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Garnacha: el retorno de la reina

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  • Laura López Altares, Foto: Heinz Hebeisen
  • 2026-04-13 00:00:00

Proscrita durante años por su excesiva generosidad, regresó para reclamar su lugar entre las grandes uvas del mundo. No es indomable, sino rematadamente libre: una variedad sensual y expresiva que ha aprendido a adaptarse, a encontrar su lugar en casi cualquier paisaje y suelo, a resistir como pocas los envites del cambio climático, a dibujar los vinos del futuro.


Cual heroína de una aventura novelesca, la Garnacha, destinada a reinar, vivió en las sombras durante años. Lejos del foco, relegada a mezclas, acusada de ser demasiado amable, de oxidarse con facilidad. Mientras otras variedades acaparaban prestigio, ella resistía en silencio, aferrada a laderas pobres, a suelos ingratos, a viñas viejas en las que nadie reparaba.
"Se refugió en los márgenes de Aragón, Priorat, Terra Alta... aunque pocos imaginan que algunas de las garnachas más viejas del mundo están en Australia", recuerda, curioso, el destacado divulgador de vinos Juancho Asenjo.
Fascinaba, sí. Pero también desconcertaba. Su seducción inmediata –esa fruta abierta, jugosa, casi táctil– la hacía sospechosa en un mundo que no supo comprenderla. Se la acusó de simple, de excesiva, de delicada en extremo, de no tener la profundidad necesaria para formar parte de los grandes vinos. Incluso se dijo de ella que no era lo suficientemente "europea" en espíritu.
Ella, que nació en Aragón y es mediterránea de alma, se expandió como una lengua viva por los territorios que formaron parte del Reino de Aragón (Cataluña, el Rosellón, Cerdeña). Una uva viajera, pero siempre reconocible, incluso cuando cambia de nombre –Cannonau, en Cerdeña– y de acento.
"La Garnacha es adaptable a todos los tipos de suelo y te da una personalidad enorme. Cuando la tratas bien, seguramente sea la variedad más agradecida del mundo", sugiere Asenjo.
La Garnacha es una uva sensual, evocadora. Voluptuosa, a veces excesiva, pero también capaz de una elegancia excepcional. Divertida sin perder complejidad. Exuberante, aunque a veces misteriosa. Posee una capacidad innata para seducir y, al mismo tiempo, reflejar el lugar del que procede con una honestidad casi radical.
Como escribe el master of wine Pedro Ballesteros en Comprender el vino, su personalidad es altruista "porque es un vehículo para transmitir la imagen de su paisaje. Es una variedad camaleónica, que adapta su expresión a los climas en los que crecen sus vides y muestra sensibilidad a las diferencias del suelo". Aunque también matiza: "Es una altruista condicional porque será generosa solo bajo ciertas premisas".
La primera es el entorno: "Una buena pista para encontrar los mejores vinos de Garnacha es buscar sus viñedos. Allí donde haya desafíos climáticos y existenciales, será más fácil encontrar una gran Garnacha. Los climas marginales, los suelos pobres, las pendientes imposibles, los rendimientos diminutos, las viñas viejísimas". Viñas que hoy sabemos que encierran algunas de las expresiones más puras y emocionantes de esta variedad.
Desde hace varias décadas, la Garnacha ha sido reivindicada gracias a la sensibilidad de viticultores que supieron mirar donde nadie más lo hacía. Que entendieron que no necesitaba disfrazarse, sino ser escuchada. Que comprendieron su equilibrio frágil, su necesidad de altura, de contraste térmico, de rendimientos bajos, de viticultura precisa. Es de ciclo largo, capaz de alcanzar grados elevados, pero también de conservar una ligereza sorprendente cuando se trabaja con cuidado.
Y luego está su magia: cambia sin dejar de ser ella misma. En Aragón es carnosa, terrenal, genuina; fresca, elegante y expresiva en Rioja Oriental; en Navarra, profunda, especialmente sobre la caliza; en Priorat, mítica y sensual; en Gredos, ligera, floral, delicada… casi etérea. Cada paisaje la modela, pero no la doblega.
Quizá por eso la Garnacha resulta tan fascinante: porque es muchas cosas a la vez. Inmensa y compleja, pero también inmediata y placentera. Porque es memoria y adaptación. Y, por encima de todo, paisaje narrado desde su raíz.