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Cata vertical de Chateau d’Yquem: Los hongos mágicos del señor Lurton

  • Redacción
  • 2009-11-01 00:00:00

Para Pierre Lurton, 1934 y 1937 son dos de las añadas más relevantes en la larga historia de Château d’Yquem. En el hotel La Perla, en el valle Hochgadertal del sur del Tirol, descorchó la añada de 1934 como colofón de una cata vertical de esta finca, de la que es gerente desde 2004. Evidentemente, degustar un Yquem de 75 años de edad es algo muy especial: en la bodega del château, al sur de Burdeos, ya no quedan ni cien botellas de esta añada. Algo que ya no ocurrirá en el futuro, pues actualmente se guarda en la bodega un porcentaje de dos cifras de cada cosecha. Sin duda el Yquem, vinificado con un 80 por ciento de Sémillon y un 20 por ciento de Sauvignon Blanc, no sólo es muy longevo, sino que además es delicioso. La razón de su compleja aromática son los pequeños champignons magiques, hongos mágicos, como los llama Lurton. Cada grano de uva se recoge en su punto óptimo de maduración, y la vendimia a menudo se lleva a cabo escalonada, en hasta seis pasadas. El resultado final arroja siete hectolitros de vino por hectárea: una copa por planta. ¿Y cómo es la añada de 1934? Con delicados matices ajerezados, también aromas de marron glacé y frutas exóticas. En el paladar es jugoso y fresco, con una agradable acidez y menos de 100 gramos de azúcar residual, con un final sobre notas de albaricoques y té. Pero un Yquem de 1934 no suele aparecer en solitario: para la cata en Corvara, Pierre Lurton también se había llevado en su equipaje las nuevas añadas de 2005, 2004, 2001 y 2000, y además, como broche de oro, las algo más antiguas de 1997 y 1989. Los momentos álgidos fueron: la añada de 2004, con su complejidad, su perfecto equilibrio entre acidez y abocado, y su largo y elegante final; la de 2001, que el propio Lurton califica de “perfecta” y, finalmente, tras la igualmente imponente cosecha de 1997, la elegante 1989, convincente por su aromática de praliné, su armonía y su final de hierbabuena.

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