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Vendimia 1996 Buena, gracias al veranillo de San Martín

  • Redacción
  • 1997-06-01 00:00:00

El año 1996 ha dado una cosecha muy especial. En la mayoría de las regiones vitivinícolas de Europa el ciclo vegetativo de la vid fue inusitadamente largo. En algunas regiones de Francia, por ejemplo, se contaron 110 días, desde la flor hasta la madurez media de la uva , cuando lo habitual son 100 días. La razón ha sido un verano moderadamente caluroso, finalmente soleado, aunque a veces lluvioso, y un final de otoño extraordinariamente bueno. Una maduración lenta es garantía de un óptimo desarrollo del aroma. Por eso nos esperan, en muchas regiones vitivinícolas, vinos prometedores, en parte incluso magníficos. En cuanto a cantidad, las cosechas han sido más escasas que en años anteriores, con la excepción de la Península Ibérica.

Cosecha de España:

32 millones de Hl. Mucha lluvia y mucho miedo

1995 fue seco, y 1996, lluvioso. La cosecha casi se ha doblado, pasando de 18´95 a 32 millones de hectolitros. La vendimia se retrasó. Algunos viticultores se adelantaron por miedo a que las uvas se les pudrieran con las lluvias de octubre; otros controlaron su miedo y les sonrió la fortuna, ya que el comienzo del otoño fue soleado y seco y maduró uvas de buen grado y acidez.

Ribera de Duero tuvo una cosecha abundante, excelente y bastante regular, superando los 40 millones de kg. de uva, casi tres veces más que en 1995. El tiempo fue húmedo, pero no demasiado frío, con lluvias abundantes. El aumento espectacular de la cosecha se debe a la existencia de muchas cepas de reciente plantación que han entrado en producción en el 96. La vendimia se ha retrasado mucho por la falta de sol en agosto; pero, a diferencia de Rioja, aquí han sabido aguantar y ha habido bodegas que han terminado la vendimia a principios de noviembre. El resultado es que ha salido una uva sana, con grado alcohólico alto, y un elevado nivel de acidez. Una cosecha para seguir aumentando su prestigio.
Rioja obtuvo en el 96 la mayor cosecha de toda su historia, con una producción de 2´35 millones de hectolitros en 47.301 hectáreas de viñedo. Este es el resultado de las condiciones climáticas favorables, pero también de la modernización de las explotaciones. Sobre la calidad hay división de opiniones. Para José Hidalgo, uno de los enólogos más famosos de la D.O. y director de Bodegas Bilbainas, la calidad es irregular, con vinos excelentes y otros muy flojos. Durante agosto llovió mucho, hizo poco sol y hubo bastante humedad. La vendimia se retrasó hasta el 10 de octubre. En las tres subzonas de Rioja, Alta, Baja y Alavesa, aumentó la producción debido al efecto del agua sobre las uvas. Las zonas de recolección tardía de Rioja Alta aumentaron hasta un 40 % con respecto al año anterior, y en la Baja, hasta un 30 %. En la Ala-vesa subió tambien la producción de tintos, pero aparecieron casos de botritis en los blancos.
Para los tintos, en su mayoría de la variedad tempranillo, hay un buen porcentaje de uvas de buena calidad que resultaron con 12´5 o más grados alcohólicos, aunque, en líneas generales, la graduación ha sido inferior a la del año pasado. En cuanto a los vinos blancos, la producción de este año se ha disparado. La uva blanca consiguió un cuajado muy bueno duplicando la producción del año anterior, sobre todo la variedad viura, dominante en Rioja, sin embargo ha salido baja de grado alcohólico con 11´5 grados, como mucho.
Penedés, con 230 millones de kilos cosechados, que darán 172 millones de litros, vuelve a sus cosechas habituales de los años 92 y 93, antes de la sequía. Como en toda la zona norte de España, las lluvias de verano retrasaron la cosecha, que ha salido baja de grado pero alta en cantidad. Los tintos han alcanzado unos 12 grados, mientras que los blancos se han quedado con un grado medio de 10´5. Esto va a suponer que la mayoría de la uva blanca irá destinada a cavas, a los que va bien está graduación. No han tenido mucha suerte, porque además sufrieron dos tormentas de pedrisco, pero los grandes viticultores supieron aguantar y han tenido una uva sana al final, lo que permite calificar la cosecha de buena.


