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Elena Adell

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  • Redacción
  • 2018-09-11 00:00:00

Es una de las mujeres más influyentes del mundo del vino en nuestro país. Directora de enología de todas las bodegas de Pernod Ricard en La Rioja, trabaja por y para el vino desde su tierra natal experimentado con la vid, soñando con el vino.


F ue en el año 2010 cuando conocí a Elena. La llamé para participar en la primera, y última, mesa redonda sobre Mujeres y Vino, que se organizó dentro del encuentro de cultura Ellas Crean en Madrid. Sabía de ella porque quien comienza a indagar en el mundo del vino no tiene más remedio que toparse con su nombre: pocas mujeres en este país elaboran vinos de prestigio internacional como Elena Adell.


Creció en una familia de viticultores. Fue amamantada con tostadas de vino y azúcar. Educó su paladar pellizcando las viñas de Tempranillo y terminó dirigiendo el gran proyecto de La Rioja del grupo Pernod Ricard.


Es coqueta, divertida, campechana y señora. Gusta de cambiar su look al son de las estaciones, de tal manera que tan pronto oteas su melena rojiza en el campo de viña los días de vendimia como sus ocres otoñales los tiempos de poda. Su bolso es una maleta amplia donde siempre hay sitio para una de sus últimas referencias, un abridor y un par de copas para compartir. Compartir. Posiblemente ese sea su lema. La verdadera necesidad de contar las últimas investigaciones que hace junto a su equipo a pie de campo. Las ganas de aportar su granito de arena a su gran pasión: el vino.


De esta manera, mientras maneja miles de hectáreas de vino con una normalidad envidiable, aún tiene tiempo de involucrarse en proyectos donde se persiga potenciar la cultura, el consumo y el amor por el vino. Así ha llevado a cabo interesantes colaboraciones con estrellas Michelin como Josean Alija, Martín Berasategui y Carme Ruscalleda. Ha puesto en marcha catas únicas con decantadores diferentes. Ha demostrado que un mismo vino puede expresarse de distintas maneras según con qué copa lo bebas. Viaja a Francia año tras año para pasearse por los bosques, tocar los troncos, olfatear las arboledas y elegir las mejores maderas para después madurar sus vinos. La investigación de vinos-madera la divulga año tras año en el Master de Sumillería del Basque Culinary Center.


Elena es un diamante en bruto, una excelente compañera de mesa y un gigante de la viticultura de nuestro país.


Desde que nos conocemos no hay viaje a La Rioja que no tenga parada obligatoria en Bodegas Campo Viejo y, si me aventuro por los caminos de vid de esta tierra, no puedo dejar de quedarme perpleja ante la estructura insinuante de Ysios.


Desde 2001, Campo Viejo otea discreta los tejados de Logroño. El edificio fue un gran acierto creado por el arquitecto riojano Ignacio Quemada, quien dio forma a una bodega mimetizada en la tierra, protegida por la vid, respetuosa con el medio ambiente.


En 2013, se crea la Bodega Experimental. Una reproducción en miniatura de la gran Campo Viejo: “Dimos forma a este proyecto porque queríamos crear nuevos vinos, estudiar más de cerca la uva, su comportamiento, su evolución”, nos confesaba Elena.


Ese proyecto, ejemplar en el mundo, inyectado de ilusión y emoción por el estudio de la uva, se montó en 250 metros cuadrados, con 48 depósitos de acero inoxidable de distintas capacidades (1.500 litros, 1.000 litros, 500 litros, 250 litros, 125 litros), diseñados en exclusiva y dotados de los instrumentos necesarios para la elaboración y la experimentación. De toda la extensión de viñedo del grupo, se eligieron tres parcelas (en Logroño, en Alfaro y en Ordoyo) y se comenzó a trabajar, en un principio, con nueve variedades blancas autorizadas y con otras tantas tintas. Se escogieron suelos diferentes, altitudes distintas, se eligió una levadura base y se persiguió sacar del fruto su mayor expresión. “Desde entonces hasta ahora seguimos emocionados con esta bodega experimental, trabajamos con uvas blancas y tintas tanto autóctonas como foráneas porque lo que nos interesa es saber cómo se comporta una uva típica de otro mundo en nuestra tierra”, nos cuenta Elena.


Cuando comenzaron con la Bodega Experimental, iniciaron una aventura con la Tempranillo Blanca. Entonces sacaron la primera Tempranillo Blanca Maceración Carbónica, ¡toda una revolución! Después consiguieron un coupage extraordinario entre esta misma variedad y la Viura: el resultado es un vinazo que viaja en su totalidad fuera de las fronteras españolas. Y ¿este año y el siguiente? “Estoy emocionada con la Maturana Blanca”, te dice Elena con ese entusiasmo que la caracteriza cuando habla, “el año pasado comenzamos a trabajar en la bodega experimental con la Maturana Tinta. El resultado se verá a principios del año 2019 cuando presentemos el Azpilicueta elaborado con un 40% de esta uva y el resto, Garnacha y Tempranillo. Solo serán 1.000 botellas, pero me gusta hacer esto porque así demostramos que somos capaces de hacer tanto vinos de calidad a gran volumen como joyas a pequeña escala”.


Así nació años atrás el vino que posiblemente marcó un antes y un después en la historia del vino rosado: el Félix Azpilicueta Colección Privada Rosado 2016 elaborado 100% con uva Tempranillo, cuyo mosto se consiguió tras horas de maceración en frío y fermentó después en barricas de roble americano.
Tras la Maturana Tinta llegará la investigación y estudio en profundidad de la Maturana Blanca y, con ella, seguramente, otra edición limitada de uno de esos vinos únicos que llevan el sello de mujer.
“¿Sabes qué pienso?” –pregunta con entusiasmo Elena– “Que Rioja es única. Por eso sabemos que si además conseguimos trabajar con su uva, sacar de ella la máxima potencia, comprender la tierra, cuidarla y respetarla conseguiremos hacer que Rioja sea todavía más un viñedo único en el mundo. Y aún más… que la revolución está por llegar y tendrá el color, el aroma, la estructura de los blancos de nuestra tierra”.

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