- Diana Fuego
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- 2026-06-05 00:00:00
En un rincón del madrileño barrio de Carabanchel, este restaurante lleva más de dos décadas defendiendo la cocina como un acto de respeto –al producto, el fuego y a la tradición– a través de sus brasas, sus míticos asados (y otras suculentas recetas) y una cultura del vino que forma parte inseparable de su identidad.
El fragor de los hornos llega antes que el cordero. También el murmullo de las mesas, el baile de copas y esa sensación maravillosa y extraña –cada vez más– de adentrarse en un restaurante con identidad propia. En Asador Avelino, escondido en un rincón de Carabanchel, la memoria de Castilla aparece viva. En las brasas. En los fondos. En los asados. Y en la manera casi emocional de entender el vino y la hospitalidad.
"Somos un asador castellano en un rincón de Carabanchel", resume A. Diego Fernández, jefe de sala del restaurante desde hace más de dos décadas. Lo dice con orgullo, consciente de lo que significa sostener un proyecto así en un barrio obrero.
Precisamente ahí reside parte del mérito de Asador Avelino: en haber defendido durante años un modelo de restaurante profundamente personal, alejado de artificios y modas, donde el producto y el cuidado siguen estando por encima de todo.
En torno a las brasas
El restaurante forma parte del universo gastronómico de Carlos Bobia, propietario también de Bobia Del Viso, su proyecto más contemporáneo. Pero Avelino juega otra partida. Más pausada. Más ligada al fuego, la tradición y la memoria.
Porque aquí el asado sigue siendo el centro gravitacional de todo. El cordero y el cochinillo aparecen sostenidos únicamente por el tiempo, el fuego y una materia prima extraordinaria.
Sin embargo, Asador Avelino nunca se ha quedado inmóvil. La cocina ha ido incorporando pequeños guiños contemporáneos que enriquecen el discurso sin traicionar la esencia.
Buena parte de esa evolución lleva también la firma de Magdalena García, jefa de cocina de Avelino. Junto a A. Diego Fernández, diseña las cenas maridaje y participa en esa búsqueda de equilibrio entre tradición castellana y sensibilidad contemporánea. Su cocina afina la memoria del asador sin perder el arraigo.
Ahí están las Croquetas de cordero con reducción de tomillo y miel, convertidas ya en uno de los platos más aplaudidos de la casa. O el Rulo de cochinillo, una suculentísima y original elaboración.
"Intentamos respetar mucho la cocina castellana, pero con toques modernos", apunta Diego. Ese equilibrio aparece también en propuestas como la Falsa corvina Wellington con crema de champiñones, los Caracoles a la madrileña o los Chipirones en su tinta –la receta más antigua del restaurante, heredada de la madre de Carlos–. Tradición y juego. Memoria y cierta inquietud contemporánea.
Pero si algo termina de revelar la singularidad de este asador familiar es, precisamente, su relación con el vino.
Relatos compartidos
Porque no funciona como un mero acompañamiento: forma parte del relato. Y se comparte con una pasión casi contagiosa. Diego habla del vino con la intensidad de quien le ha dedicado más de la mitad de su vida: "No puedes decir que no te gusta el vino, sino que no has encontrado el adecuado", defiende.
La carta de Asador Avelino reúne cerca de 300 referencias y mezcla grandes clásicos con hallazgos más singulares. Rioja, Ribera del Duero y Navarra forman la base, pero el recorrido va mucho más allá: Borgoña, Burdeos, Jerez, Champagne... o rarezas difíciles de encontrar fuera de restaurantes muy especializados. "Me gusta explorar las uvas que tenemos en España", afirma Diego. "Buscar garnachas, gracianos, maturanas… Cosas particulares".
El resultado es una carta profundamente personal, pensada siempre desde la cocina y la armonía. Ese trabajo se percibe especialmente en las cenas maridaje que organizan a menudo junto a bodegas y productores. Allí aparece otra de las claves del restaurante: el componente humano. Diego prepara cada menú junto a Madi García en una dinámica donde sala y cocina trabajan constantemente de la mano. "Aquí somos una gran familia", repite varias veces durante la conversación. Y no parece una frase hecha.
En este proyecto forjado desde la autenticidad, se habla continuamente de equipo, del orgullo de crecer juntos. Especialmente emocionante resulta la historia detrás de Bobia Del Viso, abierto en 2017. El logotipo del restaurante reproduce la huella dactilar del padre de Carlos, fallecido antes de ver inaugurado el proyecto. "Cuando vimos la huella, nos emocionamos como si fuera nuestro padre", recuerda Diego. "Eso es una suerte".
Quizá por eso Avelino, que recibió hace unos meses un Solete Repsol, ha conseguido convertirse en uno de los asadores más reconocidos de Madrid. En tiempos dominados por aperturas fugaces y restaurantes construidos alrededor de tendencias pasajeras, Avelino continúa defendiendo algo mucho más difícil: la permanencia. La de esos asadores castellanos improbables que, contra toda lógica, siguen llamando a los clientes por su nombre desde un rincón de Carabanchel.
Asador Avelino
Calle de Joaquín Turina, 42
28005 Madrid
Tel. 915 084 080
www.asadoravelino.com



