- Redacción
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- 2025-09-05 00:00:00
Viña Salceda vive un momento ilusionante, de esos que mezclan a partes iguales responsabilidad, emoción y, por qué no decirlo, vértigo. La nueva era de esta bodega con más de 50 años de vida se centra en trasladar a sus vinos la autenticidad y diversidad de Rioja.
A veces, basta una curva del Ebro, un giro en cualquier camino entre viñas, para entender qué significa Rioja cuando se pronuncia con respeto. Allí, al abrigo de la Sierra de Cantabria, Viña Salceda lleva más de medio siglo afinando una idea: el vino, antes que técnica, es una forma de contar el lugar donde nace. Fundada en 1969 por viticultores de Elciego que quisieron mirar al futuro sin soltar la mano de la tradición, la bodega fue pionera en su tiempo. Pero el tiempo no se detuvo, y Viña Salceda tampoco.
Hoy, bajo la dirección de David González –enólogo de mirada limpia y oído fino para los susurros del viñedo–, la bodega renueva su promesa: hacer vinos que no imiten, que expresen; vinos que no respondan a una moda, sino a una geografía, a una identidad. Porque, en Rioja, el mapa es también una biografía sensorial; cada parcela, un verso, y cada vino, una lectura posible.
Cartografía de un sueño
Viña Salceda entiende el vino como una conversación con el paisaje. Y, como toda conversación verdadera, exige escucha, criterio, paciencia. La bodega ha apostado por sumarse con convicción al nuevo modelo de Rioja, ese que distingue entre vinos de región, de zona, de pueblo o de viñedo singular, no como un gesto de modernidad, sino como un acto de honestidad: no todos los suelos cuentan lo mismo, no todas las uvas saben igual, no todo debe mezclarse hasta volverse indistinto.
De esta escucha nacen sus vinos: los de Garnacha del Alto Najerilla, con su frescura que parece nacida del viento; los de la Sonsierra, donde la Tempranillo cobra una dimensión carnal y concentrada; los que beben de la hondura de los Montes Obarenes o de la exuberancia aromática de las riberas del Cidacos y el Ebro. En Viña Salceda trabajan con la intención de interpretar un lugar.
Esta filosofía se sostiene en prácticas que rehúyen la grandilocuencia: vendimia manual, intervención lógica, seguimiento constante de cada parcela en su maduración, como quien cuida un fruto con la delicadeza de quien conoce el ritmo exacto de su respiración. La sostenibilidad aquí es una consecuencia de una forma de trabajar, de mirar, de no forzar lo que la tierra no da por sí sola.
El vino como lenguaje
En el corazón de esta visión están los vinos. No como productos, sino como gestos. Viña Salceda ha dividido su propuesta en dos colecciones complementarias, que funcionan casi como capítulos de una misma novela.
Atempo, como su nombre sugiere, es un juego con el tiempo, con sus tempos. Aquí, la bodega reinterpreta los códigos clásicos de Rioja con un pulso contemporáneo. El blanco sobre lías tiene la textura de una conversación pausada; en el crianza, la fluidez amable es su sello. En el horizonte se dibujan ya un reserva y un gran reserva, que ampliarán esta partitura de elegancia controlada y fruta expresiva.
Parajes, en cambio, es la apuesta más íntima. La línea que pone el foco en la singularidad, en el detalle. Su primer exponente, La Rellanilla, es un Tempranillo de altitud nacido en Laguardia, y también el primer vino de la casa en lucir la mención Vino de Pueblo. Es un manifiesto de precisión. Le seguirán Picopalomares, ensamblaje de Tempranillo y Graciano nacido en Sonsierra, y Cabezaparda, una Garnacha del Alto Najerilla que honrará la viña vieja.
Detrás de esta arquitectura enológica está David González, algo así como un topógrafo del alma del vino. Con más de 25 años de trayectoria y una obsesión clara por la autenticidad, ha sido clave en el redescubrimiento de viñedos olvidados, algunos de más de 70 años, en zonas a las que otros ya no miraban. Su trabajo busca la verdad del origen: vinos precisos, fluidos, que no necesitan explicar demasiado para ser comprendidos.
Viña Salceda nos invita a que escuchemos en sus vinos melodía emocional, una línea de tiempo que empieza en la tierra y acaba en la memoria. Es Rioja sin disfraz, sin nostalgia, pero con todos sus acentos intactos. Un proyecto que afina el presente con un trazo líquido de formas exquisitas.
Viña Salceda
Ctra. Cenicero, Km. 3
01340 Elciego (Álava)
Tel. 945 606 125
info@vinasalceda.com
Instagram: @vinasalceda

