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Okanagan Valley

  • Redacción
  • 2010-11-01 00:00:00

¿Has dicho vino de Canadá? Si guiñamos un poco los ojos al contemplar la bandera de Canadá, ¿qué ocurre? Con un poco de imaginación, la hoja de arce se convierte en una magnífica hoja de parra. El hecho de que la mitad de los vinos que se consumen en el segundo país más grande del mundo sean autóctonos demuestra que Canadá no es una mancha blanca en el mapa vinícola mundial. Texto: Guido Heuber Con los vinos canadienses ocurre lo mismo que con los esquiadores indios: hemos oído que existen, pero prácticamente nadie ha conocido personalmente a ninguno; y cuando por fin los conocemos, resulta que son mucho mejores de lo que imaginábamos. Por ello, a la hora de planificar un viaje enológico por Canadá nos encontramos con un problema: salvo muy pocas excepciones, prácticamente no hay ninguna información útil sobre las fincas vinícolas. En las páginas de Internet, naturalmente, parece como si cada uno de los vinicultores canadienses hubiera inventado el vino en sus orígenes. Pero ya conocemos el gusto por lo superlativo que comparten con sus vecinos del sur, ante el que sonreímos condescendientes, y no sin razón. Las fotografías que presentan las bodegas en su web son igualmente impresionantes: todos aparecen siempre riendo, el cielo es de un azul luminoso y brillante, y los viñedos son tan impactantes como en Pomerol. Pero si preguntamos a nuestros numerosos colegas amantes del vino por los vinos de Canadá, suelen quedarse bastante callados, por una vez. Y no debe extrañarnos, pues la vinicultura canadiense es bastante reciente. Se considera que el primer vinicultor fue Johann Schiller, un cabo de origen alemán de la región del Rin. Schiller plantó las primeras vides en 1811 en Ontario, al oeste de Toronto, junto al Credit River. En un pequeño majuelo plantó cepas de la variedad americana vitis labrusca que encontró silvestres junto a dicho río. El problema de esta variedad silvestre era que su sabor se parecía más bien al olor del rastro del zorro, ese nefasto componente aromático. Así que la vinicultura, en consecuencia, fue llevada por la corriente del cercano río. La bendición de la Ley Seca En 1916 se decretó en Canadá la Ley Seca. Gracias al hábil trabajo del pequeño grupo de presión del mundo del vino, que apenas era tenido en cuenta, el vino fue la excepción en la prohibición de las bebidas alcohólicas. A la Administración no le había llamado la atención (o no había querido notar) que los sacerdotes no necesitaban tantos hectolitros de vino para celebrar las misas. Sólo en Ontario, 57 empresas vinícolas habían sobrevivido a la Ley Seca y obtuvieron una licencia. Pero el cultivo de la vid se fue extendiendo paulatinamente no sólo en la mayor región vinícola en el este de Canadá, la península de Niágara, sino también mucho más al oeste, ya en Columbia Británica, en Okanagan Valley. Quien tenga los oídos bien abiertos o lea detenidamente las cartas de vinos en Vancouver, rápidamente se dará cuenta de que el valle de Okanagan es bien conocido y muy apreciado por sus vinos. Se extiende a lo largo de unos 175 kilómetros, desde Osoyoos hasta Enderby, con una anchura de entre 4 y 17 kilómetros y con casi 21.000 kilómetros cuadrados, su extensión es aproximadamente el triple de la de Napa Valley. Comenzamos nuestro viaje en el extremo suroeste de Canadá, a un tiro de piedra de la frontera con Estados Unidos. Allí encontramos una winery de nombre casi impronunciable, Nk’Mip (pronunciado Inkamip), que en el idioma de los indios significa “donde el arroyo desemboca en el lago”. El 51 por ciento de esta empresa modélica pertenece a la tribu india de los Osoyoos. El jefe, Chief Clarence Louie, es relativamente joven y gestiona su tribu como si fuera una empresa. Han construido un centro cultural, un camping, una urbanización de apartamentos, varios restaurantes, un campo de golf, pero sobre todo una finca vinícola de una belleza sobrecogedora. La propiedad es tan grande que se pueden producir más uvas de las necesarias para hacer vino. De este modo, la venta de uva reporta beneficios adicionales y, además, permite una selección cualitativa de la uva para los vinos de producción propia. Los miembros de la tribu cuidan con orgullo la finca en armonía con la naturaleza. Chief Randy Picton hace unos vinos cuyo sabor refleja la salvaje naturaleza que los rodea. Todos poseen un toque muy creativo, con personalidad propia. Pero la verdadera jefa es sin duda la Syrah, que impresiona por su intensa y blanda nota de pimienta verde. Precios récord para los