- Diana Fuego
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- 2026-04-10 00:00:00
A través de un apasionante estudio, la bodega de Quel ha explorado el efecto de las añadas (2017-2021) en el perfil de su vino más emblemático, traduciendo la voz del viento o la lluvia: de la balsámica humedad de 2018 al bello y complejo equilibrio de 2020.
Bajo la poderosa mirada de la Sierra de Yerga, el pueblo de Quel –con su ancestral barrio de bodegas– custodia los secretos del destino "donde Baco tuvo más templos que en Grecia". Bretón de los Herreros evocó así este histórico pueblo donde los viñedos de altura se aferran a suelos pobres y frescos, dibujando uno de los paisajes más recónditos y singulares de Rioja Oriental.
Desde 2017, la familia Pérez Cuevas rinde tributo a su lugar de origen a través de Mi Lugar, un vino que se ha convertido en un "relato íntimo del territorio". En Quel, cada viñedo ocupa un lugar distinto en la montaña, entre los 580 y los 800 metros de altitud. En apenas unos kilómetros, el paisaje se transforma: cambian los suelos, las exposiciones, la intensidad del sol. Cada parcela es un mundo. Y Mi Lugar es la suma de todos ellos.
Traducir la naturaleza
No hay una fórmula fija, sino una interpretación sensible y constante. Cada añada redefine el ensamblaje y ajusta los porcentajes en función de lo que cada viña expresa. Entender qué ocurrió en ese lugar, en ese año, en ese instante concreto... es el punto de partida de un proyecto apasionante que propone, a través de cinco añadas (2017-2021), escuchar cómo escribe el clima el vino y traducirlo en sensaciones. La clave está en que "la añada climática moldea el perfil del vino al influir en la maduración de la uva, el equilibrio de azúcares, acidez y polifenoles, y la expresión del terruño".
Cada variación, cada cambio en la temperatura, en la lluvia o en el viento, deja una huella que se puede medir... y sentir (prestando atención a sus aromas, texturas, color y sabor).
Un verano tan cálido como el de 2017 se refleja en el vino en forma de aromas intensos a frutas negras (arándanos, casis) y sabores carnosos; y noches tan frescas como las de 2019 preservan la acidez y contribuyen a un equilibrio ideal, con aromas vibrantes de grosellas, cerezas y notas balsámicas, y una boca fresca y aterciopelada.
El eco del origen
Las diferencias entre un año húmedo y otro seco también se perciben con absoluta nitidez en Mi Lugar: los años más húmedos, como 2018, acentúan la frescura y los matices balsámicos, mientras que la falta de agua provoca estrés hídrico, concentrando azúcares y taninos, y perfilando vinos más intensos y profundos, como en 2017.
El ciclo de la vid también influye de forma decisiva: una maduración lenta (2018, 2019) favorece la acumulación de polifenoles, dando taninos suaves y aromas complejos (incienso, trufa en 2019); mientras que una maduración rápida (2017, 2020) concentra azúcares, potenciando sabores frutales maduros, pero con riesgo de menor acidez.
En esencia, cada perfil climático se traduce directamente en el carácter del vino: intensidad y estructura en los años cálidos y secos; frescura y equilibrio en los más húmedos; y armonía y complejidad cuando el clima encuentra su punto justo.
En lo aromático, el patrón es igualmente claro: el calor potencia la fruta negra madura y las especias, y la frescura resalta los matices balsámicos.
Lo extraordinario de este proyecto no es solo su base técnica, sino su capacidad para traducirla. Para llevar lo invisible –los datos, las condiciones climáticas– a algo que puede sentirse.
Así, el calor se convierte en fruta madura. La frescura de la noche, en tensión y viveza. La lluvia, en volumen y profundidad. El viento, en matices que recuerdan al monte, al romero, al tomillo. Cada añada de Mi Lugar es una emoción distinta: desde la intensidad especiada de 2017 hasta la frescura envolvente de 2020 o el carácter aún por descubrir de 2021. No es un vino estático, es un relato en movimiento.
El proyecto avanza ahora afinando su mirada: no solo al clima, sino también a los suelos y al entorno inmediato de cada viñedo, para comprender cómo cada parcela imprime su propia huella en la expresión aromática del vino. Y, en el fondo, todo conduce al lugar.
Mi Lugar es, en última instancia, una forma de escuchar: al clima, al suelo, al tiempo.
Bodegas Queirón
Bodega Nº9 del Barrio de Bodegas de Quel
26570 Quel (La Rioja)
Tel. 941 234 200
www.queiron.es