Las demás regiones
“Pasé mucho miedo, creí que este año se nos hundía toda la cosecha”, así se explica Pedro Aibar, director y enólogo de la más importante bodega de Somontano, Viñas del Vero. Ha sido el más lluvioso y frío de los últimos quince años, y como no maduraban las uvas, muchos se asustaron. En esta D.O. la vendimia terminó el 4 de noviembre con 10´5 millones de kilos, un 20 % más que el año pasado.
El sur del Marco de Jerez tuvo mejores condiciones climáticas que el norte. También llovió mucho , pero en la época de la maduración lució el sol y se vendimió en condiciones normales, obteniéndose 93.564.099 kg. en Jerez .
En La Mancha también pasaron miedo, pero al revés. Tras cuatro años de sequía su miedo era que las enormes cantidades de viñedo (180.000 ha. inscritas en el Consejo Regulador y otras 280.000 al margen de él) comenzaran a desaparecer. Los 414 l/m2 que les cayeron el año pasado les ha salvado y han conseguido una cosecha de 150 millones de kilos, de los cuales el 60% es de variedades blancas y el 40 % de tintas. Esto representa un 35 % menos que en las condiciones normales de antes de la sequía.
En la zona de la monastrel, más de 70.000 hectáreas que unen las D.O. de Alicante, Almansa, Jumilla y Yecla, las lluvias consiguieron salvar una zona muy castigada los años anteriores por la sequía. “Nuestras cepas arrastraban problemas desde el 95 -explica Alberto Pérez, Drector de Bodegas y Bebidas de Jumilla-; ahora han cubierto sus necesidades de agua y han quedado bien preparadas para el año que viene”. En Jumilla se recolectaron 50 millones de kg., lo que representa un 20 % más. Su cosecha ha sido muy buena en grado, color y acidez. Los vinos gallegos, fundamentalmente el Rías Baixas, han sufrido las inclemencias del norte, mucha lluvia, incluso en el mes de agosto, y restraso muy serio de la cosecha. La uva albariño resistió bien, aunque este año nos encontraremos con vinos bastante ácidos; pero la uva treixadura, base de buena parte de los vinos de esta D.O., sufrió bastante y surgieron muchos casos de botritis. Eso ha hecho que la producción haya sido menor que el año anterior, con 9.776.000 kilos.


Cosecha en Francia
59 millones de Hl. Buena cosecha, excelentes calidades

Los franceses están contentos con su última cosecha, a pesar de las cabriolas del tiempo, que dieron emoción a la vendimia. La totalidad de la cosecha ha aumentado respecto a la cantidad recogida el año anterior (59,65 millones de hectolitros), y el contingente de vinos con denominación de origen (24,9 millones de hectolitros) se ha mantenido estable.

Los viticultores de la Borgo-ña están especialmente contentos con la última cose-cha. No sólo se ha recogido más uva que en los últimos cua-tro años, sino que también, se-gún la opinión de muchos, se ha conseguido mayor calidad, con taninos enérgicos y una acidez adecuada. Los blancos son llenos y aromáticos, con mucho nervio y frescor. Excelentes también los vinos de Beaujolais y de Chablis, que se han beneficiado de similares condiciones climatológicas, lo que puede situar a la cosecha del 96 entre las excelentes de la década. Los tintos presentan actualmente un color intenso, y son carnosos, llenos y frutales.

