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Salta: Norte de Argentina

  • Redacción
  • 2004-02-01 00:00:00

Tras un viaje por paisajes insospechados, el norte de Argentina, con Cafayate como centro vinícola y patria de la variedad Torrontés, ofrece al viajero amante de la ventura y el buen vino un mundo de emociones. El tiempo se ralentiza, el viñedo decora de verde los secos contornos de la cordillera y trepa buscando el frescor. Es el techo vitivinícola del mundo. Nuestro Corolla blanco no para de vibrar en el «ripio» de la mítica ruta 40 que atraviesa Argentina casi de norte a sur, un polvo finísimo se cuela a través de la más pequeña de las ranuras. Llevamos varias horas de camino desde que hemos dejado atrás la ciudad norteña de Salta, primero subiendo por la Cuesta del Obispo hasta la Piedra del Molino, luego atravesando el Parque Nacional de Cardones por la recta de Tin Tin hasta Cachi, al pie del Nevado de Cachi con su altura de 6.380 m. A su lado, el viñedo más alto del mundo (3.015 m. sobre mar) en Payogasta parece un broma. Un rebaño de ovejas nos hace aminorar la marcha de 20 km. por hora a paso de peatón, y la carretera parece el cauce de un río. David, mi guía, pone en el casette «Bad Moon Rising» de los Creedence Clearwater Revival a todo volumen, una lágrima de felicidad se escapa, y es como si se anunciara en el ambiente que algo importante va a ocurrir. Estamos en el fin del mundo pero al comienzo de un nuevo viaje vinícola inolvidable. En Molinos dejamos la mal llamada Nacional 40 para adentrarnos en la ruta 53. Poco después de un criadero de vicuñas – su lana es la más preciada - reza un letrero: "En los próximos 21 Km. usted esta transitando la Estancia orgánica Bodegas Colomé"; se pide respecto a la naturaleza. Sigue el ripio, sigue el polvo y el sonido de los Creedence compite con el traqueteo de la suspensión algo gastada. El camino se hace interminable pero de repente divisamos a lo lejos una mancha verde – parece un espejismo pero según nos vamos acercando se convierte de momento en una verdadera oasis. Salta a la vista Es el reino de Donald Hess, un suizo rico que ha elegido este lugar del mundo para crear su cuarta bodega en el cuarto continente. Ya posee desde hace 25 años la Hess Collection Winery en California, en Sudáfrica es propietario de Glen Carlou y, en Australia ha ganado en diciembre de 2003 un juego de poker de 100 millones de dólares contra la multinacional Allied-Domecq con la compra de la bodega de Peter Lehmann en Barossa. En Argentina se asentó en 1999 con la plantación de los viñedos más altos del mundo (2,2 hectáreas a 3.015 m. de altitud) en una finca de 25.000 hectáreas en Payogasta. La compra de Colomé Estate se inició en su primera visita a Argentina con la cata de un vino: «un diamante en bruto», exclamó entonces. Es la bodega más antigua fundada en 1831 por el último gobernador español de Salta, Nicolás Severo de Isasmendi y Echalar, pero se cuenta que a finales del siglo XVI el jefe indio Colomín la recibió de los conquistadores españoles por los buenos servicios prestados. El simpático gerente Stefan Moeckli nos recibe como si fuéramos viejos amigos. Todo parece estar en armonía, como si éste fuera un lugar ideal para vivir momentos de plena serenidad. Una visita al viñedo, mancha verde en este desolado paisaje, explica la calidad de los vinos de Colomé. No sólo está cultivado con el esmero y rigor de un fundamentalista de la biodinámica: muchas de la cepas cuentan con más de 150 años de edad y 60 el resto, lo que se traduce en bajos rendimiento y frutos de extraordinaria concentración. Por cierto, cuando desciende alarmantemente -esto no es Borgoña- se corta el tronco de la vieja vid a ras de tierra. Al año ya se puede recolectar una nueva cosecha, debido a su desarrollado sistema reticular. La cata de sus primeros vinos, en particular su Colomé Reserva, un tinto de las viñas más viejas, demostró el carácter que estas tierras pueden imprimir a sus vinos. Tierras secas, de noches muy