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Empordalia. Vinos delicados de la Costa Brava

  • Redacción
  • 2006-12-01 00:00:00

A un lado, el mar, al otro, el Pirineo, nevado a veces, y en medio, un valle ondulado, pendientes pizarrosas, terrazas de granito desmenuzado. Tierra pobre y agreste que ve nacer, pon contrste, los vinos tintos mas dulces y amorosos. El paraíso lo barre la Tramontana. Cuando ahora, en puertas del invierno, sopla en el Ampurdán y en la Costa Brava ese viento norte, enloquecedor, las nubes huyen hechas jirones, con el rabo entre las piernas. Vuelve el azul intenso y el sol deslumbrante, y el horizonte crece hasta el infinito si se mira desde el faro de Cabo Creus. Es el triunfo del Mediterráneo y de lo mediterráneo interior, donde a un lado y otro del camino alternan olivos de alto porte y viñas viejas. El año pasado se materializó definitivamente la unión de dos históricas cooperativas de vino y aceite del Empordà, las de Pau y Villajuïga. La fusión concentra una producción de más de dos millones y medio de kilos de uva, pero sobre todo supone el éxito de un trabajo concienzudo en pos de modernizar y mejorar sensiblemente la calidad de los vinos, Un empeño que ha liderado el grupo de socios más dinámicos con el gerente, Simón Casanovas, al frente. Fe, inversión y selección El proceso comenzó en 1991 como respuesta a la crisis del vino de aquella época. Fue entonces cuando decidieron embotellar y comercializar su producción en vez de seguir elaborando graneles sin nombre. Eso exigía seleccionar y controlar la producción de cada socio y valorar y pagar en justicia su calidad. Y así se hizo, con tres controles permanentes sucesivos: el del viñedo de cada cooperativista- por razones como el suelo, exposición a sol y vejez de las cepas- , el de la vigilia de vendimia, analizando la madurez óptima antes de cosechar y, por último, el análisis químico de la uva al llegar a las tolvas. Todos entendieron la necesidad de una transformación rigurosa, y gracias al esfuerzo común actualmente Empordalia es una sólida y reconocida firma, la primera bodega de la D.O Empordà-Costa Brava en cuanto a volumen de producción y número de socios. Disponen de 350 hectáreas de viña, básicamente con las variedades tradicionales del Empordà, Carinyena y Garnatxa para tintos, y en los blancos, Macabeu (Viura) y Garnatxa blanca. En las nuevas plantaciones se ha incorporado algo de Cabernet Sauvingnon, Merlot y Syrah. Elaboran anualmente entre millón y medio y dos millones de litros que suponen de un 15% a un 20% de la producción de la D.O Empordà-Costa Brava, puesto que la fusión de las dos cooperativa ha logrado la unificación de los vinos en en una sola gama, los Sinols. En boca de los críticos Las dos bodegas vecinas se transforman, los depósitos de hormigón dan paso al acero que, según el enólogo Emilio Esteve, es igual de eficaz pero mucho mas cómodo para trabajar. Con la obra en ciernes nacerá una zona social en Pau, presidida por una histórica prensa de aceite, nace una sala de crianza semienterrada y climatizada, mientras el edificio de Villajuïga se reserva para elaboración y guarda de vinos especiales: los golosos que siempre le han dado fama y aún se venden al público en espectaculares toneles, e incluso algún espumoso que están experimentando. Las novedades Las novedades que ya están en el mercado son el Sinols blanco y tinto 2005 y el Sinols Reserva 2001 que se reflejan en un nuevo diseño de sus etiquetas, y simbolizan el espíritu artesanal de la cooperativa. La gama Sinols mantiene los vinos que desde hace años vienen cosechando premios en España y en el mundo, como el Sinols Antima -edición limitada- y el Coromina. Y por supuesto preservan esas joyas tan originales de la bodega y de la región, los delicados y a la vez explosivos vinos dulces de Garnatxa, de uva Cariñena y de blanca Moscatel, jóvenes o criados con mimo en una salita propia, perfumada y golosa. Vinos cuya cosecha de este año fue calificada con más de 90 puntos por el prestigioso crítico de vinos, Robert Parker, y recientemente por Stephen Tanzer. Vinos caprichosos como la Garnacha elaborada por el sistema de soleras, desde 1981, o las crianzas en barrica de cerezo, de acacia o castaño. Experiencias tan sorprendentes como deliciosas al paladar.

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