Burdeos ha vivido un año de zozobra, entre la esperanza y el temor. La peculiar evo-lución del clima, con una ma-duración lenta, por no decir vacilante, ha llevado a unos tintos que se presentan en la actualidad de color intenso, alta proporción de alcohol, y ácido relativamente marcado. Esto recuerda a los de los años 1986 y 1988, que en su juventud se mostraron muy reservados, pero que hoy ofrecen todo su potencial y que, sin duda, pueden contarse entre las cosechas más hermosas de los años ochenta. Los más grandes Burdeos tintos del Médoc (Pauillac, Saint-Estèphe, Mar-gaux) deberían salir como los de 1986. Contrariamente al tan celebrado del 95, que en barri-ca se suavizó con sorprendente rapidez, el del 96 en el Médoc se establecerá como una cose-cha para guardar.
En los Graves y en el Li-bournais no todos los Merlot son de óptima calidad. Sin em-bargo, los de cosecha tardía, como el Cabernet franc y el Sauvignon, son muy promete-dores: en estos casos habrá gran diferencia entre finca y finca.
Los vinos blancos secos tam-bién deberían resultar satisfac-torios. Faltándole a esta espe-cialidad frecuentemente algo de ácido y, por tanto, de nervio, este año, como los dos anterio-res, habrá ganado con las espe-ciales condiciones climatológi-cas, particularmente en las zo-nas donde se pudo vendimiar antes de las lluvias de la segun-da mitad de septiembre.
Nos espera un año excepcio-nal en Sauternes y las demás regiones de vendimia tardía pa-ra vinos dulces procedentes de botritis. Un octubre cálido ha permitido la maduración ópti-ma y unos frutos ricos en azú-cares y con un buen nivel de acidez. El breve período de precipitaciones ha favorecido la podredumbre noble.

En la Champagne se habla de la cosecha del siglo, por-que en este tiempo sólo dos veces se ha cosechado uva tan extraordinariamente rica en azúcares y elevada acidez. Ya se compara esta cosecha con las de 1955 y 1928, dos “millésimés” legendarios, vinos considerados ya de coleccionista. Por eso saldrán al mercado como champagne de añada. Las mejores de estas “Cuvées” nos deslumbrarán a partir del año 2005 por su aroma afrutado, carnosidad y viveza de su carbónico.

Las demás regiones
A los viticultores de Alsacia les espera un año muy prometedor. Con cerca de 1,2 millones de hectolitros, la cosecha corresponde aproximadamente a la media de otros años, aunque sí es cierto que se ha recolectado basante menos Gewürztraminer. La vendimia se inició el 7 de octu-bre y se extendió, con tiempo soleado, hasta finales del otoño. La uva era notablemente sana y pudo madurar completamente gracias a las buenas condiciones climatológicas.
El Loira ha podido aprove-char unas excelentes condiciones. Una gran oscilación de las temperaturas entre el día y la noche, poca lluvia y mucho sol durante el período de maduración son, en este caso, los primeros indicios de una excelente calidad. Se esperan vinos tintos carnosos y de color intenso, excelentes Sauvi-gnon y Chenin complejos y buenos para criar en bodega.
Los viticultores del valle del Ródano, de Provenza y del Rosellón están menos contentos. El mes de agosto fue especialmente lluvioso, y septiembre, más bien fresco, aunque seco. Pero un hermoso fin de otoño ha salvado a los viticultores de lo peor. Gracias a ello, los que mejor han resultado son los blancos de Condrieu, llenos de finura y elegancia. En Côte Rôtie, Hermitage y Cornas, y siempre y cuando se haya actuado con inteligencia, se han vendimiado tintos frutales, enérgicos y vigorosos, aunque en parte algo delgados. La cosecha de tinto en algunas zonas de Coteaux d’Aix y Bandol ha salido mejor de lo que se esperaba, pero la proporción de vino de calidad resultará más bien pequeña, inclinándose a favor del rosado. Châteauneuf-du-Pape y Rose-llón han sufrido mucho por las inclemencias del tiempo.
La cosecha en el Languedoc ha sido muy irregular. A muchos vinos blancos les falta algo de re-lieve y frescura, aunque los tintos son muy notables, carnosos, de color intenso y alta graduación, con un potencial de maduración mediano. En Madiran y Juran-çon se habla de un año que, gracias a un final de otoño suave y seco, podría considerarse de un nivel tan excepcional como el del 94 y el 95, tanto con sus tintos como con sus cosechas tardías.


