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Los riesgos dela abundancia

  • Redacción
  • 2007-02-01 00:00:00

Puede que sea debido al cambio climático provocado por el hombre, a que estemos inmersos en un nuevo ciclo climático, o tal vez a la conjunción de ambos factores, lo cierto es que el desarrollo vegetativo de la viña ha sido anormalmente rápido, lo que ha propiciado unas vendimias adelantadas en prácticamente todas las zonas vitivinícolas del país. A su vez, las altas temperaturas medias, particularmente en agosto, la escasez de agua, y el efecto pernicioso del granizo y otras inclemencias han reducido la producción, inferior a la del año pasado y todavía lejos de los 50 millones de hectolitros del 2004, cuando, por primera vez nos convertimos en el primer productor mundial de vino, superando a Francia e Italia, que pasaron a comprar nuestros excedentes. Una situación ideal que, desgraciadamente no tiene visos de volver a producirse a corto y medio plazo. De todas formas, los algo más de 38 millones de hectolitros de este año estimados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que la Confederación de Cooperativas eleva a casi 43 millones de hectolitros, son una cifra suficientemente alta como para que el bajo consumo “per capita” español -que parece no tocar fondo- siga favoreciendo la acumulación peligrosa de stocks que la exportación no es capaz todavía de evitar. Así las cosas, la muy buena cuando no excelente calidad de esta añada del 2006 -con todas sus irregularidades- nos permite seguir soñando con conquistar nuevos mercados internacionales, donde los vinos españoles son cada día más y mejor valorados. Y, sobre todo, ganar más consumidores entre nosotros, particularmente entre las nuevas generaciones que se acercan al vino con mayor curiosidad y cultura que las precedentes. Este es nuestro gran desafío, porque una sucesión de buenas y abundantes añadas puede llevarnos al desastre y fortalecer las tendencias a solucionar el problema por las bravas: arrancando viñedo, tal como propone la Unión Europea. Y esa no es la solución, porque si bien el arranque de viñedo aliviaría los excedentes, puede provocar mayores males. El primero, contribuir a que el proceso de desertización que amenaza ciertas zonas de nuestro país se agudice. Es preferible ahogarse en vino que morir de sed.

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