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Finca La Estacada, con los cinco sentidos

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  • Redacción
  • 2019-02-28 00:00:00

E l complejo enoturístico Finca la Estacada se alza en el camino a las tierras altas de Cuenca como un incitante templo terrenal en el que el vino se disfruta con los cinco sentidos. Porque este placentero lugar, cerca de Tarancón y a solo 40 minutos de Madrid, es una bodega, sí, pero también un espectacular hotel, restaurante gourmet... ¡e incluso spa especializado en vinoterapia!
El vino en todas sus expresiones (incluso sobre la piel) es el protagonista absoluto en este enclave tan especial, con un curioso origen: se erigió en torno a una antigua finca de labor, propiedad de los descendientes de la reina Mª Cristina –viuda de Fernando VII– que la familia Cantarero Rodríguez adquirió a mediados del siglo XX. Su potente nombre, de origen romano, hace referencia a la parcela en la que se sitúa la finca, en la antigua calzada que unía Segóbriga con Complutum (actual Álcala de Henares).
Y fue en esta histórica encrucijada donde nació la bodega de Finca La Estacada en 2001, fruto de la ilusión y la pasión de una familia que decidió apostar por las viñas de una tierra muy singular: "El carácter y la personalidad de estos vinos se fragua junto a la historia del lugar en el que nace, día a día, año a año", recuerdan. La nave de crianza, con capacidad para 6.000 barricas, está bajo la edificación principal, y allí descansan sus expresivos vinos.
Estos vinos se pueden saborear en el acogedor enobar acompañados de divertidas y apetecibles gastrotapas, y también en el fantástico restaurante que redondea la experiencia. Su cocina castellano-manchega, elaborada con mimo y selectas materias primas e interpretada con creatividad, es sabrosa y muy cuidada, con originales y bellas presentaciones.
Otra de las propuestas más atractivas del complejo enoturísico es su hotel de cuatro estrellas, con 25 habitaciones (22 dobles, dos junior suite y una suite), todas ellas con nombres de diferentes variedades de uva, y una decoración inspirada en el mundo del vino.
Y, por supuesto, ese exclusivo spa especializado en vinoterapia con impresionantes vistas a los viñedos. Ofrece circuitos hidrolúdicos; relajantes masajes; tratamientos faciales, de manos y pies; y la práctica estrella de la casa, única en la zona: vinoterapia (incluye baños de vino tinto, cava o espumoso rosado). A través de la vinoterapia, la piel se beneficia de los poderosos antioxidantes que contiene el vino –como el resveratrol–, que ayudan a retrasar el envejecimiento celular. Y también a alcanzar un estado de relajación y placidez completo.
Vino (en mayúsculas), gastronomía, relax y ocio se juntan en este apacible y original espacio. Puro lujo sensorial.

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