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Toro, el descubrimiento del Medievo

  • Redacción
  • 1999-12-01 00:00:00

Cuentan las crónicas que gracias al poder alimenticio y medicinal del vino de Toro lograron muchos peregrinos medievales arrastrar sus fatigados cuerpos hasta los pies del apóstol Santiago y ganar así el jubileo. Cuentan también que Diego de Deza bautizó a la primera carabela que arribaría al nuevo continente como La Pinta en honor de la medida con que se comerciaban los vinos de su tierra, Toro. Y todas coinciden en describir aquellos tragos como ardientes, robustos, francos y bien armados. Y hasta les aplican refranes que más parecen ripiosos slogans publicitarios de los años dorados de la radiofonía: “Tomando vino de Toro, más que comer, devoro”.
Con esas premisas se entiende que fueran relegados hasta hace poco, y que su graduación que puede alcanzar sin dificultad los 16° y su rotundo color los mantuvieran en la categoría de populares vinos antiguos. Hizo falta mucho tesón por parte de visionarios para transformar lo que era un mar de graneles en los vinos de futuro que son hoy. El despegue espectacular se ha producido en poco más de cinco años pero atrae a la zona a los capitales más sólidos y a los elaboradores más famosos del país y hasta de medio mundo vitivinícola. Todos sueñan con completar sus imperios con una bodega en Toro, con sacar de esa tierra privilegiada el alimento de nuevas variedades y esculpir en la materia prima local, en la poderosa Tinta de Toro, sus mejores obras.
El suelo, tanto el pobre y pedregoso que rodea Toro como el de arena y arcillas de Morales de Toro, es una garantía de vendimias sanas. El rudo clima, donde apenas llueve durante 60 días en el año y donde se pasa del aplastante sol de estío a las largas heladas, propicia uvas fuertes, sustanciosas y muy coloreadas, es decir, a la última moda, las que ha encumbrado la viticultura puntera desde California a Europa.
La cooperativa, fundada hace 25 años, venía trabajando con ella al modo tradicional, con la garantía de buenas cosechas. A la pequeña bodega de Manuel Fariña hay que reconocerle el valor de precursor y el genio del cambio de imagen. Fueron los puntales de la D.O. nacida en el 87. Ahora el Consejo Regulador se enfrenta con un sutil trabajo de selección ante la avalancha de elaboradores que hacen cola en la puerta del hermoso palacio de los Condes de Requena que hoy es su sede. Las viñas nuevas crecen y se multiplican, las barricas afluyen por centenares a las bodegas de nuevo cuño y la demanda nacional y extranjera espera, ávida, cada nueva marca y nueva cosecha. Nunca este Toro embistió con tal poderío.


La DO en cifras

Sede del Consejo Regulador: C/ Concepción, 1
Palacio Condes de Requena
49800 Toro (Zamora)
Tel. 980 69 03 35 Fax 980 69 32 01
Presidente: Antonio Roldán.
Secretaria: Mercedes Alonso.
Superficie de viñedo inscrita .................................. 3.384 Has.
Registro viticultores ...................................................... 848
Variedades más extendidas:
Blancas: Verdejo y Malvasía.
Tintas: Tinta de Toro y Garnacha.
Producción en 1999 : 13.699.000 kg.
Calificación de las últimas cosechas:
95 (MB) 96 (MB) 97 (B), 98 (MB).

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