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D.O.P. Almansa. El fortín de la Garnacha Tintorera

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  • Antonio Candelas
  • 2015-12-04 16:30:46

Nos adentramos en una Denominación de Origen con un posicionamiento geoestratégico de gran valor histórico, comercial y como no, vitícola. La comarca almanseña ha sido testigo de excepción de numerosos momentos que han marcado el devenir de nuestra historia. Hoy, las viñas plantadas en lo que fuera el campo donde se libró hace más de tres siglos la famosa batalla de Almansa, dan vinos con una excepcional expresión varietal y un carácter único de sus viñedos.

Texto: Antonio Candelas / Fotos: Heinz Hebeisen

Almansa es una comarca que se define por su peculiar relieve en forma de corredor natural que cumple la misión de unir la meseta manchega y la costa levantina, a la vez que sirve de zona de transición entre los sistemas montañosos Ibérico y Bético. Esta ubicación, como todas las que juegan un papel limítrofe entre dos zonas diferenciadas, goza de una mayor riqueza cultural, entendiendo como tal cualquier matiz que forme parte de la vida de sus habitantes. Este aspecto se puede extrapolar a la diferenciación de unos vinos que, aunque nazcan dentro de territorio aún albaceteño, llevan marcada la impronta mediterránea por la exuberancia de su fruta y por ese aire goloso que se ve refrescado por la altura de sus viñedos. Hay que tener muy en cuenta que la altura en la que nos situamos ronda los 750 metros de media y llegamos a encontrar cepas por encima de los 1.000 metros. Esto, unido a un clima continental con evidentes influencias mediterráneas, ofrece al viticultor las herramientas adecuadas para educar el carácter y sacar a relucir los talentos que atesora su mejor alumna, la Garnacha Tintorera. Una uva que -aunque procede de Francia y en cuyo nacimiento tuvo mucho que ver el ingenio del hombre en las últimas décadas del siglo XIX para crear mediante dos cruces una variedad con una herencia tintorera y garnachera- ha encontrado en estas tierras su mejor medio para expresarse. Tanto es así que está considerara casi como autóctona de la zona. En España es la única variedad en la que al separar el hollejo de la pulpa, ésta es tinta, un hecho que hace que sus vinos estén dotados de una generosa estructura y una mayor intensidad colorante comparada con otras variedades que no forman parte de la familia de las tintoreras. Aunque en su historia no siempre haya estado ligada a grandes vinos por utilizarse para aportar color y estructura a los graneles españoles, hoy en día en la zona de producción almanseña está adquiriendo un gran prestigio al elaborarse con ella unos vinos que no escatiman en mostrar su potencia frutal, pero con una estructura educada y un punto silvestre y fresco que la hacen muy amable tanto en nariz como en boca.

Clima, suelo, altitud... y unos viticultores que ejercen de auténticos maestros para llevarla de la mano hacia la excelencia enológica. Si observamos con detenimiento el paisaje de la Denominación, enseguida nos damos cuenta de que el escenario en el que la Garnacha Tintorera se encuentra goza de todo lo necesario para que estos vinos sean tan especiales. Hemos mencionado buena parte de las piezas que componen el puzle del viñedo almanseño, pero nos falta una que resulta ser casi un icono en la zona y que en muchas ocasiones es el reponsable de dirigir los fenómenos meteorológicos. Se trata de la sierra del Mugrón, un accidente montañoso que forma parte de la interesante transición geográfica del terreno y que se encarga de frenar en muchos casos las precipitaciones en forma de tormentas que pudieran dañar la integridad del viñedo. Hasta su nombre hace referencia al lenguaje vitícola, puesto que un mugrón es un sarmiento que, sin cortarlo de la vid, se entierra para que agarren las raíces y produzca una nueva cepa. Normalmente esta técnica se utiliza para reponer marras en una viña. Esta elevación del terreno hace reconocible el skyline de la zona junto con el castillo de la propia Almansa, santo y seña de la localidad y uno de los exponentes más importantes de la arquitectura medieval de nuestro país.