Cosecha en Alemania
Poco más de 8 millones de Hl. Sorprendente calidad

En contra de las primeras estimaciones negativas de la Asociación de viticultores de Alemania, un “octubre dorado” salvó un año difícil con, en parte, cosechas especialmente escasas, pero de excelentes calidades en muchos casos.
El comienzo del año de cultivo no auguraba nada bueno a los viticultores alemanes: los brotes y la flor sufrieron bajo las inclemencias del tiempo, con lo que fueron hundiéndose las expectativas de los viticultores con respecto a la calidad de la cosecha. El verano demasiado seco hizo temer por la cantidad. Pero un largo y hermoso fin de otoño hizo posible una calidad superior, una mejora en la graduación y muy buenos niveles de acidez. El rendimiento fue escaso, con 50 litros de mosto por cada 100 kg. de uva.
En Baden, el presidente de los viticultores Norbert Weber habló de un “año de ensueño, regalo de la naturaleza”. Además, la escasa cantidad ampliaba el margen de mejora del precio. Las variedades de Borgoña salieron muy satisfactorias, y la uva Müller-Thurgau, debido a las condiciones climatológicas favorables para ella, ha conseguido que el 60 % de sus vinos haya resultado finalmente sobresaliente.
En la zona renana de Hesse brillaron las variedades tardías Silvaner y Riesling por su sabor intenso y alta proporción de ácido tartárico, aunque baja de ácido málico. Werner Hiestand, presidente de la Asociación de viticultores de Alemania y viticultor él mismo en Uelvers-heim alaba el gran porcentaje de caldos de calidad: “Tenemos vinos finos que pueden consumirse pronto”.
En el Palatinado, Fritz Schuhmann, jefe del departamento del Staatliche Lehr- und Forschungsanstalt (Instituto Estatal de Enseñanza e Investigación) de Neustadt-Mussbach, habla de vinos de “excelente solidez y verdadera calidad, claros, aromáticos y definidos en su variedad”. El año trajo una proporción mayor de vinos muy buenos, y tintos muy por encima de la media. Hansjörg Rebholz de Siebeldingen resume diciendo que la satisfacción final ha sido a costa de mucho y muy duro trabajo. Con una cosecha muy escasa se ha conseguido una calidad comparable a la del magnífico 1990.

La cosecha en Suiza
Tras el decepcionante mes de septiembre, un hermoso mes de octubre fue el responsable de la calidad de los 62 millones de litros de vino tinto y 70 millones de blanco que recogieron los viticultores suizos: una agradable sorpresa. Con 23 millones de litros de uva blanca y 29 de tinta, los viticultores de Valais recogieron por primera vez más tinto que blanco. Con una cosecha apenas superior a la media y un aumento del cultivo, la recolección de tinto sólo se ve superada por la del 90 y se sitúa por encima de la demanda. Pero teniendo en cuenta las excelentes calidades, la conservación de una parte de la cosecha no debería suponer ningún problema. La cosecha de blanco, de prometedora calidad, corresponde en cantidad casi exactamente a la demanda: el peso medio del mosto de Casselas de primera categoría alcanza casi los 80 grados Öchsle, es decir, los 11º alcohólicos; el Johannisberg llegó a los 91 grados Ö., algo más del 12 % en Volumen. La cosecha de Vaud, de 38 millones de litros, ha correspondido a los pronósticos, con uva sana y buena maduración. La media de grado alcohólico de Chasselas, Gamay y Pinot noir se sitúa un poco por encima del 95, que fué un buen año. En las primeras catas, los Chasselas se han presentado llenos de raza y marcados por el “terroir”; los Gamay, muy frutales y con taninos espesos; y los Pinot noir, con mucha fuerza de expresión y bien construidos. La cosecha en Ginebra ha cumplido los pronósticos de agosto con 14 millones de litros, de calidad levemente superior a la del buen año 1995. En Neuchatel, la cosecha de blanco ha sido de 2,3 millones de litros. Pero sólo la de tinto, 1,4 millones de litros en bodega, está por encima de la demanda. Teniendo en cuenta su prometedora calidad, esto no debería suponer problema alguno. En los alrededores del lago de Bienne, la cosecha se mantuvo, con casi 14 millones de litros, dentro del marco de la media pronosticada, con una calidad de uva superior a la media.


