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Río de todos los ríos del vino

  • Redacción
  • 2008-04-01 00:00:00

Cuando en la escuela nos enseñan que el Ebro es el río más caudaloso de España no cuentan que el padre Ebro significa mucho más que una considerable corriente de agua. En su armonioso fluir riega y alimenta tierras de seis comunidades autónomas hasta formar ese maravilloso espacio natural que es el delta. A la riqueza de sus riberas le atribuyen la bondad de las famosas huertas riojanas, navarras o aragonesas, y a su constante aporte de limo y otras sustancias, la fertilidad de su delta y, por consiguiente, la contrastada calidad de los productos que allí crecen, entre ellos sus acreditados arrozales. Es fundamental para la vida de las diversas tierras que atraviesa y sostiene (no hay más que fijarse en la enorme polémica que sus aguas suscitan en épocas de escasez), repitiendo el antiguo milagro de trocar el agua en vino. Sobre su variado territorio, aprovechando sus diferentes microclimas, se asienta la más poderosa industria vinícola española. Su extraordinaria cuenca ampara más de 139.000 hectáreas de viña, acogidas a distintas denominaciones de origen, propiedad de unos 40.000 viticultores. Y su materia prima es procesada, elaborada y comercializada por ¡más de mil doscientas bodegas! Cifras sobrecogedoras que crecerían todavía más si entre ellas contásemos las de las D. O. Cava y Catalunya, amén de unos cuantos “Vinos de la Tierra”. Sus poderes están representados por doce denominaciones de origen, rubricadas por las de Rioja y Priorat, las dos únicas de España que ostentan el ilustre apellido de “Calificada”. Pero no se trata sólo de cantidad, ni tampoco de la dimensión tan grande de mano de obra que todo este engranaje requiere para funcionar; lo mejor es que de sus tierras emergen buena parte de los grandes vinos que España aporta al mundo. El río Ebro nos ofrece un caudal de vinos, cuya fama traspasa territorios y fronteras, con la calidad como bandera. Y desde luego mucho menos conflictivo.

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