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Ramón Estruch

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  • Laura López Altares
  • 2025-09-05 00:00:00

El presidente de FIVIN, la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición, sostiene que una copa de vino en la comida reduce en un 50% el riesgo de infarto, accidente cardiovascular e insuficiencia cardiaca: "Y no hay fármaco que consiga esa protección".


 Los laberínticos caminos que sigue el corazón humano son quizá el misterio más grande que esconden nuestros cuerpos, pero el doctor Ramón Estruch se ha aprendido de memoria sus surcos y secretos, a los que ha dedicado su vida profesional.
Consultor sénior en el Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona y catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, Estruch es también presidente de FIVIN, la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición. Uno de sus últimos estudios sobre los efectos beneficiosos del consumo moderado de vino en la salud, publicado en la revista científica The Journal of Nutrition, Health and Aging, afianza los datos ya recopilados sobre el poder antiinflamatorio del vino: "Sabemos que la inflamación es la base de la mayoría de enfermedades crónicas, como la enfermedad cardiovascular, el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas, etc. Y el vino ha demostrado, siempre tomado con moderación, que tiene un efecto antiinflamatorio que se explica a través de los polifenoles que contiene".
Promovida por FIVIN y OIVE (la Interprofesional del Vino de España), rompe así con la falta de medios para investigar sobre los efectos del vino en la salud: "Nuestra misión es valorar toda la ciencia que se está gestando en el mundo referente al tema de vino y salud y difundir sus efectos, ya sean positivos o negativos. Y, por supuesto, hacer estudios de investigación. Las administraciones, con ese afán de protección total, se niegan a subvencionarlos. Entonces, no hay posibilidad de investigar".
Estruch denuncia que en el momento actual hay muchas campañas de diferente índole que van en contra del consumo de vino: "La razón es que lleva alcohol, y todo lo que lleva alcohol se ha demonizado absolutamente, cuando hay muchos estudios que demuestran que el consumo moderado de vino tiene un efecto superprotector sobre el sistema cardiovascular y sobre la mortalidad. A mí particularmente me cuesta entenderlo porque todo son ventajas en este sentido. La cuestión es que esta campaña antialcohol también ha llevado a criticar y cargarse estudios en los que se analiza el vino siempre en un contexto de consumo moderado. Nosotros hemos tenido muy buena aceptación en la comunidad científica española para hacer estudios de investigación sobre el vino. Hay que ser proactivos y en este sentido ayudar a la sociedad, pero con esos estudios científicos detrás que avalen lo que tú estás diciendo".

Armadura al corazón
Como coordinador de PREDIMED, el estudio multicéntrico de intervención en Dieta Mediterránea de mayor envergadura jamás realizado, Estruch ha investigado a fondo qué papel juega el vino en la protección cardiovascular, y sus conclusiones no dejan lugar a dudas. "En enero, nos publicaron un estudio en el que hemos analizado cuál sería el efecto protector del consumo moderado de vino en una revista de muy alto impacto, European Heart Journal. Su resultado principal es que el consumo de una copa o una copa y media al día, siempre con las comidas, reduce un 50% el riesgo de tener un infarto de miocardio, una muerte cardiovascular, un ictus o una insuficiencia cardiaca. Y este 50% de protección no lo consigue ningún fármaco por mucho que te esfuerces. Por lo tanto, el papel del vino en la protección cardiovascular está muy, muy demostrado", resalta en un potentísimo titular.
Y desvela los siguientes pasos: "Ahora, lo que estamos mirando también es el efecto del consumo de vino, siempre dentro de la dieta mediterránea y con moderación, sobre el cáncer, que sería el tema que nos queda pendiente".
El catedrático también destaca el rol del vino como uno de los pilares fundamentales de la dieta mediterránea, la más saludable del mundo, junto con el aceite de oliva virgen extra y los cereales: "Y si le quitas un pilar a la dieta más saludable, la dieta se empieza a quedar coja. Hay que comer bien y saber beber, hacerlo con moderación y con las comidas si buscas esta protección sobre la salud".

De modas y vértigos
Explica el doctor Estruch que el ritmo enloquecido al que vivimos es una amenaza tangible para nuestra dieta mediterránea y que la cruzada imperante contra el vino también pasará: "Somos muy recalcitrantes, de repente se pone una moda y, al cabo de un tiempo, esta se va y otra vuelve. Con las críticas pasa lo mismo. El alcohol es muy malo en exceso, sin duda. Pero hay muchas otras fuentes de problemas de la sociedad actual, como son las drogas de diseño, y esto no aparece continuamente en los periódicos como el vino".
También apunta a Estados Unidos como un modelo a seguir muy tramposo: "Ahora estamos copiando todo lo malo de Estados Unidos. Allí hay un porcentaje no muy alto de población que se cuida y que come dieta mediterránea, que hace deporte y que intenta cuidar su aspecto físico y psíquico. Pero después están los que tiran de la cocaína y todo esto para obtener más trabajo a un ritmo más frenético, y eso es supermalo para la salud".
Es que la dieta mediterránea, como defiende, no son solo unos hábitos dietéticos, también son un estilo de vida: "Dentro de este estilo de vida estaría la actividad física y también el saber disfrutar de la vida, el estar contento, disfrutar de la comida, disfrutar de la compañía de los amigos... Y esto es muy importante para la salud a largo plazo.  En una carrera de 100 metros te puedes quemar, pero si corres una maratón tienes que ser consciente de cómo te preparas. Y eso es la vida: una maratón".

Maneras de vivir
Al parecer, en esa carrera de fondo, España ocupa una posición privilegiada: "En España no lo hacemos tan mal, es uno los países más longevos del mundo junto con Italia. Pero hay que mantener esto que hemos heredado y, si podemos mejorarlo, mejorarlo", recuerda.
Él mismo se replanteó su propio estilo de vida cuando empezó con el famoso estudio PREDIMED: "Yo creía que comía bien, y entonces aprendí que se puede mejorar. De alguna manera, sí que me he convertido en un forofo de la dieta mediterránea en el sentido de comer y cenar bien: producto natural, si puede ser fresco de temporada, poco procesado, por supuesto, y acompañado de una copa de vino".
Por un momento, la ciencia queda a un lado y Estruch se deja llevar por su lado más hedonista: "Además, la copa de vino también ayuda un poco a relajar las fatigas del día y a compartir más la cena con tu pareja o con tus amigos. Disfrutas más, esta es la verdad".
Autor de varios libros, capítulos de libro y más de 750 artículos originales, Ramón Estruch es uno de los mayores expertos del mundo en dieta mediterránea, y por eso hemos aprovechado para preguntarle por una comida ideal, rica y saludable: "Pongo  como ejemplo tomar de primer plato algún vegetal de temporada (también podrían ser hidratos de carbono) y, de segundo, una carne o un pescado de temporada. Sin olvidar el postre y una copa de vino. Esto es lo que suelo hacer yo. Aunque los ingredientes van cambiando en función de la temporada. El vino puede ser blanco o tinto dependiendo de tus gustos y de lo que estás comiendo".
Confiesa que no tiene preferencias en cuanto a zonas o uvas, aunque le apasiona explorar nuevas regiones: "A mí la verdad es que me gustan todos porque hay mucha calidad. Cuando viajo con mi mujer por España sí que nos gusta tomar vinos locales porque así los probamos, pero cuando estamos aquí en Barcelona consumimos de todo un poco, vamos cambiando". Por placer, convicción... ¡y hasta por autoprescripción médica!