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Roussillon. El paraíso perdido

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  • Redacción
  • 2014-12-03 10:55:02

Esta vez, excepcionalmente, no presentamos una historia de ensueño, pues esta trata del pecado, de ángeles caídos y de discordia. Adán riñe con Eva, Satanás hace de tentador, Dios se enoja en una cima de los Pirineos llamada Canigou y castiga la traición con ardiente sol, frío helador, airados vientos, aridez e incomprensión. El Roussillon es el paraíso perdido.

Texto y fotos: Rolf Bichsel, Documentación: Barbara Schroeder

La protagonista de esta misa negra es una región del sur de Francia que algún sacerdote mayor u obispo menor bautizó, en nombre de la Santísima Burocracia, con la denominación de Languedoc-Roussillon. Debemos hacer notar que Roussillon va al final, y no al principio del término. En lo que respecta al vino, el Languedoc celebra su exitoso ingreso en el cielo, pero en el Roussillon, por el contrario, se han desatado los infiernos. Eso sí, un guión ortográfico (¿impuesto?) los une. En realidad, debería ser igual de efectivo para el vino y volver al gigante Languedoc y a la enana Roussillon tan inseparables como Adán y Eva. Pero el guión no le gusta a la chica, se rebela, se separa, reniega de él, se enfrenta a la maldición de los papas de los consumidores, se quema en la hoguera de la Inquisición del Vino y termina la carrera de baquetas que supone el déficit de imagen.

Los motivos reales del cisma son escasos. Como mucho, las cimas de algunas montañas. En realidad, nadie sabe dónde termina el Languedoc y empieza el Roussillon, hay herejes y renegados; pero sobre todo, un pueblo de hermanos en desacuerdo. En el Languedoc domina la mezcla, con genes de todos los pueblos que habitaron o se pasearon por allí: celtas, griegos, romanos, sarracenos, visigodos, judíos, iberos y algunos más. En el Roussillon, por el contrario, son varietales catalanes, fruto de un matrimonio salvaje entre una montañesa pecadora y un pirata mediterráneo, sin llegar a ser españoles pero tampoco franceses; se sienten traicionados, perdidos, vendidos, exiliados del Paraíso, desterrados al último rincón de la tierra. Y no quisieran otro destino; orgullosos como sardos, tercos como corsos y pendencieros como sicilianos en mayo, prefieren gobernar el infierno solos que servir con otros en el cielo y, por añadidura, son tremendamente simpáticos. Solo que en la localidad costera de Banyuls, cada año se pierden para siempre algunas decenas de viña. Si sigue así, pronto esta costa será como la de Cinque Terre al otro lado del Mediterráneo, donde las antiquísimas terrazas plantadas de vid se asilvestran bajo la proliferante vegetación.

 

Entre el mar y la montaña

En el poema épico de John Milton El paraíso perdido, publicado en 1667, Lucifer –el ángel más bello, carismático y rebelde de todos– organiza una rebelión palaciega. Es vencido y expulsado del paraíso, adopta el nombre de Satanás y procede a fundar el ardiente infierno. Dios contraataca y amasa arcilla, le insufla vida y crea a Adán, que se queja de su soledad y dona una costilla que se convertirá en Eva, que enseguida se dejará seducir por Satanás para comer la manzana prohibida y ser expulsada del paraíso junto con Adán, que no quiere prescindir de Eva. Al principio no lo lamentan demasiado, les gusta el ancho mundo, donde hay sexo, diversión, el mar, y nadie que esté interrumpiendo todo el tiempo exigiendo humildad.

Parece que Adán y Eva no sabían que hay un rincón en la tierra, casi en el fin del mundo, encajonado entre angulosas montañas y el ventoso Mediterráneo, que se llama Roussillon. Allí los suelos cultivables son raros y siempre empinados y pedregosos. El viento arrastra cada grano de tierra, tan seca como el polvo. Lo que queda, lo lavan las escasas pero torrenciales tormentas, a no ser que este preciado suelo se apile laboriosamente en terrazas que han de protegerse con muros secos. No suele crecer nada más olivos, vides y malas hierbas que, nutridas por la húmeda brisa marina, superan con facilidad el metro de altura. En las parcelas más empinadas, las malas hierbas solo se pueden arrancar con un pico o con una yunta de mulas. No hay tractor capaz de subir por las estrechas terrazas. Por eso no es extraño que los vinicultores locales sigan celebrando aún hoy el herbicida Round-up como caído del cielo, a pesar de su alta toxicidad. Pero, incluso cuando todos los esfuerzos dan su fruto y la vid finalmente tiene uvas, el volumen de cosecha es el más escaso del mundo, y bajando; allí donde Dios se enfada, san Pedro castiga con calentamiento global y sequía.

