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Hermanos Sastre: Amor y memoria

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  • Redacción
  • 2015-06-02 15:00:08

Siempre fue un placer recorrer sus viñas con los hermanos Sastre como guías, entusiastas, sencillos, admirando una y otra vez, como si fuera la primera, el regalo de la naturaleza en forma de esos racimos prietos de intenso color morado y doble hombro, lo mejor de la Ribera del Duero. Ahora solo queda Jesús, pero a su alrededor ha mantenido la firmeza de la familia y la filosofía que crean vinos únicos.

Recientemente reformada, la bodega cubre unos 2.000 metros, perfectamente dotada en lo que a técnica se refiere y mimada en lo humano, en los cuidados que llevan al enólogo a decidir el recorrido de cada racimo que entra en la vendimia, según el pago del que procede y las condiciones climáticas de cada año. Así se analiza y determina qué uva debe dedicarse a cada una de las elaboraciones, Viña Sastre Roble, Viña Sastre Crianza o la gama más alta, Regina Vides, Pago de Santa Cruz o la joya que es Pesus, del que salen apenas 1.500 botellas de uvas vendimiadas exclusivamente por la propia familia, como un rito anual de amor y memoria.

En total son 190.000 litros anuales que se crían en 750 barricas de roble americano y francés, unos durante 8 o 10 meses, otros con una estancia en la cuna que se prolonga hasta 24, siempre con tiempo previo para que las condiciones de la bodega propicien esa segunda fermentación caprichosa que afinará sus cualidades, la maloláctica, el proceso en el que el ácido málico, la rusticidad y la astringencia vegetal de la uva y la madera, se transforma en ácido láctico, esa delicada dulzura que nos evoca en secreto a los mamíferos los mejores momentos de nuestra experiencia gastronómica, la fase oral, la teta y el alimento primero.

Así, ya educado y refinado naturalmente, el vino pasa primero a barrica y después a botella y a reposar en el dormitorio a temperatura y humedad constantes, hasta el momento en que salga de la bodega.

La bodega no guarda memoria de aquel antepasado que, armado de tijeras, aguja y dedal, se ganó el apodo de sastre, el que hoy es su apellido. Sin embargo recuerdan con afecto y admiración al bisabuelo Severiano, que hace más de medio siglo elaboraba sus vinos en una cueva subterránea en La Horra, tal como marca la tradición de muchas villas de la Ribera del Duero. Fue él quien “tacita a tacita”, invirtiendo en tierras el beneficio de sus vinos, alabados por los vecinos, fue ampliando sus viñas y, con espíritu emprendedor, en 1957 se convirtió en socio fundador de la cooperativa local. Pero fue su hijo Rafael junto con sus propios hijos, Jesús y Pedro, quienes a principios de los años noventa, en pleno auge de la fama de la zona y del desarrollo enológico del país, pusieron en pie el sueño familiar de construir una bodega propia.

El aliento y la sabiduría de esos vinateros sobrevuela las 45 hectáreas de viña de Tempranillo, que han cumplido ya 50 años, y otras más jóvenes, con la incorporación de Merlot y Cabernet Sauvignon, hasta las actuales 90 hectáreas. Bien tratadas, como marca la naturaleza y la tradición, son capaces de derrochar, al convertirse en vinos, potencia y elegancia, estructura y armonía, en la misma medida.

 

Vinos diseñados desde el viñedo

Francisco, director del viñedo, y Julián Pascual, el bodeguero, son los ejes de un equipo que funciona con la familia como una piña, capaces de entender y continuar la filosofía de cultivo natural en cada paso, según piden la tierra y la planta, según marcan la luna y las estaciones.

El cultivo es de forma tradicional, es decir, sin la adición de abonos minerales, herbicidas e insecticidas, tal como lo hacían los abuelos, de forma que en estos tiempos tan tecnológicos el resultado son vinos inconfundibles, con una enorme personalidad.

Según la visión de los propios bodegueros, los métodos de elaboración son en realidad muy sencillos: “Diseñamos los vinos desde el viñedo, desde cada pago, es decir, se vendimia cada tipo de vino por separado y va a su depósito predeterminado, donde dejamos que los vinos fermenten con sus propias levaduras autóctonas controlando la temperatura por medio de depósitos con camisas refrigerantes y, cuando la vinificación está concluida, se estabilizan por medio de frío. Pero no se imaginen ustedes máquinas, sencillamente se sacan esos vinos a unos depósitos en el exterior, donde las temperaturas en diciembre y enero en La Horra descienden muchos años hasta los 15º bajo cero, con lo cual los vinos se quedan limpios de una manera natural y sin ningún método físico o químico agresivo que altere la extraordinaria calidad de nuestros vinos”. Acto seguido pasan a las naves de barricas, donde se criarán con sus correspondientes trasiegos hasta el embotellado y después reposan en el botellero hasta su etiquetado y comercialización.

¿Muy sencillo? Quizá la sencillez sea lo mas difícil, pero el resultado devuelve con creces todos sus esfuerzos.


BODEGAS HERMANOS SASTRE
Calle San Pedro s/n
09311 La Horra (Burgos)
Tel. 947 542 108
www.vinasastre.com

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