canadienses La razón de que la mayor parte de los vinos de Okanagan Valley sólo se consuman en Vancouver es, por una parte, el exorbitante precio del transporte –aun hasta Ontario en la costa este- que además está gravado por altos impuestos. Por otra parte, a los habitantes de Columbia Británica les gusta tanto el vino de Okanagan que apenas queda nada que exportar. Por ejemplo, las 40.000 botellas de Nota Bene 2006 de la finca Black Hills se vendieron íntegramente en 47 minutos: los aficionados al vino hacían cola ante el comercio desde la noche anterior. Seguramente también debe de influir en este furor el hecho de que Jason Priestley, estrella de la serie televisiva Beverly Hills 90210: Sensación de Vivir, trabaje en la finca, pero no es el único motivo. Porque también los vinos de los productores que no cuentan con estrellas de cine suelen alcanzar precios altos, que se mueven al mismo nivel que los europeos. Así, en una subasta fue adjudicada recientemente una botella doble mágnum de Merlot 2006 de Burrowing Owl por 4.000 dólares. Una suma respetable para un vino que ni siquiera debería existir. Porque en 1988, Estados Unidos y Canadá acordaron un Free Trade Deal según el cual, entre otras cosas, se eliminaban las subvenciones para las fincas que inundaban el mercado con vinos baratos. A los agricultores se les ofreció una prima si arrancaban las cepas y plantaban otros productos en su lugar. Esta disposición también afectaba a lo que hoy son los viñedos de Burrowing Owl: hasta cien metros de profundidad, no hay nada más que arena. Nadie creía que allí pudiera crecer jamás un vino bueno. Tan sólo un idealista solitario puso todas sus esperanzas en este suelo desértico y compró en 1993 la tierra recién roturada. Jim Wyse plantó sus primeras vides (european vinifera), las cultivó con mimo y esmero, y sobre todo, esperó... ante el preocupado asombro de sus vecinos. Las cepas y el vino se desarrollaron magníficamente. Cuatro años después construyó una preciosa finca vinícola y las primeras botellas salieron al mercado. Casi un zoo Desde entonces, Burrowing Owl se ha ido convirtiendo en un icono de la vinicultura verde: cultivo prácticamente ecológico y producción empleando la fuerza de la gravedad en lugar de bombas; un centro de cría de murciélagos aporta los enemigos naturales para los insectos, y de las plagas de mayor tamaño se encargan agradecidas las serpientes autóctonas. El mochuelo de hoyo que da nombre al vino, en peligro de extinción, obviamente allí está protegido con dedicación. Con su hotel de diseño y su gastronomía superior, Burrowing Owl ha llegado a ser uno de los mejores lugares de Okanagan Valley. Y, por su parte, estos vinos nobles que han crecido sobre la arena han ascendido fulgurantes hasta convertirse en el vino de moda de los canadienses. En Vancouver se barajan precios de hasta cien dólares por botella de vino joven, las añadas más antiguas se sitúan muy por encima, pues estas ediciones limitadas son muy buscadas. Y no debe extrañarnos: por ejemplo, el merlot sigue siendo una exquisitez de un calibre muy particular. Cereza, grosella, tabaco... cierto, es lo menos que se puede esperar de un buen merlot. Pero lo verdaderamente singular son los taninos crujientes y el sorprendente especiado, que confieren a este vino su particular toque canadiense. Del avión al viñedo También está en la cresta de la ola verde la finca Road 13, que actualmente está adaptando toda su producción al cultivo biodinámico. Allí donde hace dos siglos los buscadores de oro excavaban la roca en la legendaria Road 13, hoy se produce oro líquido a cielo abierto. Pam y Mick Luckhurst, la pareja de propietarios, proceden de otras profesiones: Pam trabajó primero en un banco y luego como azafata de vuelo, Mick se afanaba en la industria maderera. Ambos quisieron cambiar de vida, vivir en contacto con la naturaleza. Durante unas vacaciones en Okanagan Valley, saltó la chispa. Se enamoraron de la finca vinícola Golden Mile, la compraron y le pusieron por nombre Road 13. Una decisión arriesgada, pero Mick sólo comenta escuetamente: “En el peor de los casos, siempre habría podido volver a producir madera con la de las cepas.” Actualmente, están reformando el pintoresco castillito, diseñado siguiendo modelos bávaros; la colección de tractores de Mick crece a buen ritmo y sus productos se han convertido en vinos de culto. La empresa produce tres líneas en tres viñedos: Honest John’s con cuvées, Road 13 con los vinos básicos y Jackpot con vinos de majuelo. Los vinos premium, bautizados al igual que Jackpot con el nombre de una mina de oro, tienen buen formato. Por