 

Las cooperativas son buenas

En el Roussillon, a la larga, es casi imposible vivir únicamente de la viticultura. A muchos no les queda más remedio que unirse a una cooperativa y dedicarse paralelamente a otra profesión. Las cooperativas son buenas, pero solo cuando se orientan en el trabajo de calidad, cuando la medida de las cosas no se fija a la baja, sino en lo más fuerte, lo más hermoso, lo mejor. Cuando la solidaridad da alas y no es un peso que arrastrar. Pero en el Roussillon, pese a su buena voluntad, parece que las cooperativas solo consiguen convertirse en un horror sin fin, en lugar de en el fin del horror. Todas las cooperativas surgieron como organizaciones de autoayuda tras las sangrientas revueltas de vinicultores de 1907, y el 90% de la superficie de viña la trabajan sus miembros. Los vinicultores independientes son minoría y, como región pequeña y sin medios, no cuentan con una red de comercialización fuerte, como en el Languedoc; más allá de sus fronteras, el Roussillon no es más que una palabra hueca que apenas aporta valor añadido.

Los que batallan contra grandes dificultades son especialmente propensos a caer en tentaciones. Por eso Satanás es el personaje más importante de nuestro teatro de milagros y misterios. Por su culpa, el único producto de la región que ha tenido verdadero éxito, el Muscat dulce de Rivesaltes, se maleó hasta convertirse en un aperitivo barato en botella cutre durante el boom del vino en las décadas de 1970 y 1980, y aún hoy sigue ahí, empolvándose en las estanterías de los supermercados. Por cierto, procede en gran parte de los pocos viñedos en el llano, más fácil de cultivar, y que posee una excelente y homogénea estructura del terruño. Pero aún hoy todos los vinos dulces de la región siguen sufriendo los daños causados a su imagen, no solo el Muscat sino también los Rivesaltes (tintos), que desde hace años salen al mercado en tres variantes o categorías de maduración (Grenat, Tuilé y Ambré), así como Banyuls, Banyuls Grand Cru y Maury.

 

El dulce no está de moda

También Maury eligió hace 20 o 30 años la ley del mínimo esfuerzo. En lugar de capitalizar la buena fama que ya tenían dentro del país sus vinos dulces encabezados, la comarca apostó decididamente por producir una imitación del vino de Oporto en botellas de la forma correspondiente. Francia sigue siendo hoy uno de los mayores importadores de Oporto barato, alrededor de quince millones de litros por año, lo cual corresponde casi exactamente al consumo nacional de vinos dulces generosos producidos en la propia Francia, que en un 90% proceden del Roussillon. Incluso los Señores de Banyuls, como los llaman los demás vinicultores envidiosos que trabajan en el resto del Roussillon, se ganan la vida cada vez más con la producción de imitaciones para sustituir vinos secos: Collioure tinto, rosado y blanco.

Y con los vinos secos aterrizamos directamente en la segunda tentación para los productores de vino del Roussillon. Tradicionalmente, esta región produce vinos llamados dulces naturales, la designación aprobada por la Administración es Vin Doux Naturel (VDN), que se refiere a vinos cuya fermentación ha sido detenida de manera natural, añadiendo alcohol de vino, de modo similar a los vinos de Oporto, Madeira y otras delicadas especialidades similares, todas ellas pasadas de moda hace ya tiempo. En los siglos XVIII y XIX, el Muscat de Rivesaltes fue uno de los dulces más apreciados del mundo y su fama superaba ampliamente al también dulce Banyuls. Además, esta región produce brandy y vinos de la tierra sencillos, generalmente para el consumo local. Así, los grandes vinos del Roussillon son fundamentalmente los dulces, que suponen hasta un 80% de la producción. Pero hoy ya nadie compra estos vinos. Por eso, los productores de Banyuls sacan al mercado una parte cada vez mayor de su producción bajo el nombre de la comarca vecina. La cosa funciona así: el Banyuls dulce puede producirse en las tres comarcas, Port-Vendres, Banyuls y Collioure. Si los vinos de esta zona se vinifican en seco, es decir, sin detener la fermentación, todos se llaman Collioure: una hábil decisión de marketing, más hábil que aquella que condujo en 2012 a la creación de la D.O. Maury Sec para los vinos secos de la región de Maury. Los vinicultores se oponían, pero la nueva reglamentación les fue impuesta. Imagínense que los vinos tintos sin encabezar del valle del Douro a partir de hoy, salieran al mercado como Oporto Seco…

