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ASTURIAS. ¡Sorpresa! Hay vino en los valles

  • Redacción
  • 2009-11-01 00:00:00

Todo el mundo conoce, o al menos ha oído hablar, de la lujuriosa naturaleza asturiana, el esplendor de sus profundos valles, su fauna salvaje, de su mar indomable, de la riqueza gastronómica, de sus extraordinarios quesos o su famosa y singular sidra. Mas cuando alguien menciona sus vinos es tan sólo para valorarlos de pasada, como mera anécdota, ignorantes, quizá, de que en la parte más escondida del Principado, en la cuenca minera del valle de Cangas del Narcea, el vino vuelve a despertar ilusiones a los esforzados viticultores de aquellos montes y laderas vertiginosas. Estos valles asturianos poseen una naturaleza exuberante, un microclima especial que hace de sus inclinadas laderas un ambiente casi mediterráneo. Aprovechando esa peculiaridad, los paisanos ya hacían vino en tiempos prerromanos, aunque solo quede constancia escrita de ello en el siglo IX. La fundación del Monasterio de San Juan Bautista de Corias, por los monjes benedictinos, a comienzos del siglo XI, impulsó definitivamente el cultivo de la vid, lo que ejerció sobre la población y el entorno una gran trascendencia. Llegó a tener casi dos mil hectáreas de viña hasta bien entrado el siglo XX, cuando la minería cambió para siempre la faz de aquella tierra y la mentalidad de su gente. En sus terrazas de imposible laboreo la viña daba lo justo para vivir, mientras la mina transformaba la economía y el aspecto físico de los pueblos, y el dinero corría más abundante que el agua de sus numerosas torrenteras. Al final del ciclo minero, la vida retorna a la normalidad, o a la monotonía, según se mire, las minas se cierran, los puestos de trabajo se esfuman, y se vuelve a mirar con cariño al campo, cuando no se inicia un goteo incesante de emigración a las ciudades. Es a partir de entonces cuando esforzados paisanos vuelven a cuidar sus pizarrosos majuelos y a basar en ellos sus esperanzas perdidas. El vino, como ya ha pasado en otros lugares, puede ser el revulsivo que necesita la comarca. El vino, nuevamente, como sustento de vida. Creer en sus propias fuerzas Así lo intuyeron unos cuantos viticultores de la comarca, dispuestos a elevar a la calidad del vino salido de aquellos valles, ilusión que mantienen intacta desde hace una decena de años. Como la familia Marcos, que ha apostado decididamente por los varietales autóctonos. Son tres hermanos, unos de los que batallan diariamente por elevar el vino asturiano al lugar que le corresponde. En su bodega, situada en un alto llamado Obanca, los tres hermanos Isaac, Carlos y David, dirigidos por José, el padre, disfrutan de la vista relajante sobre Cangas y el valle, un lugar que bien podría cumplir su función como mirador o restaurante , si bien el entusiasmo de sus propietarios por el vino anula cualquier tentación de cambio. La verdad es que su esfuerzo ha sido pagado con creces, con vinos de calidad, sobre todo el llamado Castro de Limes, elaborado con la uva de sus viñas de la variedad Carrasquín. Posiblemente, si interroga en Luarca por Antonio Álvarez, pocos sabrán dar razón alguna de su paradero. Pero si pregunta por Antón Chicote (su nombre de guerra) todo el mundo asentirá, y le encaminara sin dudar a su acreditado bar en el centro del pueblo, o a su bodega encaramada en el monte, justo al lado de sus bien cuidados viñedos de las variedades autóctonas Verdejo, Albarín y Carrasquín, además de Mencía. De éstos destaca sobremanera su majuelo llamado Penderuyos (término que le viene al pelo, porque tiene algo que ver con pendientes vertiginosas) de tan sólo una hectárea , pero en la que se cultiva una de las mejores uvas de la comarca. De ella saca el llamado Penderuyos Selección, unas 12.000 botellas apetitosas. Vicente Fernández domina el negocio de la venta de vinos. Su actividad consiste en vender vino de mesa, y lo debe hacer muy bien porque el negocio siempre le fue próspero. Pero según sus propias palabras, su determinación de elaborar el vino de sus viñedos, acogido a la Indicación Geográfica, le ha costado (hasta ahora) buena parte de las ganancias obtenidas con la comercialización de los vinos de mesa. Posee un magnífico majuelo en una empinada ladera pizarrosa y oscura donde las variedades autóctonas vegetan. El lugar se llama La Muriella, como sus vinos, blancos y tintos nacidos de tres hectáreas que disfrutan de una exposición solar excelente. Un proyecto prodigioso Cuando se constituyó en serio la Indicación Geográfica, los viticultores necesitaron de un centro donde recoger y vivificar la materia prima de sus viñedos. Pensaron en algo sencillo, solo para elaborar vino joven, pero enseguida el número de socios llegó a los casi ochenta, superando todas las expectativas. Ante la necesidad de buscar un lugar más apropiado, se construyó una bodega moderna (el proyecto lo realizó el arquitecto José Ramón Puerto, al que ahora le toca ejercer de presidente), un modelo de integración en el paisaje, amplia y dotada con todo lujo de detalles, tanto en lo enológico como en su plasticidad, y en la que elaboran hasta 75.000 botellas (el primer año) de unos cuantos tipos de vino, entre ellos un blanco hecho de uvas tintas. Al amor del Monsaterio El Monasterio de Corias fue el principal impulsor del viñedo asturiano. Bajo las directrices de la orden de los benedictinos se plantaba viña en los