- Laura López Altares
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- 2026-02-10 00:00:00
La voz del carismático enólogo de Cruz de Alba, reconocido por Tim Atkin como 'Viticultor del Año' de la Ribera del Duero, se aleja de lo esperado y explora, a través de la biodinámica, la manera de estimular el equilibrio en la viña, una quimera que cada día siente más cercana.
R eivindicar el equilibrio genuino del suelo, devolverle su latido y lograr que el viñedo se integre de forma armónica en el ecosistema: ese es el propósito de Sergio Ávila, enólogo de Cruz de Alba, una de las voces más sensibles, valientes y peculiares del sector en nuestro país. Reconocido por Tim Atkin como Viticultor del Año en su informe anual Ribera del Duero 2025, defiende que una viña equilibrada es el secreto de todo y, para conseguirlo, ha llevado la alquimia de la viticultura biodinámica un paso más allá, incorporando productos homeopáticos que respetan al máximo la planta y toda la vida que la rodea.
El Master of Wine británico destaca que es "un hombre que piensa, respira y vive la biodinámica", subrayando ese poderoso vínculo con la naturaleza y el viñedo: "He conocido a muchos viticultores en mis 40 años escribiendo sobre vino, pero muy pocos con la misma conexión con sus viñas".
Para Sergio, este reconocimiento va más allá de lo individual: señala una manera de mirar al viñedo... y a la vida. "A grandes rasgos, creo que la biodinámica es la virtud –o el don– de elegir el momento y una herramienta preciosa para que tus acciones tengan el mejor efecto posible. Es tener en cuenta tu momento anímico, el momento astronómico y astrológico, y el momento fisiológico de la planta y del suelo para tomar una decisión determinada en el vino, en la viña y en tu día a día. Parar es fundamental para vivir, necesitas tener las cosas claras y recopilar esa información. Cuando haces en cada momento lo que crees que debes hacer, te podrá salir bien o no, pero nunca te equivocas".
La filosofía del alquimista
Aunque cuesta imaginar a este carismático alquimista de la viña siguiendo un camino diferente al de la biodinámica, confiesa que hubo un tiempo en el que trabajó en "proyectos convencionales", como él los denomina, hasta que el lado más salvaje y natural del vino irrumpió en su vida con la fuerza de un fortuito cometa: "Creo que cuando el alumno está preparado, aparece el maestro. Y es lo que me pasó a mí. Mi hija nació con problemas de dermatitis atópica y, buscando y buscando, encontramos alternativas que nos ayudaron a sanarla. Todo esto se me planteó de la noche a la mañana, sin esperármelo. Me di cuenta de que se podían hacer las cosas de otra manera y me replanteé todo: mi vida, mi trabajo... Tuvo que suceder algo que me abriera la ventana de oportunidad de elegir este camino".
Aquella suerte de catarsis le dio el impulso definitivo para adentrarse en la filosofía que marcaría su futuro y, con el tiempo, transformó Cruz de Alba en la bodega más singular y libre del grupo Zamora Company. "Poco a poco empezamos a introducir nuevas ideas, nuevas metodologías, y trabajamos en ecológico cuando prácticamente no lo hacía nadie. ¡La gente decía que éramos unos locos porque dejábamos cubiertas vegetales! Lo que estábamos buscando era dar identidad a los suelos de nuestra Finca Los Hoyales y tener más microbiota, que desde mi punto de vista es la esencia. Y tanto el suelo y la viña como nosotros fuimos evolucionando, creciendo, fluyendo con la naturaleza que nos circunda", explica Sergio con un entusiasmo fuera de lo común.
En 2007 ya apostaron por la biodinámica, y comprobaron que los suelos y los vinos se volvieron mucho más ricos, vivos y aromáticos. Por eso dieron el siguiente gran paso en 2011: introducir la agrohomeopatía, que estimula la vida del suelo y restaura el equilibrio natural en la viña mediante preparados especiales. "Si tu viñedo pertenece al ecosistema, se enriquece de una manera mucho más holística y profunda. Y estás dotando de personalidad y singularidad a tus vinos porque, al final, nuestros suelos, nuestro viñedo, los pinares, el monte... El ecosistema es único, es irrepetible, y hay mucho más debajo de nuestros pies de lo que verdaderamente podemos resumir en arena, limo y arcilla".