 

El Eldorado de los neófitos

Pese a ello, el más importante de entre los casi 40 vinicultores de Maury, Mas Amiel, ha reaccionado inmediatamente, ha cambiado su producción y hoy embotella más vinos secos que dulces naturales. A corto plazo puede que parezca lo más adecuado, pero a fin de cuentas significa que, en lugar de apostar por un vino singular, lleno de carácter y personalidad propia –aunque sea tremendamente incómodo y por ello bastante invendible–, el productor ha de vivir con una alternativa en la que no cree del todo y que, además, termina por aguar el mensaje de una marca histórica. Cualquiera se puede permitir algunas pocas hectáreas de viña en el Roussillon y hacerse vinicultor. Allí, a menudo, es más barato arrancar que seguir cultivando, y vender es aún más barato que arrancar. Por eso, esta comarca se ha convertido en un auténtico Eldorado para neófitos. Todo empezó con algunos misioneros del vino del resto de Francia: Chapoutier y Gaillard en Banyuls, Thunevin y Calvet en Maury, Bizeul en Vingrau. Les siguieron vinicultores jóvenes de todo el mundo. Repoblaron aldeas enteras, especialmente en Côtes du Roussillon. Los que se han quedado han aportado a la región sobre todo una cosa: una mejor imagen gracias a un hábil marketing, a menudo basado en las ventajas de la zona, pues –al menos en las áreas más alejadas de la costa– el sol y el viento facilitan un cultivo más natural al tener menos problemas con las malas hierbas. Lo cual revaloriza los productos y permite elevar los precios, algo necesario para compensar la escasez de la cosecha. Y no solo en el caso de la viticultura: Pyrenées Orientales es el departamento con el mayor porcentaje de producción ecológica de toda Francia. Los nuevos vinicultores han logrado incluso un pequeño boom de los vinos del Roussillon, al menos en apariencia. Pero lamentablemente sus vinos rara vez expresan el verdadero carácter de la región; carácter que, para ser sinceros, nadie conoce realmente y por el que discuten incluso los catalanes. Los vinos recuerdan a un Minervois o a los Châteauneuf-du-Pape, Gigondas, Pic Saint-Loup, Valpolicella o Amarone; pretenden ser vinos internacionales con mucha madera, juegan con su músculo, extracto y fuego. Esto ni siquiera se les puede echar en cara (ni a los vinicultores ni a los vinos) porque al menos están salvando los viñedos de las malas hierbas y a los pueblos de la ruina. Pero no hacen gran cosa por la imagen de los vinos del Roussillon, pues de un modo u otro, primero tienen que vender. La mayoría de las regiones vinícolas tienen sus apóstoles –Madiran tiene a Alain Brumont, el Ródano a Chapoutier y el Languedoc a Gérard Bertrand–, pero el Roussillon no tiene a nadie. El único que ha conseguido algo de fama internacional es Gérard Gauby, que en primer lugar es Gérard Gauby, segundo bio-pionero y en tercer lugar gran vinicultor francés. Poca gente sabe que está ubicado en el Roussillon. Y la culpa no es de Gauby, sino del propio Roussillon. Porque muchos deberían hacer acto de contrición, ejercer algo más de espíritu colectivo, mostrar algo más de confianza en las propias posibilidades y en la verdadera riqueza de la región. Pero en última instancia, también Dios tiene parte de culpa del desastre que convierte en mártires a los pocos vinicultores verdaderamente inspirados al ignorar su situación.