frías y días cálidos, permanentemente soleadas y con una elevada radiación ultravioleta que da a las uvas una personal tonalidad oscura. Ha bastado un día en este paraje singular para saber que pronto o tarde estaremos de vuelta. Casi con pena seguimos nuestro camino por la ruta 40 a lo largo del río Angastaco, con la compañía a nuestra izquierda de la Sierra de Apacheta. En el pueblo de Angastaco otro viñedo emerge como un oasis del blanco paisaje desértico. A la entrada del pueblo, la familia Merluza está construyendo una curiosísima bodega en forma de iglú. Pasado el pueblo, cruzamos el Corte del Cañón donde se inicia la Quebrada de las Flechas, zona de plegamientos de arenisca, multicolorido y de una extrema belleza. De nuevo cardones de gran altura nos guían. En Animaná comienzan los cultivos más extensos de viñedo. Un Torrontés de altura A unos ocho kilómetros de Cafayate hay un empinado caserío llamado San Pedro de Yacochuya. Los viñedos cubren allí las soleadas laderas de la montaña y disfrutan de un subsuelo húmedo, incontaminado, que permite a las uvas expresar todas sus virtudes. Allí, el bodeguero Arnaldo Etchart, en colaboración con Michel Rolland -conocido como «monsieur Merlot»- produce vinos de gusto internacional, perfecta elaboración y diseño atractivo. Es el toque «Rolland», que gusta pero no entusiasma, tal vez porque se busca una aceptación sin complicaciones. El riesgo está descartado, lo que para muchos bodegueros es una bendición. Pero lo más sorprendente de San Pedro de Yacochuya es su Torrontés, un blanco vertiginoso, de 13 grados de alcohol, que se contagia de las alturas de ese lugar de ensueño. Vinificado con las técnicas más modernas, este Torrontés Riojano de Salta es uno de los grandes vinos blancos del mundo. Tiene un alma seráfica, un color pálido virginal con reflejos dorados, y exhala un perfume que huele a rosas, a durazno blanco, a miel florida y a especias. En la boca es largo, de sabores bastantes complejos... misteriosos, indescifrables, que dejan un retrogusto agradable e intenso. Es potente y suave al mismo tiempo, como corresponde a un vino elaborado con uvas que crecen a dos mil metros de altura. Pero el Torrontés del norte argentino es mucho más que un buen blanco, es toda una filosofía. La que le ha llevado a Mª Isabel Mijares, la enóloga española que dicta su magisterio en tierras sudamericanas desde hace décadas, a elaborar un vino personalísimo y arriesgado, con la gracia y corpulencia de los blancos de altura. Etchart es una visita obligada, una de las bodegas más antiguas de Argentina, fundada en 1850. En Salta posee 300 has. con viñas relativamente jóvenes, regadas por inundación, práctica habitual en la zona. Actualmente es propiedad del grupo Pernod-Ricard, que ha sabido mantener ese difícil equilibrio entre tecnología y tradición, producción elevada -casi siete millones de botellas- y calidad. José Luis Mounier, el enólogo responsable, ha conseguido con su línea «Etchart Gran Reserva», y en particular con su Arnaldo B., vinos de gran expresividad, aunque un tanto «afrancesados». De nuevo, la irresistible influencia de Michel Rolland. Otro Michel, esta vez Torino, es un nombre mítico en la región. Fue fundada por los hermanos David y Salvador Michel en 1892 en el privilegiado valle de Cafayate, en Salta. Cuando David Michel se casa con Gabriela Torino surge el prestigioso nombre de la bodega «Michel Torino», localizada en los valles calchaquíes, en el departamento de Cafayate. Se trata de un valle situado a 1.683 metros de altitud, con tierras sueltas, permeables, arenosas, muy pobres en materia orgánica, lo que hace posible que las cepas desarrollen al máximo sus aromas y gustos característicos. El mejor ejemplo es su «Altimus», elaborado con una rigurosa selección de uvas Malbec, Syrah y Cabernet Sauvignon, y envejecido durante 12 meses en roble nuevo francés. Con sólo 10.000 botellas, se ha convertido en el buque insignia de la Bodega La Rosa. Restan muchas botellas por probar. En las localidades