Cosecha en Italia
59 millones de Hl. Calidad entre aceptable y buena
El año 1996, igual que 1995, ha estado marcado por un verano fresco, con relativamente poco sol. En la mayoría de las regiones ha llovido antes y durante la vendimia. Con 59 millones de hectolitros, un aumento de un 5% con respecto al año anterior, la cosecha sigue estando claramente por debajo de la media de los últimos diez años. La calidad se sitúa entre aceptable y buena.

Del Piamonte llegan las noticias más positivas. Es-pecialmente los viticultores del Langhe (Barolo y Barbaresco) celebran que las constantes pre-cipitaciones desde finales de septiembre hasta principios de octubre no hayan afectado a la calidad de la uva. A pesar del escaso sol, las uvas han adquirido una concentración de azúcares sorprendentemente alta, por encima de la del año pasado. Algunos viticultores hablan de un año comparable, incluso, al de 1990. También reina la satisfacción en la región de Astigiano, donde el Barbera maduró bien y donde se presenta un año francamente bueno. La producción global es algo superior a la de 1995, un año más bien modesto en cuanto a cantidad.

En la Toscana, en la valora-ción de la cosecha hay división de opiniones. Y no es extraño, teniendo en cuenta que las precipitaciones han sido superiores incluso a las del Pia-monte. Por lo general, la calidad ha sido inferior a la del año pasado, y los resultados resul-tarán muy dispares, dependien-do de las zonas.
Pero tanto en Chianti como en los alrededores de Montalgi-no hay productores satisfechos cuyas cosechas no tendrán nada que envidiar a las del año pasado en cuanto a la calidad. La alegría es completa sólo para los viticultores que han entresacado rigurosamente sus viñas, sacrificando la cantidad a cambio de la concentración. Sin embargo, muchos viticultores se quejaron de las condiciones tan problemáticas durante la vendimia.
La iniquidad climática ha fa-vorecido a las pequeñas empre-sas vitivinícolas, gracias a su corto tiempo de vendimia, lo que les ha permitido un mejor aprovechamiento de los pocos días de sol.
Las condiciones en la zona de Montepulciano son comparables a las de Montalcino, mientras que el año parece haber evolucionado de la peor manera para los viticultores de la Maremma.
El Sangiovese arrojó flacos resultados y el Cabernet Sau-vignon tuvo diversos problemas de salud. El Merlot, por el contrario, se ha mantenido muy bien. La producción global de la Toscana se sitúa aproximadamente en un 5 % más baja que la del año pasado.
El Veneto es una de las regiones más desafortuna-das de este año, a pesar de una producción global un 25 % superior a la del 95. Las zonas de Valpolicella han sufrido la escasez de los rayos solares y la generalización de las lluvias durante la segunda mitad de septiembre. En consecuencia ha resultado una vendimia sin apenas madurar. Las uvas de Amarone, que se dejan marchitar y secar al sol para concentrar sus azúcares y sus tonos amargos, no han logrado su punto ideal por la humedad persistente, aunque han visto aumentada su producción de 5.000 a 6.000 toneladas. La cosecha de Soave, sin embargo, gracias a la menor intensidad de las precipitaciones, ha tenido resultados ligeramente mejores.