Porque el verdadero dios de nuestra parábola no está en la montaña local del Roussillon, Canigou. Está ante los fogones en Hamburgo, Zurich o Barcelona, guisando para sus amigos un plato de lentejas y vertiendo en el decantador un vino inadecuado. Vive en Berlín o Londres y, falto de imaginación, echa en la cesta de la compra otro Chardonnay anodino más. Habita en Roma, Varsovia o Viena, y busca en el estante equivocado un regalo de cumpleaños original para su amada. El verdadero dios es el consumidor. Incitado por todo tipo de dudosos profetas de las bodegas, entre los que también nos contamos nosotros, ha expulsado del paraíso de las bodegas a todos los tercos serafines y ya solo escucha a los querubines, que con sus flautas anuncian imparables la pasión por la mediocre homogeneidad.

El auténtico credo incluye el gran perdón, la absolución, el salto sobre la propia sombra. No sirve de nada reciclar a Satanás como mesías. Dejémoslo ser sencillamente Lucifer, con su lado bueno y su lado malo. Para darle una verdadera oportunidad al Roussillon hay que aceptar sus vinos tal como son: singulares, autóctonos, bíblicos, con carácter, incómodos, tercos, angulosos, malhumorados, densos, granulosos, ardientes, dulces... Tan celestialmente oblicuos en su paisaje y, por ello, tan endiabladamente bienvenidos.

 

Vides, viento y mar

En los párrafos siguientes encontrarán todo lo positivo que ofrece el Roussillon. Los vinicultores que tienen algo que decir y que viven a su manera la esperanza de un futuro mejor. Algunos vinos con especial carácter y personalidad, procedentes de un paisaje sobrecogedor, construidos con sol, vides, viento y piedra.

 

La vida del viticultor es cada vez mas dura. ¿Vacaciones? ¡Ni pensarlo! Desde hace 20 años, llueve cada vez menos y los rendimientos siguen cayendo. En fin, la producción de vino es cada vez mas difícil.»
Jean-François Deu, Domaine Traginer, Banyuls

 

«Durante mucho tiempo, hemos estado produciendo sólo vinos dulces: es nuestro verdadero punto fuerte. La producción de vinos secos aquí todavía está en pañales.»
Lionel Lavail (dcha.), director de Maison Cazes, Rivesaltes

 

«Un catalán nunca se cuestiona a sí mismo; está convencido de ser el mejor. La mayoría de los viticultores entregan sus uvas a la cooperativa y piensan que con eso está todo hecho. Nunca prueban otros vinos.»  
Thierry Parcé (izq.), Maison Parcé, Banyuls

 

«Las cooperativas surgieron en el siglo XX y desaparecerán en el XXI. Antes cada pueblo tenía su Ayuntamiento, su iglesia y una cooperativa: pero sólo en Maury había tres cooperativas y únicamente diez domaines que embotellaban. Hoy ya son cuarenta y sólo queda una cooperativa.»
Bernard Rouby, Cave de Maury

 

Maison Cazes, Rivesaltes
Maison Cazes, fundada en 1895, es la única casa comercial del Roussillon que ha logrado la fama (nacional). Los hermanos André y Bernard Cazes, verdaderos pioneros de la calidad, fueron los primeros en cambiarse a la vinicultura ecológica ya en la década de los 90.
www.cazes-rivesaltes.com

 

Les Clos de Paulilles 2012 (Banyuls Rimage)
16 Puntos | desde 2020
Un vino dulce especiado, bien estructurado y bien equilibrado con agradables notas de frutas pasificadas y especias de bollería.

 

Muscat de Rivesaltes 2009 (Muscat de Rivesaltes)
16 Puntos | 2014 a 2016
Un Muscat de cultivo ecológico clásico, agradable, con gran tipicidad de su variedad y su denominación, tremendamente limpio y trabajado con precisión.

 

Cuvée Aimé Cazes 1978 (Rivesaltes)
18 Puntos | desde 2014
Una de las cuvées más legendarias de su estilo, posee una aromática compleja con notas de frutas pasificadas, nueces, bollería, tabaco, pasas y mucho más, en boca resulta elegante y seductor, el final impresionantemente largo.