 

Crecimiento sostenible

En la actualidad, la Denominación de Origen Almansa, que nace en 1966, cuenta con 12 bodegas que elaboran las uvas procendentes de las algo más de 7.100 hectáreas de viñedo. Para desarrollar todo lo relacionado con el Consejo Regulador quisimos citarnos con su actual presidente, Pascual Martínez Vergara en la propia sede de la D.O., situada en una antigua ermita (entre los siglos XVII y XVIII) que después de vivir no pocos avatares a lo largo de su existencia y servir de edificio de culto, almacén de utensilios de labranza, transformador eléctrico y oficina de turismo, ejerce hoy de centro de operaciones del Consejo Regulador. Pequeña, coqueta, y con una llamativa cúpula decorada con motivos vegetales en bajo relieve pintados en vivos colores. Una curiosidad. En el famoso cuadro encargado por Felipe V, que recrea la batalla de Almansa durante la Guerra de Sucesión española, obra de Buonaventura Ligli y Philippo Pallotta en 1709, ya la podemos localizar a los pies del castillo.

Para Pascual tiene una importancia capital poner en valor las cualidades que hacen de la región vitícola almanseña un lugar donde una variedad tan especial y desconocida como la Garnacha Tintorera se desarrolla plenamente. La clave para que esta uva pueda alcanzar una madurez adecuada y expresar así todas sus cualidades está en la altitud de sus viñedos. Si a esto le sumamos la naturaleza calcárea de los suelos y el particular clima con matices continentales y mediterráneos, el resultado es una zona con un potencial magnífico para que su variedad reina se muestre con toda su grandeza. Es probable que en términos porcentuales estemos ante la Denominación de Origen con mayor porcentaje de hectáreas dedicadas a una sola variedad. Una uva que, a juicio del presidente, es una de las más complejas de cultivar por la dificultad que entraña encontrar el punto justo de maduración del fruto. Para explicarlo la asemeja al juego de naipes de las siete y media: o te pasas o no llegas. Es por ello por lo que reconoce que están en continuo proceso de aprendizaje para que se vaya sacando de esta variedad todo lo que puede ofrecer, que es mucho, bien en vinos monovarietales o bien formando parte de interesantes ensamblajes de uvas. Hay tres ejes fundamentales sobre los que gira la estrategia de la D.O. a la hora de afrontar un futuro que se antoja halagüeño y que quizás sean las bases para posicionar a la zona en una plaza de honor. El primero es el ir aumentando el volumen de vino embotellado en detrimento de la producción a granel. Esta producción en muchos casos es muy importante para la subsistencia de las bodegas, pero de aquí nace el segundo puntal estratégico que se ve necesariamente relacionado con el primero: encontrar los canales adecuados de distribución para abrirse camino en los mercados internacionales y, por qué no, nacionales, y así hacer que aumente la demanda de los vinos de calidad almanseños y por lo tanto el valor de los mismos. Por último, apostar por un funcionamiento del viñedo en ecológico. Hay un convencimiento claro de que es el camino que hay que seguir por respeto al viñedo y porque es una baza muy importante para convencer a los grandes mercados extranjeros. Además por suerte la zona es relativamente fácil trabajarla en ecológico siempre que haya una cierta normalidad climática. En la actualidad, 1.800 hectáreas ya producen uva ecológica y otras 3.300 hectáreas están en proceso de conversión. Y todo con un único fin: elaborar vino que satisfaga al consumidor final.

 

