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A Cunca: artesanía gastronómica en la Costa da Morte

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  • Laura López Altares
  • 2025-09-05 00:00:00

En Buño, el último pueblo 'oleiro' de Galicia, Óscar Souto y Bea Hermida rinden homenaje a la tradición ancestral de la alfarería en cada rincón de su taberna-restaurante, donde los productos locales también moldean una propuesta culinaria muy enraizada en la tierra gallega, pero con un toque original.


En la salvaje y mágica Costa da Morte, con sus aguas indomables y sus leyendas de naufragios y meigas al borde del fin del mundo, un reducto de oleiros y oleiras (alfareros) mantiene vivo en Buño el oficio artesano de la alfarería. Su labor es tan valiosa que la Asociación de Oleiros de Buño fue galardonada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2007. Esta parroquia de Malpica de Bergantiños preserva con orgullo un legado de creatividad ancestral grabada en arcilla que de alguna forma alcanza las vidas de todos sus habitantes.
Como la de Óscar Souto, propietario del restaurante-taberna A Cunca, que con su nombre –una pieza típica de la alfarería local– honra esa bellísima tradición. Cuenta que se lo puso su tío allá por 1984, cuando sus padres abrieron una pequeña taberna en la que solo se servía pulpo, jamón y queso: "Ya había otros dos bares en el pueblo con nombres de piezas de olería, y justo faltaba a cunca".
Aquella tabernita familiar pasó por varias fases, y fue en 2007 cuando Óscar decidió dar forma a un proyecto que llevaba años rondando por su cabeza: montar una taberna-restaurante con dos ambientes y diferentes cartas. "La filosofía fue siempre trabajar un buen producto y darle un toque diferente", explica. Su mujer, Bea Hermida, a la que conoció estudiando cocina, es la chef de A Cunca, y quien prende de talento, imaginación y sensibilidad una inesperada y sabrosísima propuesta gastronómica.  

Raíz y atrevimiento
"Comenzamos a elaborar nuestras propias hamburguesas y pizzas: buscábamos un formato más informal, pero todo supercasero, con buen producto. Eso nos dio un empujón grande porque funcionó muy bien", rememora Óscar. De aquella etapa "más moderna", como la define, mantienen algunos platillos: las Gyozas de ternera con wakame, chuli dulce y mayonesa kimchi y los Torreznos con guacamole son de los favoritos de su clientela. Elaborados con productos locales (la calidad de la ternera gallega de las gyozas es un espectáculo), sorprenden por su punto atrevido y sus sugerentes contrastes. Ambos bocados, exquisitos, se sirven en la taberna, aunque también se pueden pedir en el restaurante (donde los comimos nosotros).
Los dos espacios en los que se divide A Cunca, la zona de taberna y barra y el restaurante, están salpicados de detalles preciosos –las vajillas las han diseñado artesanos de Buño, por supuesto, y hay homenajes a la olería local incluso en las paredes–, y comparten algunas propuestas aunque tengan cartas distintas.
En la taberna, las conservas gallegas marcan el ritmo de los aperitivos con su son de mar: mejillones, zamburiñas, pulpo, xoubas... La monumental tabla de quesos y las croquetas de mejillones son dos entrantes recomendadísimos para compartir con calma.
En la parte del restaurante, que se asoma a un pequeño jardín con muchísimo encanto, los protagonistas son los pescados y las carnes de los alrededores preparados en brasa de leña (las Gambas rojas a la brasa son una sabrosa locura): "Ahora mismo, casi el 80% de la carta está ambientada a la elaboración en brasa de leña. Buscamos respetar el producto y su sabor, que no haya transformaciones", destaca Óscar. El Lomo de rape a la brasa con fabas guisadas o la Chuleta de vaca a la brasa son casi insuperables.

Tierras salinas e indomables
Sobre todo si se armonizan con alguno de los vinos elegidos personalmente por Óscar, cuya pasión vuela en una carta de casi cien referencias que nos divirtió y fascinó a partes iguales. En ella, vinos de toda Galicia hablan de sus raíces salinas y salvajes, de tintos atlánticos frescos y evocadores y de blancos vibrantes que salen a bailar con el Atlántico.
Su selección es magistral: albariños de Rías Baixas de añadas antiguas; originales tintos de Brancellao, Caíño, Sousón y Ferrón; coupages maravillosamente locos de un puñado de variedades autóctonas blancas (Treixadura, Albariño, Lado, Godello y Loureira) de Ribeiro; vertiginosas mencías de Ribeira Sacra, provocadores espumosos...
"Me gusta meter un poquito de pequeños productores, sobre todo gallegos. Para armonizar las gyozas me quedaría con una Garnacha Tintorera de aquí de Galicia, que juega un papel rico", sugiere Óscar. Para los pescados, apuesta por un Godello de la zona de Sober (Lugo): "Es un poquito diferente y juega bien con el pescado, pero también sorprende con la carne".
Dice que últimamente sus clientes se están animando a probar zonas nuevas, así que ha aprovechado para introducir vinos del Loira, de Bairrada, Alsacia, Borgoña... "o de Australia e Italia".
Hace ya tiempo que el mundo dejó de acabarse en Finisterre; de hecho, la Costa da Morte desborda vida atlántica. Como A Cunca.


A Cunca
Rúa do Empalme, 13
15111 Buño, Malpica de Bergantiños (A Coruña)
Tel.  659 127 964
www.acunca.com