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Las burbujas de Charmat

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  • Diana Fuego
  • 2019-07-12 00:00:00

Uno de los mayores placeres durante estos acalorados meses de verano es refrescarse con suaves espumas mientras nos relajamos junto a otras de arena y sal. La espuma marina brota de la agitación del mar, pero en los vinos nace de dos métodos que la provocan de forma natural: el champenoise y el charmat. El charmat, o granvas, consiste en realizar la segunda fermentación en grandes depósitos de acero inoxidable. Con este método (que también se utiliza para elaborar ciertos tipos de sidras), el vino espumoso se embotella directamente tras esa segunda fermentación. El sistema, ideado por el ingeniero francés Eugène Charmat a principios del siglo XX, es muy útil cuando se manejan grandes producciones.
La primera fermentación es exactamente igual a la que se produce mediante el método tradicional (champanoise): se obtiene el vino base, que despierta de la primera fermentación fresco y afrutado. Es en la segunda fermentación donde aparece la gran diferencia: los espumosos elaborados mediante el método charmat no la viven en botella, sino en depósitos de acero inoxidable a los que se añade el licor de tiraje. Esta mezcla de levaduras y azúcar es la que desencadenará la producción de carbónico endógeno, que se liberará en forma de revoltosa espuma. El proceso durará unos 10-15 días: las levaduras muertas o lías se precipitarán hacia el fondo del depósito, y se removerán para que el vino se impregne de sus aromas. El charmat es menos laborioso, más económico, y da vinos con mayor potencia frutal y donde se notan menos las levaduras (el contacto con los bichitos es menos íntimo que en botella).  


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