Entendiendo a la Garnacha Tintorera

Este es uno de los lemas que ha llevado al éxito a una de las bodegas con más peso dentro de la región. Miguel Gil, cabeza visible del grupo Gil Family Estates, nos habla de su apuesta por Bodegas Atalaya en un proyecto apasionante y con la idea perfectamente definida de elaborar un vino con una variedad tan especial como la Garnacha Tintorera, difícil de trabajar y poco presente en las cartas de restaurantes y tiendas especializadas. La idoneidad del terreno y la cercanía con Jumilla, centro base del grupo, fueron las claves para elegir Almansa como destino donde asentarse. Aunque es en 2007 cuando comienza a rodar el proyecto, no es hasta 2009, tras la incorporación al equipo de Frank Gonzales, enólogo australiano que venía de elaborar garnachas en Alto Moncayo, cuando los trazos iniciales del esquema planteado comienzan a tomar forma. Para Frank fue un bonito reto pues no conocía ni la zona ni la uva. Desde entonces hasta 2014, añada magnífica según Miguel, no se ha parado de conocer la variedad y trabajar en el campo para conseguir corregir el porte rastrero de la planta para elevar los racimos y alcanzar una mejor aireación y una madurez completa, además de evitar problemas de botritis en unas fechas, octubre, en las que para llegar a esa maduración buscada de la uva, es necesario apurar la vendimia con el consiguiente riesgo sanitario. “La viña no es la más fotogénica del mundo, pero el fruto es de una gran calidad”, asegura Miguel. Actualmente tienen 36 hectáreas en propiedad, gestionan otras 65 y están empezando a explorar el mundo de los blancos en una zona que ven con mucho potencial. Para Miguel, lo verdaderamente importante de un vino es que durante una comida los comensales sean capaces de acabar la botella. De nada sirve obtener las más altas puntuaciones y premios en los más reputados concursos si cuesta hacerse con la primera copa. Se deben al público y eso es lo que les mueve a la hora de elaborar sus vinos en Almansa.

 

Bodegas Piqueras, germen de la D.O.

Si hay alguien con un peso específico notable en la D.O. Almansa es Juan Pablo Bonete Piqueras. Al frente de Bodegas Piqueras junto con dos de sus hermanos, es toda una institución en la zona por ser una de las personas que mejor conoce el pasado, presente y futuro de la Denominación. Su abuelo materno, Luis Piqueras, tuvo la fortuna de ser agraciado en 1927 con un décimo de la Lotería de Navidad. El premio lo destinó a ampliar la pequeña bodega situada en el casco antiguo de la localidad albaceteña que aún hoy se puede visitar. Por aquel entonces era una bodega destinada únicamente a la producción de vino a granel y no es hasta los años 60 cuando su yerno, Mario Bonete, padre de los actuales propietarios, cambia el rumbo de la bodega y la orienta de una forma casi visionaria hacia el embotellado. Todo esto en una década en la que además la D.O. da sus primeros pasos, siendo Mario el primer presidente del Consejo Regulador. Las casualidades de la vida hicieron, según nos explica Juan Pablo, que la primera botella que salió de la bodega coincidiera con la fecha de su nacimiento, allá por el año 1961. Desde entonces, el espíritu emprendedor, tan de moda en nuestros días, ha estado presente en esta familia siempre con una premisa clara: apostar por la calidad de un producto siempre a precios ajustados para llegar al mayor número de personas. Hasta el 1973, ningún vino de la región había visto una barrica hasta que en Bodegas Piqueras se adquieren las primeras y comienzan a crearse los primeros vinos con crianza. Fruto del trabajo desarrollado durante todos estos años nació la estirpe de vinos Castillo de Almansa, con una calidad indiscutible y una vocación viajera que la ha llevado a aterrizar en algunos de los más díficiles mercados internacionales, como son los monopolios canadienses y escandinavos. Resulta curioso pensar que cerca de Alaska podamos encontrar el dibujo de la archiconocida fortaleza de Almansa en la etiqueta de uno de los vinos más internacionales de la zona. Tanto es así que Juan Pablo nos da un dato que nos hace pensar. Son los primeros exportadores de vino español en Canadá y en Finlandia y el 95% de su producción la disfrutan más allá de nuestras fronteras. Además, asegura que es más fácil vender una botella en el estricto mercado canadiense que en cualquier capital de provincia española. Supongo que llena de orgullo que un producto que nace en el seno de una región como la almanseña se consuma en los más recónditos lugares del planeta. Ahora bien, resulta necesario que entre todos trabajemos para que se pida con mayor frecuencia un vino de Almansa en las barras de nuestros bares.

