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José Ramón Lissarrague

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  • Antonio Candelas
  • 2019-12-03 00:00:00

Es una de las voces más autorizadas en asuntos de viticultura, ha creado algunos de los viñedos más sorprendentes de nuestro país, pero sobre todo es uno de esos profesores universitarios que dejan huella.


No es extraño dar con un profesor singular a lo largo de nuestra más o menos larga formación académica. A todos nos ha pasado alguna vez. Lo que no es tan usual es dar con alguien que capte toda tu atención en el aula tan solo por cómo se desenvuelve en ella. Lo digo con conocimiento de causa. Sí, fui pupilo de José Ramón en 2004 en el Máster de Enología y Viticultura que hoy dirige en la Universidad Politécnica de Madrid. Y sí, fui uno de tantos alumnos que han pasado por su clase y han aprendido todo lo que saben de viticultura gracias a él. Reconozco que no solo lo aprendí por el temario que impartió en aquellas clases, sino porque todo el que acudía a sus clases salía de ellas con la curiosidad espoleada y lista para no parar de aprender una vez en contacto con la verdadera realidad de la viña. Entraba en el aula veloz, con la urgencia de alguien al que no le basta la duración de una clase para depositar todo su conocimiento en los alumnos. Intenso, sagaz, ordenado dentro de su caos, en ocasiones algo deslenguado y amable, muy amable.
De mirada vivaracha, inteligente y brillante, José Ramón es una persona exigente con el alumno, pero también lo es consigo mismo, y eso le honra. No escatima en dedicación en cada una de las materias que imparte y no solo tiene buen olfato para los vinos. Es capaz de detectar el talento a distancia y es entonces cuando se vacía aún más, ofreciendo al alumno todo tipo de facilidades para que desarrolle su interés e ingenio.

La universalidad del saber
Nos citamos con él en Madrid, en el campo de prácticas que está pegado al Palacio de la Moncloa, justo antes de que tuviera que impartir clases a los alumnos del máster de la promoción 2019. Cuando consigo que aparque los mil y un asuntos que tiene en la cabeza y deje de hacer cosas durante unos minutos, se sienta y me recibe con un "bueno Antonio, tú dirás... ¿qué quieres que te cuente?" En ese momento, sé que no tenemos mucho tiempo antes de que se tenga que ir a cultivar a los alumnos, sus otras viñas. Así que no perdemos tiempo y nos enfrascamos en una interesante conversación.
El José Ramón actual reparte su desempeño profesional en el campo de la docencia, la investigación y la consultoría. Además de dirigir el Máster de Viticultura y Enología, y ser profesor titular en la UPM, su actividad divulgativa se ha hecho extensiva a otras zonas productoras. En el terreno de la investigación ha dirigido más de 20 tesis doctorales y ha estado al frente del proyecto Cenit Demeter, uno de los mayores proyectos de investigación relacionados con la viticultura y el cambio climático. No hace falta detenernos en su labor de asesoramiento de la que han salido algunos de los viñedos más interesantes de nuestra geografía para asegurar que su carrera es extraordinariamente prolija.
Pero a José Ramón lo que le preocupa realmente es la calidad de lo que se enseña en las aulas. Reconoce que el vino está sometido a muchas tendencias, pero eso no debe crear posiciones excluyentes en el conocimiento. Un ejemplo claro lo encontramos en la moda establecida de proteger sobre todas las cosas la viña vieja y la viticultura tradicional frente a la viña nueva trabajada bajo unos preceptos innovadores: "Hay que trabajar por una viticultura que conserve los valores tradicionales, pero que sea compatible con una viticultura de vanguardia, donde los nuevos conocimientos se incorporen junto con las nuevas tecnologías", asegura con firmeza. Se debe permanecer firme para que los alumnos salgan al mercado laboral sin sesgo alguno. Al fin y al cabo, esa es la máxima universitaria que todo docente debe preservar.


La viña del mañana
La viña en la actualidad debe hacer frente a dos retos. El primero es perenne, siempre va con ella: al ser un cultivo leñoso, no se planta hoy para que mañana dé fruto. Esto, en un sector marcado por las tendencias, es importante. Para José Ramón, se debe afrontar adaptando las necesidades del viñedo a lo que se quiera producir y no aplicar la misma viticultura en un majuelo del que saldrá un vino de precio elevado que en otros en los que se busque un vino medio o de entrada de gama: "Tenemos que tender a especializar la viña y no a igualarla". Otro desafío que es inmediato y al que nunca antes se había enfrentado el sector es el del cambio climático. Lissarrague es claro y no pone paños calientes: "Es evidente que es una necesidad ante la cual la sociedad está tomando conciencia y por eso se debe evolucionar hacia una viticultura sostenible en lo medioambiental, social y económico". La universidad es el medio ideal para transmitir también esos valores que repercuten de forma decisiva en el sector. Por eso, todas las investigaciones llevadas a cabo en este sentido o en cualquier otro se deben realizar para que sean útiles a la sociedad. Es necesario centrar todos los esfuerzos para que se realicen estudios que se puedan aplicar.
Hace 15 años, escuchaba a José Ramón Lissarrague como alumno y me hipnotizó con su sabiduría. Hoy la escucha es diferente, pero resulta igualmente enriquecedora. Aunque nos sigamos viendo, en parte gracias a nuestros desempeños profesionales dentro del sector, quedará grabado para siempre ese ir y venir por la clase haciendo preguntas, explicando conceptos y grabando a fuego la importancia de la viña en el vino. Gracias, profesor.

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