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Fernando Aramburu: “El vino es un elemento dignificador de la vida”

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  • Laura López Altares
  • 2020-09-07 00:00:00

Fernando Aramburu, uno de los escritores más fascinantes de nuestro tiempo, ha compartido con nosotros ese universo suyo habitado por palabras que llegan hasta las entrañas, vinos que abrazan la vida y patrias sin fronteras.


Ha presidido el jurado del VI Premio Ribera del Duero: ¿cómo se reconoce lo extraordinario?


En el caso de La claridad [el libro de cuentos del argentino Marcelo Luján, elegido ganador por unanimidad, provoca “una gustosa perversión" en el lector, según Aramburu] no era difícil reconocer la alta calidad de los relatos puesto que saltaba a la vista. Por lo demás, uno lleva largos años en esto de la literatura, ha leído considerable cantidad de libros y muchos de ellos los ama, de manera que el paladar, lo mismo que con los vinos buenos, enseguida le manda las señales correspondientes, como diciéndole: ojo, detente aquí, que hay disfrute para rato. 

Su alma de poeta se cuela hasta en las historias más crudas... ¿qué le diferencia del Fernando novelista?


Creo, en efecto, que uno no pasa por la poesía sin que esta le deje huellas, cicatrices, en fin, algún tipo de disposición a la hora de convivir con las palabras. Aunque entre el poeta y el novelista hay una disposición literaria distinta. No es lo mismo tocar el piano que una trompeta, aun cuando en ambos casos uno sea músico. Sin embargo, esos distintos modos de trasladar a textos la experiencia de la vida, la conciencia de estar en ella con los otros, forman parte de una misma actividad, de una misma partitura, interpretada desde perspectivas y con instrumentos diferentes.


'Patria' ha sido uno de los fenómenos literarios más potentes de los últimos años (su adaptación televisiva en HBO se estrena el 27 de septiembre): ¿cómo se lleva con el éxito?, ¿teme sus sombras?


El éxito puede convertirse en un abismo si uno no lo sabe sobrellevar. No es fácil de gestionar, puesto que lo deciden los otros, y a su afortunado o damnificado, según, solo le queda posicionarse ante él. Lo malo del éxito excesivo es que fácilmente fomenta las debilidades de su destinatario. Está claro que se le puede subir a uno a la cabeza; aún peor, hacerle creer que, en el marco de su actividad, ha llegado a la meta. Lo peor, con todo, es que perturbe el trabajo futuro de escritorio. Ahí es donde el exitoso debería tener mucho cuidado.


Hay palabras que encierran todo un mundo dentro: ¿qué es la patria?, ¿cuál es la suya?


Yo concibo la patria como el paisaje de mis afectos. En mi caso, no se ciñe a las fronteras de un país. De hecho, llevo viviendo más de media vida con la condición de extranjero en la República Federal de Alemania. Gusto de componerme una patria hecha de lugares que amo, poblada de amigos, donde se come y se bebe bien, donde las aguas fluyen limpias y donde hay excelentes librerías, teatros y salas de conciertos. Una patria, en todo caso, que no cierra la puerta a nadie que venga a ella con buena voluntad. 

¿Cómo ha cambiado su relación con el vino desde aquellas vendimias de la infancia?, ¿qué sensaciones le evoca?


Ahora no necesito permiso paterno para darle un tiento al porrón. El concepto de vino dejó de ser uniforme para mí hace mucho tiempo. Hay vinos y vinos, y no me duele meter la mano muy adentro del bolsillo para costearme uno de calidad. En lo que no ha cambiado mi idea del vino es en el convencimiento de que forma parte de las cosas buenas de la vida, tomado, claro está, en cantidades sensatas. Lo identifico con un componente dignificador de la vida. Paladear vino, como saborear cerezas o disfrutar del arte, supone un sí a la vida. Yo bebo buen vino porque me gusta la vida.


Durante el confinamiento, las redes sociales bromeaban con la irrupción de “la Generación del 20”, refiriéndose a una generación de escritores que podía surgir de la cuarentena: ¿cree que situaciones de caos e incertidumbre como la que hemos vivido potencian las cualidades artísticas?


M e niego a generalizar. Soy, además, un pésimo profeta. Es razonable pensar que las tragedias colectivas interpelen a los creadores y los induzcan a buscar respuestas y a dejar testimonios. Ignoro cuánto tiempo durará la pandemia actual ni cuáles serán sus consecuencias sanitarias y económicas. Lo que hemos visto hasta la fecha no me parece que tenga una densidad dramática mayor que las guerras o pandemias del pasado, de forma que quizá pequen de optimistas los que vaticinen un auge de las artes a partir de lo sucedido en el planeta en este año 20. Ya se verá. 




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