 

Domaine Bruno Duchêne, Banyuls
Bruno Duchêne es un simpático multitalento, y lo sabe. Sin dejarse impresionar, capitaliza sus cualidades, ¿y quién iba a echárselo en cara? Este escrupuloso biodinámico vende sus vinos, que no son precisamente baratos, sobre todo gracias a la asociación Vin Nature. Su último proyecto es una mini cooperativa con doce miembros afines, que incluirá enoturismo.

 

La Pascole 2012 (Collioure)
15,5 Puntos | 2014 a 2015
Posee abocado y plenitud, pero también frescor, revela su procedencia mediterránea y a pesar de ello resulta muy original, el estilo de vino que apetece tomar con una salchicha hecha sobre la hoguera en una acampada. Mejor disfrutarlo joven.

 

Novembre 2013 (Vin de France Primeur)
15,5 Puntos | 2014
Presenta un curioso carácter de primeur, antiguo y con personalidad propia; agradable y fácil de beber, refrescante, muy bebible y también soleado como una mañana a orillas del Mediterráneo.

 

Jean-François Deu, Domaine Traginer, Banyuls
Jean-François Deu es uno de los catalanes de pura cepa de nuestra selección de vinicultores. Se hizo cargo de las viñas de su padre en Banyuls hace más de 40 años, y las trabaja siguiendo las reglas de la biodinámica y la ecología desde 1997 (primeros experimentos a partir de 1988). Sus vinos, endiabladamente buenos, muestran de manera ejemplar lo que el Roussillon tiene que ofrecer desde el punto de vista del vino. www.traginer.fr

 

Domaine du Traginer 2008 (Collioure)
16 Puntos | 2014 a 2016 y más
Aromática compleja con notas de especias y minerales, consistente, bien estructurado, seco y con personalidad propia, es un auténtico hijo de su tierra.

 

Domaine du Traginer 2012 (Collioure)
16 Puntos | 2015 a 2020
Perfume de tierra mojada y granito, los taninos crujientes transportan frescor, resultan recios y a la vez pulidos, concentrados y a la vez equilibrados.

 

Ambré (sin añada) (Banyuls)
17 Puntos | desde 2014
Impresionantemente complejo con notas de nueces, setas secadas y acentos minerales. Estilo soberbio también en boca, lleno, denso, complejo, elegante pero también fresco. Magnífico.

 

Rimage 2011 (Banyuls)
17 Puntos | desde 2020
Gran complejidad aromática y especial mineralidad: denso, bien estructurado, perfectamente equilibrado, con gran potencial de maduración. Magnífico.

 

Thierry y Jean-Emmanuel Parcé, Domaine de La Rectorie, Banyuls
Los hermanos Thierry y Marc Parcé se hicieron cargo de las viñas de su abuela en 1984. Hoy Thierry las trabaja con su hijo Emmanuel. Los Parcé cultivan alrededor de treinta hectáreas en Banyuls, y para ello emplean (¡desde 1981!) un caballo y un mulo. www.la-rectorie.com

 

L’Oriental − Anno MMXII (2012) (Collioure)
17 Puntos | 2016 a 2026
De un especiado singular, exótico –o mejor dicho, oriental– y seco, pero pulido y suave, auténtico, tiene clase: todo el mediterráneo en una botella.

 

Montagne 2011 (Collioure)
17 Puntos | 2015 a 2025
Aúna mineralidad y frescor con una nobleza muy especial, los taninos son secos y angulosos, la aromática compleja y muy prometedora. Tiene clase y nobleza.

 

Cuvée Thérèse Reig 2011 (Banyuls)
17 Puntos | desde 2017
Discretamente frutal, con notas de frutas pasificadas y cereza fresca, elegante y equilibrado, pero además bien estructurado, con potencial de maduración.

 


Cuvée Léon Parcé 2011 (Banyuls)
18 Puntos | desde 2020
De una complejidad aromática difícil de describir, lleno en boca, denso y con mucha casta, con una estructura tánica sólida. Un vino impresionante de una categoría especial, merece la designación de vino de meditación.

