasiado tiempo: después del 20 de Octubre, las tempranas heladas provocaron la muerte rápida del follaje, hasta entonces con capacidad de asimilación; se acabó la formación de azúcar en las uvas.
Un apunte al margen: las matrículas de coche más frecuentes en la vendimia volvieron a ser las polacas “PL”. Sin la ayuda de los braceros polacos (que cada vez tienen más dificultades en conseguir un permiso de trabajo), la vinicultura alemana estaría perdida...
Rudolf Knoll

Joachim Heger: “Ha sido el mejor año que había visto jamás”

Los vinicultores intentamos sacar lo mejor de cada cosecha. Pero la del 97 ha sido realmente la mejor que he recogido desde 1982, cuando era un jovenzuelo de 24 años y empecé a ser responsable de una bodega. Y eso que al principio parecía como si este año se esforzara por estropear todo lo estropeable. Tras el brote temprano, las heladas de mayo nos perjudicaron. Además, ha granizado dos veces. Entonces supimos que no habría gran cantidad. En cambio, la vegetación siempre evolucionaba bien. Hubo un empuje en Agosto y Septiembre y, después, un precioso y seco Octubre. La uvas entraban calientes, teníamos que trabajarlas rápidamente y enfriar el mosto. Vendimiamos desde finales de Septiembre. Para terminar, a princi-pios de Noviembre, incluso hubo dos ‘Trockenbeerenauslesen’ de Moscatel y de la variedad Scheu, que fueron las estrellas. Pero todo lo demás también es correcto. Los “Spätburgunder” son increíbles. Prácticamente no hemos tenido que chaptalizar nada. Sólo la acidez en los vinos blancos es algo bajo en algunos casos”.

Vendimia 97

NUEVO MUNDO - La gran ruleta del tiempo
Lluvia, sequía, euforia, decepción... todo esto le trajo el año 1997 al Nuevo Mundo del Vino. Al fin y al cabo, estamos hablando de tres continentes; incluso cuatro, si consideramos el desarrollo de China, India y Japón. Sólo en Australia, la distancia entre Hunter Valley (al norte de Sydney) y el sur de la isla de Tasmania es mayor que la que separa Estocolmo de Roma. Esto significa, en este caso concreto, que las abundantes lluvias en Hunter Valley durante el inicio de la vendimia han menoscabado la calidad, mientras que en zonas vinícolas más meridionales, como Tasmania, se habla de un año excelente. En general, el rendimiento en Australia ha estado por debajo del año pasado, y la calidad, aunque ciertamente atractiva, no alcanzará la altura del muy buen año 96. En muchos lugares, las variedades tintas sufrieron los efectos del calor y la sequía. Por el contrario, los viticultores de Nueva Zelanda están más que satisfechos: el Vintage 97 probablemente será garantía de excelencia del vino, sobre todo en Marlborough.
En California, tras la plaga de la filoxera, cada vez se incorporan más viñedos a la vendimia. Este hecho, además del proceso extraordinariamente suave de la vegetación, ha hecho posible una cosecha récord, después de tres años de escasez en el rendimiento. Por ejemplo, en Trefethen, en Napa Valley, reposa en bodega un 20 por ciento más de vino que el año pasado. “Pero la calidad”, según resume el jefe de bodega de Trefethen, Peter Lüthi, “aunque puede calificarse de buena, en la Costa Norte es inferior a la de los años 1996 y 1995”. Además, la vendimia se inició inusitadamente pronto.
¿Y qué más? En Chile, el año 97 ha sido declarado muy bueno. Como consecuencia de la pronunciada sequía (la escasez de agua en los Andes afectó a los viñedos de regadío), la cosecha (3,4 millones de hl.) fue aproximadamente un 10 por ciento inferior a la del año pasado. Y esto, a pesar de que durante los últimos años se han plantado viñedos nuevos de manera continuada. El precio de la uva trepó hasta alcanzar el dólar por kilo aproximadamente, es decir, un 30% más que el año anterior. Con lo cual resulta evidente que los vinos chilenos se hallan ante un nuevo aumento de precio. Esto podría favorecer a Sudáfrica, que se encuentra en alza. Pero en el Cabo de Buena Esperanza, donde actualmente se están invirtiendo enormes sumas en el sector del vino, el clima hace locuras. Muchos entendidos ya calificaron el año 96 como posiblemente el más difícil de la década. Y puede que el 97 se muestre aún más problemático. A un verano decididamente seco siguió un otoño pasado por agua. A pesar de ello, algunos vinos blancos han resultado sorprendentemente buenos, pero a los tintos seguramente les faltará finura y estructura. Sobre todo, el quisquilloso Pinotage, cuya demanda está en ascenso a nivel mundial, ha sufrido las inclemencias del tiempo.
Thomas Vaterlaus


Hans Peter Althaus: “El 97 nos compensa del mal año anterior”
Suerte y desgracia van de la mano en vinicultura, incluso a veces la una parece consecuencia directa de la otra. En Tasmania, mi mujer y yo tuvimos en el 96 el peor año vinícola desde que nos trasladamos aquí desde Suiza hace ocho años. El frío del año pasado también ha sido la causa de que en la primavera del 97 la uva fructificara inicialmente mal. Supimos que la cosecha sería escasa. Le siguió un verano hermoso y un otoño de película, de forma que hemos podido vendimiar una calidad superior. No dudaría en darle al 97 la nota más alta. Toda la cosecha de Pinot tiene la calidad deseada para la etiqueta Domaine-A; también el Cabernet lo vendimiamos con más de 100° Öchsle. Hoy, cuando los vinos del 97 llevan reposando 10 meses en madera, ya muestran esa conjugación de plenitud y equilibrio que caracteriza a los grandes años. Los blancos del 97 no llegan a la altura de los tintos. Quien haya controlado el rendimiento, habrá podido producir
buenos vinos, pero muchos blancos del 97 tienen poco cuerpo y mucha acidez.


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