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Grégory Rousse

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  • Laura López Altares
  • 2019-05-30 00:00:00

El responsable de Vivino en España nos ha descubierto su historia, y también las claves de esta revolucionaria aplicación, que aspira a ser el futuro Netflix del mundo del vino.


C omo amante del vino millennial, conozco Vivino desde hace tiempo. Por si algún lector despistado no conoce todavía esta aplicación, os resumiré en qué consiste: permite al usuario escanear a través de una foto los vinos que prueba y consultar las opiniones de otros usuarios sobre estas etiquetas (y sobre millones más), compartir sus propias valoraciones... y también comprar vino. Teníamos curiosidad por conocer a quien había puesto en marcha este fascinante invento. Y como todo aquello que es inevitable (qué palabra) en esta vida, sucedió. Hace unos días tuve una divertida charla con Grégory Rousse, responsable de Vivino en España, quien me desveló algunos secretos confesables de esta ambiciosa herramienta, que aspira a convertirse en "el Netflix del vino". Este ingeniero agrónomo habla con la melodiosa cadencia de nuestros vecinos franceses (aunque él se siente "más español que francés"), tiene una sonrisa que atraviesa el teléfono (y la mala cobertura), y se nota que la pasión por el vino ("aunque tarde") le ha agarrado bien fuerte: "Tengo una conexión directa con el vino porque soy agrónomo, porque es la tierra, porque es la vida".


Lo inevitable
Nada más empezar la entrevista, Grégory nos cuenta una anécdota muy curiosa: "Hace poco me enteré de que mi bisabuelo era distribuidor de vino en Borgoña… Podemos decir que mágicamente me viene de ahí" (risas). Pero antes de encontrarse con su destino, pudo haber sido futbolista: "Me encantan los deportes desde pequeño, estuve jugando al fútbol a alto nivel". Luego estudió Ingeniería Agrónoma en París y se lanzó a descubrir mundo: "Donde de verdad empecé a aprender de vino fue viajando". En uno de esos viajes saltó la chispa: "Trabajando en Mendoza me encontré con los propietarios de una de las fincas vitícolas más antiguas de la zona. Me enamoré del sitio, de sus viñedos. Tenían una historia centenaria, pero vendían la uva a otra bodega. Con 20 años tienes toda esa energía, esas ganas de comerte el mundo, y les dije: '¿Qué pasa si volvemos a hacer vino con vuestra marca, que tiene una historia increíble?'. Además, nos dimos cuenta de que había una especie de conexión esotérica (ríe) porque un familiar había estudiado Agrónomos en la misma escuela que yo". Consiguieron activar la marca Baquero 1886, y Grégory recuerda "lo contento que estaba con lo que hacía". Cuando Argentina entró en crisis, decidió irse a España: "Era muy natural para mí venir aquí, me había ganado lo latino". Tuvo la oportunidad de trabajar en una bodega de La Rioja, donde controló durante seis años la importación de vinos extranjeros: "Esto me permitió aprender mucho y conocer mejor el sector". Grégory siempre había querido montar su propia empresa, así que fundó una importadora con el dueño de una vinoteca, y también, de manera autodidacta, una de las primeras tiendas online de vinos en España: "Quería aprender cómo funcionaba todo el proceso tecnológico".
En 2010, los daneses Heini Zachariassen y Theis Søndergaard crearon Vivino –una de las primeras aplicaciones a nivel mundial para alimentación y bebidas– con el objetivo de facilitar la decisión del usuario a la hora de elegir un vino: "De repente, llegó la oportunidad de trabajar allí y fue como algo mágico. Tenían una proyección tremenda, era el mejor trampolín para el futuro".
 
El Netflix del vino
Para Grégory, una de las claves fundamentales de esta revolucionaria herramienta es que "pone al alcance de todos una información muy importante: ha cambiado el modelo a la hora de valorar los vinos. Uno de nuestros objetivos es esquivar esa sensación de elitismo que a veces rodea al mundo del vino, hacerlo más cercano". Nueve años después de su lanzamiento, Vivino tiene 36 millones de usuarios (1,5 en España) y 130 millones de valoraciones: "Es muy novedoso que una empresa de este tipo tenga una importancia tan relevante en el sector, ¡es casi imprescidible!". Y no solo para los apasionados del vino, también para las bodegas: "Da mucho juego porque las bodegas pueden saber cómo están valorados sus vinos y los de sus competidores, pueden ver hacia dónde van las tendencias, y esa es una información muy útil". Además, se han convertido en un gran market place: "Buscamos cubrir la totalidad de vinos que existen en el mundo y que se puedan comprar a través de la aplicación". El proyecto es realmente ambicioso: "Queremos ser a la vez el Amazon del vino, el TridpAdvisor del vino... pero también queremos ser el Netflix del vino". El nuevo reto es ofrecer el vino que se corresponda con cada perfil de usuario: "Sabemos lo que les gusta, lo que no, los precios en los que se mueven… Con esos datos podemos dar una recomendación muy precisa de lo que les va a gustar y de lo que necesitan".
Esta gran interconexión global también se da dentro de la empresa estadounidense, donde conviven 28 nacionalidades: "Vivino es muy dinámico, muy colaborativo; es distinto. Y muy rico, como si te diera acceso al secreto del sector: tienes la información, los usuarios, las bodegas, trabajas a diario con culturas distintas… Eso no tiene precio".
Cuando preguntamos a Grégory por la situación del sector vitivinícola en España, destaca la revalorización de nuestros vinos: "Creo que España hace unos vinos fantásticos con una relación calidad-precio increíble. Eso es muy interesante para la exportación". Pero también ve diferencias culturales no tan positivas con respecto a otros países: "Me da la sensación de que queda trabajo por hacer, falta un escalón. En Estados Unidos, los millennials mueven el consumo del vino, en España no es así. En Francia, cuando hace calor, en vez de cerveza la gente bebe rosados. En Buenos Aires se bebe vino tinto en las discotecas... algo pasa aquí". Espero que cuando volvamos a hablar con Greg ya lo hayamos solucionado... y también espero que se cumpla su sueño vitícola: "Quizá haré una pequeña bodega si gano la bonoloto (risas)… Pero sin presión, por puro placer; aunque soy consciente de lo complicado que es, los productores son los verdaderos héroes del sector. Uno de mis mejores momentos del día es cuando encuentro un momento tranquilo para charlar con ellos, cuando me cuentan sus anécdotas. El vino no deja de sorprenderme".  





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