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San Valero, historia en auge

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  • Ana Lorente
  • 2019-10-08 00:00:00

Cariñena dio su nombre no solo a vinos, sino a uvas que fructifican en muchos rincones del mundo. Ese pasado no es un recuerdo en sus museos –del Vino, del Ferrocarril...–, sino que se respira e impregna la villa, más aún en este tiempo de vendimia.


A  la advocación del santo patrón de cada villa se acogían los trabajos colectivos, como es este que nos ocupa: el vino. Así fueron naciendo en tiempos de estrechez las cooperativas que garantizaban a los agricultores un precio justo por sus frutos y un pasable vivir. Con el tiempo, aquellas asociaciones básicas se han ido profesionalizando conforme el vino ha cobrado alcurnia y valoración. Unas se trasformaron en empresas privadas, otras se fueron reduciendo al mismo ritmo que los pueblos se despoblaban y, como norma general, el cambio a primera vista ha sido escamotear al santo tras la pulcra modernidad de las simples siglas. En ese proceso, lo que hay hoy detrás de Bodegas San Valero es un crecimiento ejemplar que pueden lucir con orgullo ahora que celebran el 75 aniversario de su nacimiento. Así es, la cooperativa vitivinícola de Cariñena nació en 1944 en una tierra muy vapuleada por la guerra y en manos de 66 viticultores. Hoy, lejos de perder su carácter, ha acogido bajo sus alas a alguna bodega privada hasta constituir un grupo que cuenta con 700 socios –una impresionante representación en un municipio de 3.333 habitantes–, mientras sus marcas de vinos y cavas –entre las que destacan Monte Ducay, Marqués de Tosos, Cava Gran Ducay, 8.0.1. y los magníficos vinos de su bodega Particular, con su nuevo lanzamiento 500 MANOS homenajeando a sus 500 viticultores, cuya etiqueta nombra con emoción a cada uno de sus socios– presiden la mesa en 33 países.

La gran familia
Lo más destacado de ese proceso es que sigue siendo una empresa familiar en la que se han ido incorporando las nuevas generaciones. Como muestra, ahí están dos puntales de la actividad de la empresa, los dos Javier Domeque, padre e hijo, que rigen respectivamente el trabajo enológico y el comercial. Uno hace los vinos, atento a la tecnología puntera y a la adaptación a los gustos mudables del público, y el otro se encarga de predicar la buena nueva y venderlos por todo el mundo.
En este día radiante del cambio de estación, eso que bien podría llamarse veroño, los dos están sobrepasados en sus funciones, y eso que aquí impera el orden y el buen concierto, como no podría ser menos para gestionar la vendimia, el momento más complicado en la gestión de nada menos que 3.800 hectáreas de viña, sobre todo Garnacha y Cariñena, que en la pasada vendimia se convietieron en 31 millones de kilos de uva. Este año, entre la fatiga de las propias cepas y que el tiempo no ha sido propicio (temperaturas extremas, falta de lluvia y en los primeros días de recolección la maldición del granizo), calculan que llegarán apenas a la mitad, pero, eso sí, uva concentrada, sana y abocada a vinos de calidad.

Más que vino
En esta vendimia no hay atasco de tractores en el gigantesco patio de la bodega, pero las tolvas con un rendimiento de 100.000 kilos por hora para variedades destinadas a la elaboración de vino y dos más para variedades destinadas a la elaboración de cava no descansan. Javier, el enólogo, después de 38 años en la brecha, lee los análisis de cada entrada en una ojeada pero no descuida un detalle. Volvió aquí, a su patria chica, después de trabajar unos años en el Penedès y con esa experiencia promovió la elaboración de cavas y nuevas fórmulas de trabajo, como la vendimia controlada en todos los parámetros o la crianza, que ocupa más de 15.000 barricas.
Y más allá del vino, Bodegas San Valero, la cooperativa más antigua y grande de Aragón, es un reclamo para el enoturismo, de modo que ha estrenado en un prodigioso alto Tierra de Cubas, bodega que integra todos los atractivos de paisaje y acogida para eventos privados y públicos, que pueden reunir hasta 400 asistentes. Es un precioso edificio de estilo aragonés donde ya los comedores se han quedado pequeños, de modo que han emprendido una obra de ampliación, y donde, por un ameno caminillo, se asciende a las cinco habitaciones que componen un hotel de cuatro estrellas, un refugio primoroso en el que alternan recién casados tras su ceremonia y catadores y distribuidores de todo el mundo que acuden a conocer la bodega y esta histórica zona vitivinicola. Bien merece una visita.


Bodegas San Valero

www.sanvalero.com

Ctra. N-330, Km 450,
50400 Cariñena (Zaragoza)

976 620 400





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