- Laura López Altares
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- 2026-04-10 00:00:00
La deliciosa osadía de mantenerse fiel a un estilo define el espíritu de Bodegas Martínez Lacuesta, los "afinadores de vinos" por excelencia de Rioja. Su clasicismo rezuma seducción serena, y una originalidad velada que los ha llevado a defender con fervor la finura y la elegancia de los vinos de Haro, su eterna caricia.
Ese magnetismo clásico encuentra en Hinia una de sus expresiones más evocadoras. Su nombre, inspirado en las conchas fósiles que habitan los suelos arcilloso-calcáreos donde nace, es símbolo de artesanía extrema. Elaborado solo en las mejores añadas con un coupage de Tempranillo, Graciano y Mazuelo (el pellizco de estas dos variedades añade a la reina roja un punto más de frescura y profundidad), responde a una memoria que sigue viva: conecta con el origen, pero se expresa desde el presente.
Y lo hace con emoción contenida, con la idea de permanecer, de atravesar el tiempo con una nobleza y un atractivo incontestables.
El Reserva de Martínez Lacuesta se convirtió en Hinia en 2012, revelando una nueva forma –más incitante– de entender el clasicismo.
Martínez Lacuesta Reserva 2010
Tempranillo, Graciano, Mazuelo. 14 % vol. D.O.Ca. Rioja
Nos fascina la forma en que susurra lo que sucedió en Rioja aquel 2010 (una añada extraordinaria) y cómo el tiempo ha templado su carácter sin apagar su pulso. Aún late. Se abre despacio, como si desvelase un secreto: fruta negra –ciruelas maduras, cerezas en confitura–, un pellizco balsámico, especias dulces –huellas de una larga y cuidada crianza de 30 meses en barrica–... En su boca, envolvente y redonda, danzan complejas notas de café, chocolate y cuero, recordando la profundidad mágica de este vino de vida casi eterna.
Martínez Lacuesta Reserva 2011
Tempranillo, Graciano, Mazuelo. 13,5 % vol. D.O.Ca. Rioja
La grandeza de esta añada –de las mejores de la historia de Rioja– se revela en un equilibrio maravilloso, raíz de una complejidad soberbia, afinada por el tiempo. Quince años después, conserva una viveza fascinante que se despliega en un conjunto carnoso y evocador: notas de fruta negra madura (moras, arándanos, cereza) y especias entrelazadas con cuero, regaliz, tierra húmeda... sobre un fondo mineral. Su boca sedosa, pura caricia de Rioja, conduce a un final largo, íntimo, que permanece en el paladar. Y en la memoria. Extraordinario.
Hinia 2012
Tempranillo, Graciano, Mazuelo. 13,5 % vol. D.O.Ca. Rioja
Marcado por una añada muy peculiar, se define por su elegancia e intensidad aromática. La sequía de 2012 favoreció la concentración de azúcares y amenazó con restar frescura; pero las lluvias de finales de septiembre equilibraron la maduración, aportando volumen y expresividad. Por eso, el primer Hinia oficial (hasta entonces, Martínez Lacuesta Reserva) muestra más frescura que sus predecesores, y una cautivadora personalidad tejida entre aromas de fruta negra madura, balsámicos, chocolate, caramelo, especias dulces... El tiempo lo hará inmenso.
Hinia 2015
Tempranillo, Graciano, Mazuelo. 13,5 % vol. D.O.Ca. Rioja
Esa finura excepcional, seña de identidad de la casa, teje una expresión marcada por el impecable equilibrio de la añada. Se muestra con una nobleza y una elegancia profundamente seductoras, pleno de aromas: a fruta roja carnosa, especias –canela, clavo–, hojas secas, regaliz, tabaco, notas tostadas. El eco mineral sobresale en una boca sedosa que sugiere hasta dónde puede llegar la maestría afinadora de la bodega. Conjurado con el tiempo, puede llegar a ser uno de los vinos más emblemáticos de aquella añada.
Hinia 2016
Tempranillo, Graciano, Mazuelo. 14 % vol. D.O.Ca. Rioja
Aunque es el más joven, ya apunta el carácter de un vino llamado a perdurar. El equilibrio entre la acidez y el grado alcohólico que caracterizó la añada dotó a los vinos de "una dualidad muy excitante", ese diálogo entre frescura y madurez fenólica que destacan desde la D.O.Ca. Rioja. Probablemente, la interpretación más sensual y refrescante, con un marcado carácter frutal (cereza, ciruela, mora) salpicado de toques balsámicos y especiados, y el eco sutil de la barrica. En boca, acaricia con delicadeza, dejando entrever su prodigioso futuro.