valles, y en la penumbra de sus bodegas se guardaban los mejores vinos de muchas leguas a la redonda. La decadencia trajo la privatización o el alquiler de sus propiedades y la consiguiente ruina del magnífico edificio. Hace unos cuantos años un grupo de entusiastas del vino, entre los que se encontraba Pilar Tetas (del grupo Pinord), formaron una sociedad, en la que también se encuentra Juan Manuel Redondo, enólogo director. Juan Manuel siempre hace la aclaración pertinente: “se dice por aquí, se cree, que en la sociedad está metido el grupo Pinord, con todo su poderío enológico; pero la verdad es que Pilar está con nosotros solo a nivel personal. Las decisiones las tomamos aquí, entre todos, lo mismo que asumimos los riesgos”. Como una herencia de los buenos tiempos, los vinos de esta empresa se elaboraban en el Monasterio, en un espacio alquilado. Pero la repentina idea de hacer un parador nacional en el soberbio edificio ha trastocado los planes de la pequeña sociedad. La solución ha llegado de la mano de la Junta, y justo al lado se ha edificado una bodega en la que se elaborarán las uvas de los viñedos recuperados del monasterio. El valle alejado La bodega de Víctor Chacón Buelta está fuera del circuito normal, en Cerredo, a casi una hora de Cangas. Víctor, minero de oficio, tuvo un comienzo fulgurante en su primer contacto con la enología. Planificó una moderna bodega tan bien dotada de instalaciones que para sí las quisieran algunas de las marcas de notable fama y de regiones reputadas. En el año 2000 plantó tres hectáreas de viña, solo de la blanca Albarín (apuesta decididamente por los vinos blancos, porque cree que lo tintos no tienen el potencial suficiente en la zona, y porque ¡adolecen de acidez!), en el cálido valle de Ibias, y después de tres años de experimentar lo duro que es llegar a hacer un vino de altura tiró la toalla. Elaborar el vino que él tenía en la cabeza era mucho más delicado y complicado de lo que esperaba. Hace solo un año, y por pura casualidad, contactó con Gregory Pérez, uno de los jóvenes audaces del panorama vinícola berciano, y el entendimiento fue inmediato. La primera y única vendimia que está en el mercado es la del 2008. Es un blanco de Albarín criado en barricas con sus lías, y que posee un buen potencial de envejecimiento. Gracias a estas seis bodegas, plenas de ilusión, sin escatimar esfuerzos, surge de nuevo el vino en un paisaje de ensueño, a simple vista más apto para reserva de animales únicos y escasos como el urogallo, el oso, el lobo o el ciervo, pero… …Pero, ¿realmente se puede soñar con un vino asturiano que marque la diferencia? Sí, si se analizan los diversos trabajos a los que hay que enfrentarse, como el difícil y pizarroso terruño, un microclima especial, en el que puede sin duda prosperar un viñedo al borde de lo posible, benigno, aunque no en exceso, con bastante menos pluviometría que en el resto del Principado, más horas de sol, y, sobre todo, sus variedades únicas, tanto blancas como tintas, raras y con personalidad, guardadas durante siglos en sus valles abrigados. Sin duda se debe trabajar para que todo este potencial prospere, prevalezca y entusiasme al público. Las mejores direcciones No solo hay vino en la comarca de Cangas. La zona es espectacular, no solo por la belleza del entorno, sino también por su alto valor ecológico. En los alrededores se encuentra el Parque Natural de las Fuentes del Narcea e Ibias, una de las mayores reservas forestales de Europa, y la Reserva Biológica de Muniellos. Existen rutas para poder visitar el parque. Y, por supuesto, una ruta del vino. Además, el Gobierno de Asturias ha desarrollado un plan de turismo gastronómico que le ha valido el reconocimiento de La Secretaría de Estado de Turismo. Merece la pena apoyarse en él. Comer Rest. Blanco C/Mayor, 11 Cangas de Narcea Tel. 985 810 316 www.restauranteblanco.net Por las dimensiones del restaurante, diez mesas a lo sumo, pocos pensarían en la alta cocina que se desarrolla en sus fogones. Carta de vinos excelente, con lo mejor y lo último. Reservar con antelación si no quieren perderse una de las mejores cocinas de Asturias. Rest. Hotel L’Anceo 33813 Cibuyo Tel. 985 918 824 www.lanceo.net Carmen Lorenzo, cocinera y propietaria nos deleita con su cocina directa y tradicional modernizada. Deliciosos los crêpes de mariscos, los rollos de cecina o el puré de manzana con morcilla. Dormir Casa Mario Posada de Rengos. Tel. 985 911 198. info@casamario.net La casa, de piedra, madera y pizarra, es difícil de encontrar, en un recóndito rincón de Posada de Rengos. Paz y tranquilidad. Magdalena Fernández, su dueña, mantiene un ambiente familiar. La Cabana’L Cachican Las Barceniellas, 2 Limes Tel. 985 811 695 www.cachican.net Para dormir entre viñedos en apartamentos rurales muy bien equipados. Existe la posibilidad de visitar el viñedo y la bodega. Beber Enoteca La Puchera Santiso, s/n Cangas de Narcea Tel. 985 812 274 En las mismas instalaciones que el Mueso del Vino de Cangas. Catas y venta de vinos. Productos artesanos. Bar Chicote C/ La Fuente, 8 Cangas del Narcea Tel. 985 810 934 Buenas tapas, productos de la tierra. Vino de la comarca (en especial el vino de la casa, Penderuyos). La Bodega de Atrás C/Mayor, 17 Cangas del Narcea Tel. 985 810 405 Platos clásicos de la cocina asturiana, productos de la tierra y un espacio especialmente dedicado al vino.

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