- Redacción
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- 2025-12-09 00:00:00
En el Valle Hoya de Torres, uno de los lugares más reconocidos de Jumilla para el cultivo de la Monastrell, se encuentra Viñedos y Bodegas Xenysel, un proyecto que nació como un sueño personal y hoy es un símbolo de continuidad familiar.
S u origen está en la figura de José María, un viticultor que ha trabajado junto a su familia en el campo desde que tiene uso de razón, aprendiendo desde muy joven que la tierra exige paciencia, respeto y constancia. Esa experiencia, unida al privilegio de cultivar vid en uno de los valles más valorados de la D.O.P. Jumilla, lo impulsó en 2006 a hacer su sueño realidad y crear su propia bodega. Pero ese sueño nunca estuvo pensado como un camino en solitario. José María dio forma al proyecto que tanto le entusiasmaba junto a su mujer y como homenaje a sus tres hijas, pues Xenysel es una composición de los tres nombres de sus tres hijas: Xenia, Nydia y Selene, que, hoy, casi dos décadas después, trabajan junto a su padre para continuar la historia que él comenzó.
Paraje idílico
La bodega sigue creciendo poco a poco, fiel a un ritmo que respeta la naturaleza, la ecología y la vida rural. La familia posee casi 180 hectáreas de viñedo propio a lo largo del Valle Hoya de Torres, un paraje entre las sierras de La Cingla y Los Gavilanes conocido por su historia y la personalidad de sus vinos. Son tierras arenosas y de roca caliza entre los 900 y 1.000 metros de altitud donde los picos de temperatura son bastante elevados y diferenciados.
En el valle, rodeado de monte, el clima obliga a la vid a resistir y fortalecerse, y esa misma dureza es la que imprime carácter a todo lo que se produce allí. Pero lo más sorprendente es el vínculo emocional de la familia con estas parcelas: muchas de ellas llevan generaciones en manos de la familia Martínez, y entre las cepas más viejas, que rondan los 85 años de edad, se encuentran auténticas joyas de Monastrell Pie Franco que han sobrevivido al paso del tiempo.
Tradición en el quehacer
En Xenysel todo se hace con una mirada pausada. La familia trabaja el viñedo como lo hacían sus antepasados: a mano, con conocimiento heredado y la certeza de que cada gesto influye en el resultado. La bodega está tan cerca del viñedo que, en vendimia, la uva llega a bodega fresca y sin prisas. Esa es una de las razones por las que sus vinos mantienen un perfil constante, honesto y equilibrado.
La filosofía de la familia se sostiene sobre valores sencillos pero firmes: cuidar la tierra, tradición en el quehacer y mantener viva la esencia familiar. Tras cinco generaciones dedicadas a la viticultura y dos volcadas ya en la elaboración de vino, la familia ha aprendido que la autenticidad no se improvisa; se construye con años de trabajo silencioso. Por eso, más que una bodega, Xenysel es una forma de vivir el campo, una manera de entender el tiempo y de respetar el legado recibido.
José María transmitió su pasión por la viticultura a Xenia, Nydia y Selene, que crecieron rodeadas de viñas, aprendiendo a valorar el esfuerzo que sostiene cada cosecha. Este año, la historia de la bodega ha entrado en una nueva etapa, pues el relevo generacional se hace cada vez más presente y las hermanas ocupan ya un papel fundamental: miran hacia el futuro para situar los vinos de la familia en nuevos lugares y abrir nuevas puertas sin renunciar a la esencia que ha marcado a Xenysel desde su nacimiento.
Monastrell en estado puro
De producciones limitadas y elaborados de forma totalmente ecológica, los vinos de Xenysel son, ante todo, una expresión sincera de la Monastrell. La familia se ha convertido en un referente en esta variedad, elaborando vinos que muestran su carácter más puro, sin artificios ni adornos, tal como nace en el valle. Quien cata la Monastrell de Xenysel descubre la esencia desnuda de la uva, la autenticidad de un territorio y el respeto absoluto por la tradición.
A esta identidad se suma ahora La Cueva del Tío Amable, un vino de parcela y producción muy limitada que revive una historia. Su origen se remonta a los años cuarenta, cuando en una de las viñas de los Martínez, un bandolero llamado Amable encontró refugio en una cueva que aún permanece en el viñedo familiar, ocultándose así de las autoridades. Las hermanas han recuperado este relato y le han dado un giro luminoso, transformando las uvas de esa misma parcela en un vino de fermentación carbónica y elaboración en abierto siguiendo las directrices de Juan Santos, el enólogo de la casa. Actualmente, la bodega ofrece visitas a la propia cueva, donde los visitantes pueden catar el vino del bandolero en el lugar que le dio nombre acompañado de un pequeño aperitivo, creando así una experiencia que une historia, paisaje y vino en un mismo gesto.
Xenysel es, en el fondo, la crónica de un sueño que se transmite de padres a hijas. Un proyecto en el que la calidad nace del cariño, la elegancia surge de la sencillez y la tradición se convierte en futuro gracias a una familia que ha decidido seguir caminando unida, paso a paso, como lo ha hecho siempre.
Viñedos y Bodegas Xenysel
Valle Hoya de Torres, polígono 5, parcela 5. 30520 Jumilla (Murcia)
Tel. 627 251 886
www.bodegasxenysel.com



