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Cerrar una etapa nunca es sencillo, sobre todo cuando se trata de una vivida con tanta intensidad, responsabilidad y, sobre todo, pasión. Hoy me despido de esta labor de dirección que MiVino me confió y que he asumido con orgullo y gratitud. Han sido años de esfuerzo compartido, de aprendizaje continuo y de la certeza de formar parte de un proyecto que, el próximo año, celebrará nada menos que tres décadas de vida. 30 años en los que MiVino ha luchado siempre por estar cerca del lector, por tender puentes entre la cultura del vino y quienes la disfrutan con el corazón abierto. Quiero agradecer a quienes han hecho de este camino algo tan especial. A Ángel Caballero, por su incansable capacidad de trabajo, por esa energía que nunca se agota y que ha sostenido tantas páginas y proyectos. A Yolanda Llorente, cuya actitud siempre dispuesta y su compromiso inquebrantable son ejemplo de entrega y cariño por esta revista. A Jorge Santos, por su esfuerzo profesional y denodado empeño en dotar al medio de los recursos necesarios para afrontar nuevos proyectos y desafíos. Y, cómo no, a Heinz Hebeisen, el suizo tranquilo, que con serenidad y sabiduría siempre ha sabido ofrecer el consejo justo en el momento preciso. A todos ellos, y a quienes han estado cerca en este viaje, gracias de corazón. Me despido con la tranquilidad de saber que MiVino queda en buenas manos, bajo la dirección de mi compañera Laura López Altares, a la que admiro profundamente. Estoy convencido de que sabrá imprimir dinamismo, aportar ideas frescas y contagiar ese toque de divertida locura que tanto se necesita para seguir creciendo. El futuro de MiVino se anuncia apasionante. Yo lo viviré desde otro lugar, pero siempre con la alegría de saber que esta revista seguirá siendo un espacio cercano, vibrante y lleno de vida.