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En 2008, el reconocido crítico Eric Asimov, en un especial de The New York Times, posicionó este vino en primer lugar entre sus finos favoritos, elogiando su elegancia, complejidad y plenitud. Este gesto elogioso enaltece la obra de Pérez Barquero y subraya la singular personalidad de los finos de la casa centenaria. Es un reconocimiento que trasciende fronteras y avala con sensibilidad internacional la excelencia de una zona donde tradición, clima y alma se funden en cada botella.
1905
Se cumplen 120 años de la fundación de un verdadero referente en Montilla. Los hermanos Pérez Barquero, procedentes de Teruel, hicieron realidad el sueño de crear algo grande en una de las zonas vitícolas más cualitativas de España por derecho propio.
1975
Fue el año en el que se creó la marca Gran Barquero uniendo las de fino (Don Reglamento), amontillado (Los Palcos) y oloroso (Diógenes). Una manera inmejorable para narrar la vocación de tres vinos con tanto carácter bajo la interpretación de la casa durante siete décadas.
Símbolo de unión
El emblema de la bodega muestra un barquero guiando una barca con tres toneles que representan a cada uno de los tres hermanos Pérez Barquero. Una bonita alegoría que representa tradición, unión familiar y la condición navegable del río Guadalquivir desde Córdoba.
Bendito límite
Lo hermoso de este fino es su crianza biológica límite sobre velo de flor, donde las levaduras exhaustas agotan el último aliento de vida para dotar a esta maravilla de unas cualidades dignas de todo elogio. Es ese momento mágico fronterizo entre el fino y el amontillado.