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Santiago Marín

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  • Laura López Altares
  • 2020-10-05 00:00:00

Un emprendedor incansable que cambió la bolsa por el terrenal mundo del vino: así es el general manager de Caveduke, líder en la creación y distribución de bodegas y vinotecas personalizadas.


No es habitual encontrar una historia tan curiosa como la de Santiago Marín: el joven bróker que se convirtió en el general manager de Caveduke, la marca de vinotecas personalizadas más importante del mundo. Aquel veinteañero que bebía refrescos mientras cerraba transacciones en bolsa ajeno a la magia del vino acabó hipnotizado por este mundo tan fascinante y complejo, tan diferente al de las finanzas: "A mí no me gustaba el vino, la gente me miraba raro. Pero se me acostumbró el paladar y ahora me encanta, de hecho casi no podría comer sin una buena copa de vino", confiesa.
Muchas de esas copas sublimes deben parte de su excelencia a la marca de la torre: los mejores restaurantes y hoteles del planeta eligen las espectaculares bodegas a medida de Caveduke para mantener el vino en unas condiciones óptimas. "Cada lugar tiene su vinoteca", defiende Marín, y por eso ofrecen al cliente infinitas opciones a la hora de crear esa vinoteca ideal. La personalización es uno de los puntos fuertes de la firma, enfocada principalmente al sector del lujo; "aunque estos últimos meses me ha sorprendido el esfuerzo tremendo que están haciendo los particulares por comprarse bodegas de calidad", cuenta Santiago.

Mantenerse en el cénit
A este comercial incombustible, el éxito no le ha cambiado en absoluto: "Nací vendedor y creo que moriré vendedor, independientemente del puesto que ocupe, me sigue enganchando mucho el tú a tú con el cliente", afirma rotundo. A principios de los noventa, decidió cambiar la bolsa por las bodegas climatizadas: "Me harté un poco de aquel mundo, era muy estresante, pero aprendí a vender". Entonces se puso a buscar otro trabajo, y de repente llegó la casualidad –"a veces está el destino…"– y empezó a trabajar para una empresa de vinotecas. A los pocos años, en el 99, se asoció con otra empresa más pequeña que llevaba trabajando desde el 85 en un pequeño taller, y ahí empezó la gran aventura de Caveduke: "Lanzamos la marca y la expandimos muchísimo. Aparecimos en grandes medios, fuimos a las ferias más importantes del sector (Alimentaria, Salón Gourmets, ProWein...) y nos convertimos en los primeros".
Con la crisis de 2008, sacaron una segunda marca, Miniduke, con precios mucho más económicos, aunque Santiago Marín marca las distancias entre ambas y señala que el objetivo está claro: "Ser punteros en el mercado de gama alta, mantenernos ahí".
Para lograrlo, es imprescindible mejorar y renovarse continuamente, buscar la innovación también en otros ámbitos: "Dos de nuestros inventos más revolucionarios son el enfriador de vino ultrarrápido VR2 –tiene el glicol alimentario a -45°C y da golpes de frío muy grandes, en un par de minutos la botella puede pasar de 20°C a 12°C– y los dispensadores de vino –sirven la dosis exacta para cada copa y permiten tener la botella abierta durante un mes en perfectas condiciones–, que causaron un gran impacto en el sector de la restauración". Ahora están preparando una "idea muy interesante con el vino", pero de momento es alto secreto: "Es algo muy demandado que no existe en el mercado y que verá la luz a mitad del año que viene", revela Marín despertando nuestra curiosidad.

La imaginación es el límite
Mientras, en Caveduke siguen poniendo el foco en el mercado del lujo: "Podemos personalizar la bodega como el cliente quiera. A medida, hidrófuga, lacada en negro piano, en blanco, en azul, en madera de roble, en nogal, en acero, en cristal tipo pecera...". Como bien dicen en su página web: "Su imaginación prácticamente sería el límite en el diseño que podemos ofrecerle". Muy precisas, con acabados artesanos y ultrasilenciosas, "son máquinas que pueden estar en el salón de casa perfectamente", según explica Santiago. Cuando le preguntamos qué es lo que las hace tan distintas al resto, tan únicas, no duda ni un instante: "Cuando vendemos una vinoteca, queremos hablar con el cliente (ofrecerle toda la gama de opciones, concretar detalles), nos negamos a hacerlo sin hablar con él porque sería un error. Preferimos dormir tranquilos".
Ante el boom de las bodegas para particulares, la opinión del general manager de Caveduke es firme (y quizás controvertida): "Una buena bodega no puede costar menos que un vino. Bajo mi punto de vista, es mejor tenerlo en cualquier parte antes que en una bodega de menos de 50€, eso bueno no puede ser. Mucha gente ha tirado estos trastos a la basura y ha hecho un esfuerzo económico para tener una bodega en condiciones". A ese sorprendente esfuerzo de algunos particulares durante la pandemia, se une el de muchos hoteles y restaurantes que, como cuenta, "han aprovechado el cierre y la tranquilidad para renovar la bodega. Y eso nos ha salvado más o menos: ahí estamos, que no es poco".
¿Y dónde estará Santiago dentro de unos años? "Pues lo que más me gustaría sería jubilarme, pero también creo que me aburriría [risas]. La verdad es que todavía disfruto mucho de mi trabajo, tengo ilusión. Cuando vuelvo de vacaciones, soy de los pocos afortunados que pueden decir: ¡tengo ganas de volver a trabajar!".

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