Recuerda que a través del uso de productos químicos de síntesis se combaten posibles enfermedades y plagas de la viña, pero conlleva un daño en la microbiota que desvitaliza los suelos: "Esa desvitalización se traslada a los vinos, les estás quitando el alma porque la microbiota lo es todo. Hay que conseguir que tu alimento sea tu medicina y tu medicina, tu alimento. Verdaderamente, te das cuenta de que es así con las personas y también en la viña: cuando tú tienes un suelo equilibrado vas a tener una viña equilibrada y sana, y también un vino equilibrado y sano. Ahí radica el secreto".
El pulso de la tierra
Su descripción del vino es igualmente evocadora (y reveladora): "El vino es como una radiografía de lo que está viviendo en el campo, tiene un componente sensitivo fundamental. Un sorbo de vino te puede llegar a decir muchísimas cosas sobre tu terruño, el entorno, el paisaje, la uva, tu trabajo, tu filosofía, las personas que lo elaboran, las carencias y las virtudes que tenemos... Llegar a saborear todo eso es la verdadera magia".
¿Y a qué sabe ese terruño privilegiado, en plena Milla de Oro de la Ribera del Duero, y tan radicalmente distinto al mundo que lo rodea? Según la persona que mejor lo conoce, "huele y sabe a compromiso y a respeto". Y a honestidad en rama.
Mientras pasea junto a su perro con unas "vistas espectaculares al viñedo y al valle del Duero", aparece en escena un corzo y se escucha una llamada ancestral. "Me temo que esto va a parecer El hombre y la tierra", bromea entre risas. Desde luego, su pasión por esas viñas y esa tierra es inconmensurable, casi reverencial: "Me siento un afortunado de poder estar aquí, de poder vivir, disfrutar y hacer lo que el cuerpo me pide y la mente me demanda. Al final, creo que también se traduce en una sanidad emocional importante, y eso se refleja en tu trabajo y en tus vinos".
La idea de entender la naturaleza como un solo organismo y la viña como un ente vivo es el corazón del proyecto, y el único camino para restaurar el equilibrio en el suelo y la planta: "Mucha gente todavía defiende el estrés en la viña como un don de la concentración, pero es que estresado nadie trabaja bien. Tú tienes que tener un trabajo cómodo que te permita estar activo, pero no sometido. Y con la viña y los suelos pasa exactamente igual. Cuando tú entiendes ese equilibrio precioso, la viña está sana, los vinos están sanos, y en la bodega prácticamente no tienes que hacer nada".
Uno de los métodos más curiosos que utiliza Sergio Ávila para trabajar ese equilibrio es la radiestesia, que le permite dialogar con la viña valiéndose de distintas herramientas (como varillas o péndulos): "Es una forma de tomar el pulso a la energía del suelo, a la viña, a ti mismo, a los árboles, al agua con la que vas a regar, etc. La radiestesia también nos permite esa comunicación con el suelo, con la planta. Y tienes esa información vital para elegir mejor el momento, el producto, las herramientas... Hablar con las plantas puede parecer un poco loco, pero cuando las plantas te responden es que ya has tocado fondo [risas]. A nosotros nos llevan respondiendo muchos años".
Futuro radical
Incluso cuando mira hacia el mañana, Sergio Ávila apunta a la raíz: "Me gustaría que el viñedo estuviera plenamente integrado en el ecosistema. Cuando logremos eso, se va a notar en el vino, porque también tiene alma y lo reflejará. Me gustaría explorar nuevos materiales: tinajas, algún depósito de hormigón... y elaborar de la manera más tradicional, como lo hacía mi abuelo en casa. El cuerpo me pide trabajar de una manera consciente y respetuosa. Mucha gente me pregunta que para cuándo un vino natural en Cruz de Alba. Bueno, será el próximo paso. Primero tendremos que aprender a hacerlos y luego yo creo que también es importante que el mercado esté maduro para aceptarlos".
El último pensamiento de este enólogo maravillosamente atípico vuela, irremediablemente, hacia sus viñas: "Tenemos que ser capaces de fluir con la naturaleza, de tener una viña que nos dé una cantidad y una calidad duraderas, una viña en equilibrio. A mí nadie me la ha dado, pero yo sí que voy a intentar dársela a alguien de manera gratuita y honesta". El suelo recuerda. Y responde.