salteñas de San Carlos, Angastaco, Santa Rosa, Tolombón y El Barrial, por ejemplo, hay una interesante producción artesanal de vinos que sólo se venden en el mercado local. Entre los productores, bien conocidos en Tolombón, están los Cabezas, la familia Zuleta y Adolfo Lovaglio. En Cafayate se encuentra el taller artesanal Utama; en El Barrial, don Martínez; en Santa Rosa, Santa Rosa Artesanal; y en San Carlos, la familia Martoreli. Llega la hora de volver. El viaje ha tenido mucho de aventura, pero también de confort y placer. Desde el viñedo más alto del mundo se ven las cosas de otra manera. Y se saborea el tiempo con reposado deleite. Un sol de justicia abrasa el paisaje, y un extraño letrero, «Helados Miranda», con un helado de Torrontés y Cabernet, reclama la atención del viajero. Yuyo Montes, su creador, nos cuenta que ha tardado tres años en poner los sabores a punto. El frío aromatizado alivia el calor y deja un imborrable recuerdo de buen vino. (heinz.hebeisen@vinum.info) estancia colomé Ruta Provincial 53, km 20 4419 Molinos, Provincia de Salta, Argentina Tel./Fax: +54 (0) 3868/494044 estancia@bodegacolome.com www.bodegacolome.com La Estancia Colomé se encuentra en el valle de Calchaquí a una altura de 2.300 metros, a 240 km de Salta (4 horas) y a dos horas de Cachi. Las cepas más antiguas, Malbec y Cabernet Sauvignon, son prefiloxéricas importadas en 1854 desde Burdeos. Desde la adquisición por el Grupo Hess las inversiones han sido constantes, pero no solamente en el viñedo, que se cultiva de forma biodinámica: se ha construido una iglesia con una capacidad para 240 personas, un centro comunitario multifuncional con una pequeña tienda, un horno de adobe, una sala de reuniones para fiestas y un depósito de agua para generar electricidad. De las 300 personas que viven en la estancia 90 trabajan en la finca. La Estancia es un lujoso hotel-boutique rural, regentado por la suiza Beatrice Moeckli, en un entorno perfecto para relajarse y disfrutar de excelentes comidas, vinos, arte y actividades al aire libre. Tiene dos suites grandes de 55 m2 y siete suites junior de 42 m2. No falta una biblioteca una sala Internet, solarium y sala de meditación. Excelente cocina a cargo del joven chef Gonzalo Doxandabarat. Precio Junior Suite: 145$ noche. Precio Master Suite: 210$ noche. regiones vinícolas CATAMARCA Es una pequeña área con vinos de calidad media; las uvas son mayoritariamente utilizadas en la zona para la elaboración de un Brandy local. LA RIOJA Seguramente el nombre es originario de España, esta es una tremenda región cálida que produce vinos de graduación alcohólica alta, baja acidez, y no tan a menudo, oxidaciones en la botella. MENDOZA Esta es la región más larga de viñedo en Argentina donde se concentran más de las dos terceras partes de la producción total. Hay más de 30.000 mil productores independientes en esta región predominantemente de vinos tintos, donde la variedad de uva Malbec es la más impontante, Cabernet Sauvignon la mejor; otras variedades que se incluyen son la Tempranillo, Pinot Noir y Syrah. En lo referente a variedades blancas se incluyen la Chardonnay, Chenin Blanc, Johannisberg Riesling y Muscat. RIO NEGRO Esta región es la más delicada para el cultivo de uvas, posee menos del cinco por ciento del viñedo argentino. Ahora que esta zona tiene un clima más estable debido a la influencia del río negro. Probablemente sea el futuro de producción de los vinos finos de Argentina. SALTA Esta región cubre menos de la mitad del uno por ciento de todos los vinos de la ciudad. La calidad, normalmente, es razonable en las localidades de Argentina, y, con una fuerte influencia de expertos extranjeros, podría ser una apuesta para la elaboración de vinos elegantes. SAN JUAN Mucha sequedad, altas temperaturas y grado alcohólico elevado, baja acidez son atributos suficientes para que las producción que se cosecha aquí se dediquen a la exportación en forma de concentrado de uva.

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