Las demás regiones
Trentino / Sur del Tirol: a pesar de las lluvias pertinaces, las uvas blancas han resultado notables. Chardonnay, Riesling, Sauvi-gnon y Gewürztraminer han salido de calidad satisfactoria. El estado de las Pinot nero, sin embargo, ha demostrado ser muy precario. También la Vernatsch preocupa a los viticultores, mien-tras que Cabernet y Merlot han resistido mejor a los elementos. La producción es un 20 por ciento superior a la del año pasado.
Lombardía: En la zona de Franciacorta, los vinos blancos y los espumosos serán convincentes gracias a una buena madura-ción y acidez. El Pinot nero depara menos alegrías en esta zona, y la calidad de las demás uvas tintas es desigual. La cantidad producida es un 20 por ciento superior a la de 1995.
En el Friul, el desarrollo de la uva blanca ha sido excelente. Especialmente las variedades de maduración temprana Char-donnay y Sauvignon, de calidad decididamente superior a las del 95. Pero en determinadas zonas el granizo ha reducido en gran parte la cantidad y la calidad. Las variedades tintas, por el contrario, han sufrido más los efectos de la humedad. La cosecha es un 20 % mayor que en el año 1995.
También ha llovido en el sur de Italia. En el sur de Apulia y en Calabria las lluvias cayeron sobre uva madura, lo que acarreará como consecuencia unos vinos aguados. En el norte de Apulia la lluvia impidió la maduración perfecta. La Basilicata, no obstante, ha registrado resultados satisfactorios en el Aglianico.
En Sicilia y Cerdeña, la aten-ción de los viticultores se centró en el falso mildiu, que ha afectado a la calidad en muchas regiones, y en partes del norte de Cerdeña ha atacado a toda la cosecha, mientras que el sur ha salido relativamente bien parado. Los viticultores que combatieron bien el falso mildiu se han visto recompensados con hermosas calidades, en el caso de las variedades blancas y el Cabernet; mientras que las de maduración tardía plantearon problemas debido a las insistentes lluvias. En Sicilia, la cantidad se man-tiene constante con respecto a 1995, pero Cerdeña tendrá un descenso de un 30 %.


Regiones diversas
Cosecha en Austria, Portugal y California

California puede contar con una cantidad relativamente pequeña de buena calidad. Los vinos blancos de Austria, con cantidades menores que en 1995, han sido en su mayor parte ligeros, delgados y bien estructurados. En el valle del Duero reina la decepción: sólo muy pocas casas podrán declarar su Oporto como un Vintage.
El 20 de octubre aún se bromeaba en la región de Wachau, Austria. “El ácido y el mosto se equilibran”, informaba Irmgard Hirtzberger, de Spitz. En otras palabras: el ácido era muy alto en la uva, y los azúcares, muy escasos.
La vendimia se retrasó mu-cho, con éxito. Fritz Mies-bauer, de los Freie Weingärtner Wachau (Viticultores Libres de Wachau), escéptico en octubre, celebra algunos vinos tintos de alta graduación. Emmerich Knoll de Loiben se muestra restrictivo: “No se han conseguido grandes Riesling, como los que hicimos varias veces durante los últimos años.”
La mayor parte de los vinos del 96 en Austria es ligera, delgada y con un buen nivel de acidez. Los tintos son, en parte, más intensos de color y más compactos que los del 95; fue importante la selección en cepa. Resumiendo: de nuevo un año muy dependiente del viticultor. Josef Umathum, de Frauenkirchen, hace balance: “Zweigelt, Borgoña tinta y St. Laurent son mejores que nunca.” Para Willi Bründlma-yer, de Langenlois, todo fue “sencillamente emocionante”. Su conclusión del 96: “Lo que es bueno será incluso muy, muy bueno.”
La cosecha total, con unos 2,02 hectolitros, queda por debajo del resultado de 1995 (2,22 millones hl.); no más de 41,6 hectolitros por ha. En el Seewinkel (Neusiedlersee), la helada trajo consigo una aportación ingrata, en la que resultaron dañadas 1.500 hectáreas.