ejemplo, el pinot noir es como un puente entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Con cepas de más de veinte años hacen un borgoña que no cabe en sí de tanta profundidad. Con ligeros matices de cuero, es claramente un vino muy moderno lleno de alegría de vivir. La renombrada revista económica estadounidense Forbes califica los vinos de Mission Hill como knockout, lo cual alegra a su propietario. Porque el sueño de Anthony von Mandl era producir grandes vinos. Adquirió la bodega en 1981. A este canadiense de raíces alemanas no le faltaban medios económicos: en primer lugar, por su familia, y también por su trabajo como importador de vino, la cuenta corriente estaba bien saneada. En estos últimos seis años, la finca Mission Hill Winery ha sido rehabilitada por un equipo internacional de arquitectos, diseñadores y oficiales. Pero ha merecido la pena esta inversión, la mayor realizada individualmente en la historia del vino de Columbia Británica: los viajes de enoturismo con catas, cursos de cocina y clases de sumiller (a cargo del alemán exiliado Ingo Grady) atraen anualmente a 90.000 visitantes. Las bodegas subterráneas merecen una visita, sus salas dinamitadas en la roca volcánica poseen un encanto espiritual. En ellas descansan 800 barricas de madera. La humedad del aire, la temperatura y la luz están monitorizadas electrónicamente. Sólo entra luz natural por un único óculo en el techo. Por eso el producto estrella se llama Oculus. La añada de 2006 verdaderamente es la respuesta canadiense a un gran vino de Burdeos: 51 por ciento Merlot, 26 por ciento Cabernet Sauvignon, 15 por ciento Cabernet Franc y 8 por ciento Petit Verdot, y la elaboración en barricas de roble francés y su aspecto también lo confirman. Pero en el paladar no es un intento de copia, sino más bien una soberbia interpretación a la canadiense. ¡Magnífico! Postres líquidos Procedamos a salvar el honor de los colegas que nombramos al principio. Al fin y al cabo, casi todos ellos conocían (como seguramente también muchos lectores) a uno de los productores de Okanagan Valley: Inniskillin, famoso por sus vinos de hielo, que se venden en muchas tiendas duty free de los aeropuertos, en su característico embalaje en tubo de cartón que en cierto modo recuerda al whisky. Es curioso que Canadá sea el mayor productor de vino de hielo del mundo, aunque esta especialidad sólo suponga una pequeña parte del total de la producción del país. Y es que a los canadienses les gusta su liquid dessert. En comparación con nuestras latitudes, allí se bebe mucho vino de hielo, aunque también es cierto que el precio es mucho menor, porque las condiciones de producción son mejores y sobre todo más sencillas que en Europa. Las heladas llegan pronto y están garantizadas. Allí nunca se congela artificialmente, como en Estados Unidos. Todo es puramente natural. Así lo demuestra el resultado: en el año 1991, un vino de hielo canadiense de la variedad Vidal se impuso en la Vinexpo de Burdeos frente a 4.000 participantes, ganando el Grand Prix d’Honneur. Era el primer gran título para Inniskillin. ¿Quién hubiera podido imaginar que era posible hacer vino de hielo con Tempranillo? Y además, que ofrezca una frutalidad de fresa increíblemente intensa, sostenida por una crujiente acidez y un abocado que, aunque presente, no domina sobre los aromas. El enólogo de origen húngaro Sandor Mayer, además de numerosas variedades clásicas como Pinot Noir, Chardonnay o la autóctona Vidal, muy adecuada para hacer vino de hielo, apuesta siempre por las novedades y experimenta mucho. Su serie Discovery abarca vinos de hielo desde Tempranillo, pasando por Marsanne y Roussanne, hasta la clásica Malbec a la argentina, pero que claramente habla canadiense. En cualquier caso, Okanagan Valley merece una visita. También por sus posibilidades de alojamiento individual, todavía al margen del turismo de masas, y por los muchos espectáculos naturales en un mínimo espacio, donde en el mismo día podemos esquiar y luego bañarnos en lagos naturales. Y aunque los vinicultores se enfurezcan con ellos, también nos gustaron los osos negros de aspecto tan adorable que, gruñendo ruidosamente, cuando las encuentran en el puesto de recogida, se comen las uvas alguna que otra vez. Un cabo de origen alemán llamado Johann Schiller está considerado el primer bodeguero de Canadá. Recomendamos Cinco fincas vinícolas Aunque la vinicultura canadiense aún sea bastante reciente, en este país de América del Norte se encuentran numerosos productores buenos y muy buenos, algunos incluso excelentes; la mayoría de ellos en el este de Canadá, en la península