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Herodoto: el vino como origen de la civilización

  • Redacción
  • 2007-12-01 00:00:00

Padre de la Historia, como todo el mundo reconoce, Herodoto es el primero en ofrecernos una mirada global sobre el mundo. Las descripciones de lugares particulares ceden el paso a una visión comparativa de las principales culturas que hasta su época se habían dado. Una visión en la que Herodoto utiliza unos criterios valorativos, a través de los cuales se establecen fronteras graduales entre culturas. Y entre estos criterios aparece siempre el vino como factor determinante del momento evolutivo de una determinada cultura. Significativa es la anécdota que nos refiere a propósito de Sándamis, “respetado por su sabiduría y circunspección”, que ofrece a Creso este consejo: «Veo, señor, que preparáis una expedición contra unos hombres que tienen de pieles todo su vestido; que criados en una región áspera, no comen lo que quieren, sino lo que pueden adquirir; y que no beben vino, ni saben el gusto que tienen los higos, ni manjar alguno delicado. Si los venciereis, ¿qué podréis quitar a los que nada poseen? Pero si sois vencido, reflexionad lo mucho que tenéis que perder. Yo temo que si llegan una vez a gustar de nuestras delicias, les tomarán tal afición, que no podremos después ahuyentarlos.» Estos hombres que desconocen las delicias, entre las cuales se encuentra el vino, que ha producido un estado avanzado de la civilización, pueden llegar a ser un verdadero peligro para el Estado que Creso gobierna si algún día llegan a probar la vida material de la que disfrutan los Lidyos, que: «se gobiernan por unas leyes muy parecidas a las de los Griegos. Ellos fueron, al menos que sepamos, los primeros que acuñaron para el uso público la moneda de oro y plata, los primeros que tuvieron tabernas de vino y comestibles.» Incluso el vino llega a tener un valor político, pues Herodoto nos relata cómo los persas “después de bien bebidos suelen deliberar acerca de los negocios de mayor importancia”, y también cómo acostumbran “a examinar cuando han bebido bien, aquello sobre lo que han deliberado en estado de sobriedad”. Valor político del vino que debe ser aprovechado para lograr determinados fines: «Esos Masagetas, según he oído, no tienen experiencia de las comodidades que en Persia se disfrutan, ni han gustado jamás nuestras delicias. A tales hombres convendría prevenirles, en nuestro mismo campo un copioso banquete, matando un gran número de carneros, y dejándolos bien preparados, con abundancia de vino puro y todo género de manjares.» Una vez que los Masagetas viesen a su alcance tantas cosas buenas se abalanzarían sobre ellas para gozarlas, momento propicio para llevar a cabo una matanza horrible. Tan alta consideración tiene el vino que es capaz, como ningún otro, de congregar multitudes: «Llegados por fin a Bubastis celebran su fiesta (...) Y tanto es el vino que durante la fiesta se consume, que excede al que se bebe en lo restante del año.» Un privilegio político es el vino también para los que, como los sacerdotes egipcios, ocupan un buen estatus social: «Disfrutan en cambio aquellos sacerdotes de no pocas conveniencias (...) comen de la carne ya cocida en los sacrificios, tocándoles diariamente a cada uno una crecida ración de ganso y de buey, no menos que su buen vino de uvas.»

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