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Tras la subasta récord de Christie’s en Londres: No se vislumbra el final de los precios

  • Redacción
  • 1998-02-01 00:00:00

¿Qué fue lo especial de esta subasta? Sencillamente, la combinación única de cantidad y calidad. Era obvio que los vinos se habían conservado de forma excelente. El hecho de que el vendedor quisiera permanecer en el anonimato aumentaba la emoción. El catálogo de la subasta, encuadernado en tela por primera vez, contenía numerosas ilustraciones en color, lo que también constituyó una novedad. Además, si se me permite decirlo, podían leerse en él descripciones detalladas de las añadas y notas de cata escritas por mí.
Nuestros precios estimativos reflejaban la extraordinaria calidad de la oferta. Sin embargo, el interés internacional superó con creces nuestras expectativas. Llamó la atención el gran número de pujadores procedentes de Hong Kong, Singapur y otros lugares del Lejano Oriente. Uno de estos clientes asiáticos desembolsó un total de 1,6 millones de libras (400 millones de pesetas). En la larga historia de Christie’s, ningún particular había invertido tanto en una subasta de vinos.
¿Qué conclusiones sobre el mercado pueden sacarse? El sobrecalentamiento continúa. Está claro que, con los exorbitantes precios que están alcanzando actualmente los Châteaux más famosos de la región bordelesa (fundamentalmente Pétrus, Le Pin y las mejores casas del Médoc), estos vinos están fuera del alcance del bolsillo del consumidor medio. Nos guste o no, existe una inmensa demanda mundial frente a una cantidad limitada de vinos de elite. Además, la cantidad de caldos maduros excelentes disminuye, puesto que el vino -a diferencia de las joyas o la plata- se consume.
En cualquier caso, esta espectacular demanda es un fenómeno nuevo. Hasta bien entrados los años cincuenta, el interés por los Premiers crus de Burdeos se limitaba a los mercados europeos tradicionales. La mayoría de los amantes de estos vinos procedía de Gran Bretaña, Alemania, Suiza y algunos otros países. Pétrus no era especialmente famoso, y Le Pin no existía. En los años sesenta despertó el interés de los norteamericanos; el momento de la fundación del Departamento de Vinos en Christie’s (1966) estuvo bien elegido. La locura de los coleccionistas centroeuropeos por el burdeos no empezó hasta los años ochenta, y la demanda en el Lejano Oriente data sólo de hace cinco años.
¿Qué nos deparará el futuro? Es difícil predecirlo, pero a la vista del continuo aumento de la demanda mundial no hay motivos para un posible retroceso de los precios. Los banqueros insisten en que la circulación monetaria es actualmente enorme, y que tanto la producción como el comercio están perdiendo importancia. Este dinero tiene que ir a alguna parte. Sólo confío en que las compras de los coleccionistas puedan seguir el ritmo de su consumo. En realidad, el vino está para beberlo. Según mi experiencia, los coleccionistas nunca pueden parar: da igual que se trate de cajas de cerillas, coches antiguos, monedas o cualquier otra cosa. Pero en algún momento se alcanza definitivamente el límite y la mercancía vuelve al mercado. Entretanto, y a la espera de tiempos mejores, los amantes del vino menos pudientes tendrán que consolarse con una inmensa oferta de Châteaux buenos, aunque no tan prestigiosos... o dedicarse a viñedos codiciados del Nuevo Mundo.

El mercado de subastas está al rojo vivo. Poco después de que Sotheby’s batiera una marca con la puja por los vinos de Lloyd-Webber, Christie’s ha superado el récord mundial de subastas. A mediados de septiembre se subastaron en la King Street londinense unas 19.000 botellas por una cantidad total de más de 7 millones de libras. Michael Broadbent, subastador jefe de Christie’s y redactor de Vinum, nos habla de la histeria desatada por las joyas enológicas.

La subasta récord

Fecha: 18 y 19 de Septiembre de 1997.
Lugar: Christie’s, “Great Room”, King Street, Londres.
Botellas ofertadas: 19.000.
Lotes ofertados: 1499.
Beneficio total: 7.043.078 libras
esterlinas (1.740 millones de pesetas).
Tasa de ventas: 100%
Precios más elevados:
Château Mouton-Rothschild, 1945, Jéroboam, 71.500 libras
(17,6 millones de pesetas),
Château Cheval Blanc, 1947, 68.200 libras (16,84 millones de pesetas),
Château Pétrus, 1961, 57.200 libras (14,12 millones de pesetas) la docena.

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