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Generosos, el vino y más allá

  • Ana Lorente
  • 2019-01-31 00:00:00

H ay que haber nacido allí, en el Sur, en una bodega y, mejor, dentro de una cuba, para captar, entender, distinguir y explicar la diferencia entre un amontillado y un oloroso. Hay que haberse destetado con vinos generosos para que con solo escuchar o pronunciar esas palabras se te haga la boca agua. Y, sin embargo, son las joyas de la enología española. Son lo irrepetible, lo inimitable, la exportación de lujo de este país desde tiempos inmemoriales, el objeto de deseo de los gourmets más sofisticados de los cinco continentes. Un regalo único para los sentidos.
Gustos, admiración, que han dejado huella escrita: en El barril de amontillado de Edgar Allan Poe, Shakespeare en boca de Falstaf o en la suya propia: "Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les enseñaría sería abjurar de toda bebida insípida y dedicarse al sherry wine". O, cuando los define Cervantes: "Generosos vinos: que, cuando se trasiegan por la mar de un cabo a otro, se mejoran de manera que no hay néctar que se les iguale". Y así hasta hoy.
Gustos, admiración, que igualmente han dejado huella en la arquitectura de las bodegas y su entorno, verdaderos monumentos desde los que se impulsaba un comercio tan floreciente que la villa de Jerez fue la primera de España en gozar de luz eléctrica.
Sin embargo, los grandes vinos generosos de este país, los que están el podio de los catadores, en el top de las guías de vino y en los altares de los conocedores, apenas se lucen hoy en las barras de los bares, ni en las cartas de los restaurantes ni en las mesas del común de los aficionados.
Las propias bodegas elaboradoras, erigidas para crear y proporcionar el súmmum del placer, se sostienen hoy a base de ferias y festejos locales y de exportación, o de ampliar su grupo comercial con bodegas de vinos de mesa en otras denominaciones potentes.
Los consejos reguladores se devanan los sesos, convocan congresos, reuniones de estudio y de autobombo y financian en alguna medida promociones nacionales e internacionales, información, publicaciones… Al final de cada ejercicio, los números cantan, y parece que entonen un réquiem. Es cierto que después de 30 años de descenso o inmovilidad, desde el ejercicio de 2015 parece que las cifras se desperezan tímidamente. Pero queda mucho por hacer y desde estas páginas nos ponemos a la tarea. Queremos convencer a todos los aficionados de la maravilla que se encierra en esas bodegas, en esas cubas, en esas botellas históricas, o jóvenes y frescas. Es un deber para con el sector, que tiene méritos sobrados, pero sobre todo para los bebedores, que se lo están perdiendo, por desconocimiento o por miedo a adentrarse sin guías en un mundo complejo, con secretos propios desde la elaboración a la cata.
Por eso en esta página, de la mano de los protagonistas, de los hacedores y disfrutadores, vamos a intentar desvelar y compartir paso a paso en qué consiste ese placer que tenemos al alcance de la mano. Bienvenidos a la aventura.


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