La vendimiada en Portugal ascendió a más de 9 millones de hl., lo que supuso un aumento de un 24% con respecto al año anterior, aunque bien es verdad que el 95 fue una cosecha escasa. 3,5 millones corresponden al sur: Riba-tejo, Alentejo y Algarve; en el norte, las regiones más significativas son Douro, con 1,4 millones de hl., y Vinho verde, con 1,8 millones. Dâo ha recolectado un 50% más (500.000 hl.) que en 1995.
“Hemos tenido algunos problemas de podredumbre”, explica Bernardo Visiu, de la Quinta de Santa Eufemia, en el Alto Douro. Quien dejó pasar la lluvia con paciencia ha podido contar con excelentes calidades. El equipo de catadores de Fonseca está especialmente entusiasmado con las cosechas de sus tintos de Portalegre (Alentejo).
Jim Reader, de Cockburns, opina que muy pocas casas destinarán a Oporto Vintage la cosecha de 1996.

California
Tras un año vinícola inestable, la mayoría de los productores tenían ya a finales de septiembre una cosecha relativamente escasa en la bodega. Un invierno más cálido de lo habitual, con muchas precipitaciones, había propiciado el envero dos o tres semanas antes de lo normal. Una primavera fresca retrasó el florecimiento, que se produjo con sólo una semana de adelanto aproximadamente. Las lluvias de mayo, poco frecuentes en California, provocaron corrimiento de racimos e hicieron descender la cosecha de un 15 a un 20%. Las variedades con más cantidad son Pinot noir, Zinfandel y Merlot.
Junio fue fresco, y el verano trajo tres o cuatro olas de calor, en julio y agosto, que aceleraron el proceso de maduración. Para proteger cepas y uvas en esos momentos críticos se cortaron menos hojas de lo habitual. Una dramática ola de frío, a finales de agosto, que duró hasta bien entrado septiembre, retrasó la formación de azúcares y permitió una maduración posterior de los aromas de la uva. Final-mente, nieblas matutinas y tardes cálidas aportaron el equilibrio, que ya se echaba de menos, poco antes de la vendimia. En general, la mayoría de los viticultores están contentos con la calidad. El intenso trabajo en los viñedos, debido a la catástrofe de la filoxera, está dando sus primeros frutos en las viñas, que ofrecen mucha más variedad en cuanto a plantación y cultivo.
Vinos espumosos (Sparkling Wines): Tras una brotación temprana, se esperaba una vendimia avanzada. Las uvas de la variedad Pinot noir empezaron a teñirse de color ya a principios de julio. Los calores de julio y agosto aceleraron el proceso de maduración, hasta el punto de que los viticultores pasaron tres o cuatro semanas de vendimia febril antes de recoger una cosecha de calidad altmente satisfactoria. De la variedad Chardon-nay se recogió un 20 por ciento menos que en los otros años. Los espumosos de Napa Valley (Mumm, Codorníu, Schrams-berg, Domaine Chandon), que seguramente no aparecerán en el mercado hasta el año 2000, tendrán menos cuerpo que en una “cosecha del siglo”, pero disfrutarán de gran finura.
Vinos blancos: Poca cantidad, pero excelente calidad, favorecida por las condiciones climatológicas. Intensos aromas frutales y marcada característica de su variedad en el Chardonnay, y aromas de higo y melón en el Sauvignon blanc, que, debido a la poca cantidad, se pudo vendimiar antes de lo habitual. Todas las variedades blancas muestran buena calidad, aunque una cantidad mucho menor de lo habitual. En el Napa Valley, la cosecha del año ya se compara con las del 81 y el 84; las uvas han madurado perfectamente, a pesar de dar unos niveles de acidez muy altos
Vinos tintos: El buen tiempo de finales del verano ha permitido una vendimia cómoda, y los viticultores se muestran contentos en general. Parte del Cabernet Sauvignon se recogió ya a principios de octubre y maduró del todo. La única decepción fueron las cosechas entre un 20 y un 40 por ciento menores en las variedades bordelesas Cabernet y Merlot, mientras que al Pinot noir en general le sentó bien el tiempo tan variable. John Thatcher, de Cuvaison, califica a 1996 como: “Excepto en cantidad, un buen año.”

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