de Niágara. Nosotros visitamos Okanagan Valley, al oeste del país, en Columbia Británica. Las empresas mencionadas a continuación son nuestras favoritas a título personal, que consideramos de visita obligada en caso de planificar un viaje por Canadá. Nk’Mip Cellars www.nkmipcellars.com Fundación: 2002 Propietarios: Osoyoos Indian Band, Vincor Canada Enólogo: Randy Picton Superficie de viñedo: 97 hectáreas Variedades: Chardonnay, Pinot Blanc, Riesling, Pinot Noir, Merlot, Meritage, Syrah, Cabernet Sauvignon Imprescindible: Syrah Qwam Qwmt Burrowing Owl Estate Winery www.bovwine.com Fundación: 1993 Propietario: Jim Wyse Enólogos: Bertus Albertyn, Scott Stefishen Superficie de viñedo: 138 hectáreas Variedades: Pinot Gris, Chardonnay, Merlot, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Syrah, Petit Verdot, Malbec, Merlot Imprescindible: Merlot Road 13 Vineyards www.road13vineyards.com Fundación: 1998 Propietarios: Pam y Mick Luckhurst Enólogo: Michael Bartier Superficie de viñedo: 14 hectáreas Variedades: Riesling, Chenin Blanc, Chardonnay, Viognier, Marsanne, Rousanne, Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah, Pinot Noir Imprescindible: Pinot Noir Jackpot Mission Hill Family Estate www.missionhillwinery.com Fundación: 1981 Propietario: Anthony von Mandl Enólogo: John Simes Superficie de viñedo: 312 hectáreas Variedades: Riesling, Sauvignon Blanc, Pinot Gris, Pinot Blanc, Chardonnay, Pinot Noir, Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot Imprescindible: Oculus Inniskillin Okanagan Vineyards www.inniskillin.com Fundación: 1974 Propietario: Vincor Canada Enólogo: Sandor Mayer Superficie de viñedo: 9 hectáreas Variedades: Pinot Blanc, Chardonnay, Chenin Blanc, Pinot Grigio, Marsanne, Roussanne, Vidal, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Malbec, Zinfandel, Pinotage, Petit Verdot, Tempranillo, Sangiovese Imprescindible: Tempranillo Icewine Direcciones Existen dos posibilidades lógicas para llegar a Okanagan Valley desde Vancouver: entrar en el valle desde arriba, por Kelowna, o bien por abajo junto a la frontera con Estados Unidos, por Osoyoos. Les recomendamos planificar una variante para la ida y la otra para la vuelta. La ruta del Norte atraviesa extensas tierras salvajes, su inmensidad evoca las fotos de Canadá de los libros ilustrados. La ruta del Sur se extiende a lo largo de la frontera supuestamente más segura del mundo, claramente marcada por una desvencijada valla de alambre espinoso de 50 centímetros de alto... Esta carretera de varios carrilles serpentea a través de un Parque Nacional de una belleza sobrecogedora. Quien tenga más prisa, puede coger un avión a Penticton o a Kelowna. ALOJAMIENTO Adobe Rose B&B 11108 – 354th Avenue Oliver, BC V0H 1T0 Tel. +1 250 498 63 67 www.adobe-rosebb.com Encantador Bed and Breakfast edificado a la manera de las construcciones de madera típicamente canadienses ideal como punto de partida para excursiones de enoturismo. Desde 110 dólares por noche. Burrowing Owl Estate Winery 100 Burrowing Owl Place Oliver, BC V0H 1T0 Tel. +1 250 498 06 20 www.bovwine.ca El Guest House de la finca Burrowing Owl Winery está preparado para satisfacer todos los deseos: habitaciones grandes con balcón y chimenea propia, piscina, etc. A partir de 175 dólares por noche. También es muy recomendable el magnífico restaurante, con una cocina moderna y adaptada a los vinos de producción propia. Nk’Mip Camping Osoyoos, BC www.campingosoyoos.com A tiro de piedra de la pequeña ciudad de Osoyoos está este camping cercano al lago. La finca vinícola Nk’Mip con su recomendable restaurante está muy cerca. A partir de 29 dólares por noche. COMER The Fire Hall Bistro 34881 97th Street Oliver, BC V0H 1T0 Tel. +1 250 498 48 67 www.thefirehallbistro.com Este antiguo retén de bomberos de Oliver ha sido remodelado con cariño y esmero. En la carta hay de todo, desde hamburguesas hasta marisco. La carta de vinos presenta muchas cosas buenas de la región. Mission Hill Family Estate 1730 Mission Hill Road West Kelowna, BC V4T 2E4 Tel. +1 250 768 64 67 www.missionhillwinery.com En la terraza de la finca Mission Hill se sirve la muy premiada Cuisine du Terroir. Rompan la hucha, merece la pena. Advertencia: el horario de apertura varía según la estación del año. Deberían consultar siempre previamente su página web. IMPRESCINDIBLE Okanagan Wine Festivals www.thewinefestivals.com Cuatro veces al año se celebra una gran fiesta del vino en Okanagan Valley: día de puertas abiertas en las bodegas, actos culturales y fiestas día y noche, casi sin interrupción.

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