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El Priorato, Comer, beber, tal vez dormir…

  • Sara Cucala
  • 2008-02-01 00:00:00

La primera vez que puse los pies en El Priorato descubrí que hay una pequeña Toscana en Cataluña. La zona se encuentra en el extremo noroccidental de la comarca tarraconense, entre la Ribera d’Ebre y Les Garrigues, delimitado por el río Montsant. Es tierra de vinos, de garnacha (tinta y blanca), de cariñena, de cabernet-sauvignon, de merlot, de garnacha peluda... Cepas que trepan por las laderas empinadas de los alrededores de la Sierra del Monsant. Viñas que intentan expandir sus raíces en un duro terreno de pizarra. Impresionante geografía trufada de historia, como la que marcaron los monjes cartujos de Scala Dei, quienes ya hace siglos plantaron aquí su viñas. Las carreteras del Priorato son como culebras de tierra que dejan a un lado precipicios vertiginosos. Zigzag de montaña que conduce a pueblos y lugares entrañables o impresionantes: Gratallops, donde se encuentran las bodegas de Costers del Siurana, Clos i Terrases o Álvaro Palacios, por ejemplo: Torroja del Priorat y su pequeño Museo Bodega Joan Pàmies; la Vilella Baixa, donde se pueden encontrar los delicados aceites de la D.O. Siurana... Y desde aquí, por la carretera TV7022, se llega a uno de los lugares más característicos del Priorat, a la cartuja de Scala Dei. Morera de Montsant, Poboleda, Porrera, donde elabora sus vinos el cantante Lluís Llach... Rincones que parecen prendidos en el tiempo, lugares que avivan las ganas de cambiar de vida. Es así como fui encontrando viticultores, bodegueros, cantantes, hippies, escaladores... hasta recalar en el pueblito de Masroig. Apenas 500 habitantes, la mayoría agricultores, casitas de piedra que miran a campos de viña, almendros y olivos… y, casi oculta entre sus empedradas calles, una casa rural tras el sugerente rótulo de Catacurian. Para descansar y catar Alguien me había contado que aquí convocaban catas de aceites y vinos. Esa fue la sorpresa. La casona, de tres plantas, esconde un sótano, una bodega con todas las referencias del Priorato y del Somontano, con una mesa de cata. Masroig es famoso por su aceituna arbequina. Y también porque tiene una de las cooperativas aceiteras más prestigiosas de la zona; de modo que allí me vi, con otras tres curiosas más, catando el último aceite de la cooperativa. Así empezó el día. La casa está regentada por una ex bailarina llamada Alicia Santpere. Hija de Masroig, dejó atrás su pueblo y tradiciones para cruzar el charco junto a la Compañía Nacional de Ballet hacia Estados Unidos. Allí conoció a su marido, americano, y al cabo de los años volvió a Masroig, cambió las zapatillas por los pucheros. Era y es su pasión, la cocina y el vino de su tierra. Huésped y cocinero La originalidad es que aquí el que se aloja cocina. Se prepara el desayuno, la comida y la cena... eso sí, todo supervisado por la maestra Alicia que va enseñando a los inquilinos recetas tradicionales catalanas. Lo insólito es que la mayoría del año se habla en inglés. El marido de Alicia trabaja en los EEUU y hace de promotor del sueño de su mujer. Así que mucha información para americanos, una web en inglés y una cocinera-bailarina que se esfuerza por mantener los recetarios tradicionales, la mejor embajadora de la cocina mediterránea Provista de mandil, me dediqué a cortar pimientos, berenjenas, patatas... “Hoy comeremos escalibada, y de postre, crema catalana”. Eso sí, al fuego lento con la compañía de un buen vino. Aquel día descorchamos un Dido, de la tierra, ¡qué mejor! Escuela-hotel Catacurian (Tfno: 977 825 341. Internet: www.catacurian.com). Se organizan cursos con alojamiento de varios días. Tres días con visitas a bodegas y cursos de cocina y catas, desde 2000 euros. Es imprescindible reservar. Sara Cucala

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