 

Fabienne und Pascal Rossignol, Domaine Rossignol, Les Aspres/Côtes du Roussillon
Fabienne y Pascal Rossignol se cuentan entre los pocos vinicultores independientes de la región que han abandonado una cooperativa y lo están intentando por su cuenta. Vinicultores independientes desde 1995, desde 2009 certificados como cultivo ecológico, hoy cultivan alrededor de veinte hectáreas. www.domainerossignol.fr

 

Les Schistes 2011 (Côtes du Roussillon)
15,5 Puntos | 2014 a 2018
Un vino especiado, frutal, con personalidad propia, fácil de beber pero bien estructurado, complejo pero campechano, un placer.

 

Ambré 2008 (Rivesaltes)
16 Puntos | desde 2014
Interesante aromática de frutas secadas y cacao, equilibrado en su abocado y estructura, un buen Rivesaltes de categoría media, agradable y especiado, de un estilo que siempre gusta.

 

Bernard Rouby, Cave de Maury
Bernard Rouby es miembro de la bodega cooperativa de Maury desde 1979 y presidente de la asociación de vinicultores desde hace treinta años. Quien crea que esto conduciría a una estrechez de miras, se equivoca. Rouby sabe que, sin las cooperativas, desaparecería aún más superficie de viñedo, aunque a la vez pronostica su pronta muerte.

 

Grenat Récolte 2011 (Maury)
15,5 Puntos | desde 2014
Lo que nos gusta de este vino es su aromática especiada, la calidad de los taninos como polvo. No es un corredor de fondo, sino un buen acompañante para un puro habano o un pan de aceitunas.

 

Cent Ans d’Histoire (Maury)
15,5 Puntos | desde 2014
De un especiado seductor con notas de bayas frescas y cocidas, además cuero, hierbas aromáticas silvestres, humo, complejo a la par que discreto, equilibrado en boca, denso pero no anguloso, sino reducido y suave.

 

Robert Pouderoux, Domaine Pouderoux
Robert Pouderoux dirige desde hace 30 años esta empresa familiar, que hace diez convirtió en ecológica y que posee el certificado oficial desde hace dos. También él considera un privilegio poder trabajar en Maury, a pesar de las dificultades. www.domainepouderoux.fr

 

Montpin 2012 (Maury sec)
16 Puntos | 2016 a 2022
Negro como la tinta, fogoso, con taninos como polvo, y en consecuencia denso y potente, con el abocado propio de Maury y de la Garnacha, también notas de chocolate y cereza – pero a la vez elaborado en seco. Bíblico.

 

La Mouriane 2007 (Côtes du Roussillon Villages)
16 Puntos | 2014 a 2017
De un estilo único, profundamente denso. Parece un vino dulce elaborado en seco y recuerda a un Amarone. Quizá sea por el especiado de roble, algo importuno.

 

Vendange 2012 (Maury)
16,5 Puntos | desde 2020
Notas de confitura de frutillos, textura llena pero con estructura mineral, casi acerada, aun así sigue siendo elegante y equilibrado, recomendamos algo más de crianza.

 

Vendange Mise Tardive 2007 (Maury)
18 Puntos | desde 2014
Aromática increíblemente compleja con notas de hinojo silvestre, brezo y otras hierbas, confitura de frutillos rojos y negros; lleno en boca, denso, bien estructurado y muy largo; un vino dulce impresionante, que supera a muchos Banyuls.

 

Jean Gardiés, Domaine Gardiés, Espira de l’Agly
Jean Gardiés es uno de los pocos vinicultores de la región que no sólo hacen buenos vinos, sino que además los empaquetan muy bien. Se hizo cargo de la empresa de sus padres en 1995; si entonces aún hacían un 70 por ciento de vinos dulces, hoy embotellan un 80 por ciento de secos. www.domaine-gardies.fr

 

La Torre 2010 (Côtes du Roussillon Villages)
16 Puntos | 2014 a 2016
Buena estructura, pero también aterciopelado y lleno, taninos como polvo, interesante aromática de vainilla, bayas y cacao.

 

Les Millères 2011 (Côtes du Roussillon Villages)
16 Puntos | 2014 a 2016
Perfectamente equilibrado, denso pero a la vez agradable, internacional pero aun así con personalidad. Excelente para la mesa.


«81» Rivesaltes 1981
17 Puntos | desde 2014
Compleja aromática de rancio, equilibrado, interesante, especiado, abocado bien integrado y nunca importuno: un vino magnífico.

 

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