En la actualidad trabajan 120 hectáreas de viñedo en propiedad y compran uva a sus proveedores de siempre. Esto hace que los viticultores cultiven las cepas con el criterio que les ha ido inculcando la familia Piqueras y que la relación sea de mutua confianza. En este año que se acaba se han cumplido los 100 años de vida de la bodega y lo han querido celebrar con la elaboración de un vino que lleva encerrado el conocimiento y el gusto personal del que lo ha engendrado, huyendo de cualquier tipo de influencia de mercados y modas. Juan Pablo nos enseñó el vino del centenario. Su vino. Un ensamblaje de tres uvas vendimiadas en 2011: Syrah, Monastrell y Garnacha Tintorera en las proporciones de 50/25/25 y en cuya creación Juan Pablo tenía claro que no quería que fuera muy concentrado y robusto. Es un ejemplo en el que se mantiene la frutosidad en un escenario donde la crianza queda bien engarzada y la complejidad irá mostrándose con el paso del tiempo. Amable y con la idea central de los vinos de Almansa: que queden ganas de seguir bebiéndolo.

 

La historia de una comarca a sorbos

Entre Almansa y Montealegre hay una finca, Santa Rosa, que destila historia y en cuyo palacete de estilo colonial del siglo XVIII perteneciente al marqués de Colomer y Patrimonio Nacional Arquitectónico Protegido se elaboran unos vinos con puro sabor almanseño. El joven Carlos Gramage proviene de una familia con tradición bodeguera y hoy lleva la dirección técnica de un proyecto de pequeñas dimensiones, pero con la intención de que sus vinos expresen el sabor de la tierra. Entre las viñas de Matamangos, finca en la que su abuelo tenía un pequeño viñedo que su padre fue ampliando y las de Santa Rosa, el proyecto consta de 42 hectáreas cuyas cepas han sido trabajadas para que sea en 2015 la primera añada que salga al mercado con la etiqueta de ecológico. La producción actual ronda las 35.000 botellas. Aunque las instalaciones pueden asumir producciones mayores, Carlos prefiere ir avanzando con calma y mantener el nivel de calidad de años anteriores.

No muy lejos de allí, a los pies del Mugrón está enclavada la finca y bodega Hacienda El Espino. Paco Milán, almanseño e ideólogo del proyecto, consiguió en los 90 unos terrenos sobre los que plantaría un viñedo con buen potencial enológico y en el que diversificó el plantel de variedades apostando por uvas autóctonas, nacionales y foráneas. Si volvemos a la obra pictórica en la que se representa la batalla entre austracistas y borbónicos de 1707, son en estas mismas tierras donde queda representada la contienda, por lo que la historia la podemos estudiar y paladear en sus vinos. Las 232 hectáreas de viñedo repartidas en 42 parcelas quedan a escasos metros de las intalaciones donde se elaboran y crían los vinos. Tanto la sala de fermentación como la de barricas están dotadas de unos medios lo suficientemente adecuados para llegar a conseguir vinos de una notable calidad. Guillermo Milán Martínez y Jorge Martínez Mejías, hijo y sobrino de Paco, llevan las riendas de la joven bodega con la intención de llegar a dar al público unos vinos modernos, bien elaborados y aptos para ser consumidos en cualquier momento del día.

Comenzamos nuestro paseo en Hoya Gonzalo, una de las localidades más al oeste de la Denominación de Origen. Allí nació en 2006 El Tanino, una bodega formada por 27 viticultores que se asociaron para trabajar sus viñedos con la ilusión de sacar al mercado vinos con un toque personal que los diferenciara del resto de la zona. Su principal activo es la restricción en la producción del viñedo recogida en los estatutos de la bodega. Su trabajo fundamental se basa en realizar una viticultura centrada en conseguir un fruto de gran calidad y que quede reflejada en los vinos. Controlan 400 hectáreas de viñedo donde la Garnacha Tintorera representa un buen porcentaje del total. Podemos encontrar en el mercado dos vinos con la distinción de la Denominación de Origen Almansa. Nos quedamos con el 1752, un monovarietal de Garnacha Tintorera con 12 meses de barrica nueva americana y francesa. Para su elaboración se apura la maduración del fruto y se aplica una estricta selección de racimos. El nombre del vino responde al año en el que Hoya Gonzalo dejó de depender del municipio de Chinchilla de Montearagón.

No muy lejos de allí, en Higueruela, una pequeña población de no más de 1.300 habitantes, se levanta la Cooperativa de Santa Quiteria, que se conoce con el sobrenombre de Tintoralba. Es una de las cooperativas que se puede considerar monovarietal. En torno al 96% de toda la uva que entra en las tolvas de recepción es de la variedad mayoritaria de la zona. Los viñedos son de los más altos de Almansa, plantados rondando los 1.100 metros de altitud, por lo que el fruto gana en calidad y frescura y esto se expresa en sus vinos. Nos tenemos que detener en la gama de vinos ecológicos, más concretamente en el Ecológico Selección Tintoralba 2013. Con una producción limitada de 7.000 botellas presenta una limpieza y honestidad digna de mención. Este tipo de vinos está muy solicitado en el mercado alemán. También el sudeste asiático recibe gran cantidad del resto de vinos de esta bodega, hasta completar el 80% de la producción embotellada que viaja fuera de nuestras fronteras. Sin abandonar el municipio de Higueruela, en Bodegas Cano saben lo que es dedicarse durante varias generaciones al mundo del vino. Desde mediados del siglo XIX la familia ha cultivado sus viñas y elaborado sus vinos con los conocimientos que han ido heredando de padres a hijos. Es un siglo más tarde cuando se unen a la cooperativa local para terminar construyendo su propia bodega en 2004 con el objetivo de honrar a quienes plantaron las primeras viñas y construyeron los cimientos de un proyecto que hoy resulta ilusionante. Este homenaje lo materializan con la elaboración de un vino de Vendimia Seleccionada y en cuyo nombre aparece la fecha de la fundación de la bodega primigenia: 1860. Es un monovarietal de Garnacha Tintorera cuyas uvas proceden de cepas de más de 40 años de antigüedad. Han sido necesarios 18 meses en barricas de roble francés de segundo año para dotar a este vino de la redondez necesaria, manteniendo una personalidad varietal que a lo largo de los años irá creciendo. Por la carretera de Pétrola llegamos al proyecto de José Rodríguez de Vera. Lo especial de esta bodega es el especial cuidado con el que realizan la vendimia de todas sus variedades, que son muchas. Los tiempos de la cosecha los marcan el tipo de suelo y las variedades, por lo que las vinificaciones se realizarán en función de estos factores. Esto conlleva una marcada expresión de la uva dependiendo de la naturaleza del terreno donde esté plantada la viña. Aunque en sus hectáreas de viñedo la variedad madre tiene su protagonismo, han encontrado en la Petit Verdot una variedad que bien trabajada es capaz de dar vinos muy especiales. Se vendimia casi en noviembre y es capaz de mantener la acidez y de mostrar una versión madura de sus componentes. Hemos elegido el tinto Sorrascas, un ensamblaje de esta variedad con algo de Merlot que se ha criado un año en barrica y otro en botella.

 

Creaciones con personalidad propia

Ya en el término municipal de Almansa nos encontramos con el Santuario de Belén, edificio de estilo barroco construido a lo largo del siglo XVII que alberga a la patrona de la ciudad y donde los almanseños celebran una de sus principales fiestas. A no mucha distancia se encuentra la bodega Virgen de Belén, un proyecto que nace en el año 2000 y que no hace más que dar continuidad a un negocio familiar que siempre estuvo relacionado con el cultivo de la vid. Toda la plantación está conducida en espaldera y los trabajos de vendimia se realizan de forma mecanizada. Sus vinos marcan una línea definida por la franqueza de sus aromas respetando la identidad de la variedad. Aunque producen buena parte a granel, están trabajando para dar mayor presencia a los vinos embotellados. En la carretera que nos acerca al final de nuestro recorrido, Alpera, nos encontramos con Bodegas Almanseñas a orillas de la autovía A-31. Sus modernas instalaciones son utilzadas para sacar de las variedades dominantes de la zona –Garnacha Tintorera y Monastrell– un perfil que hasta ahora no habíamos encontrado. Su enólogo, José Ángel Martínez Marchante, nos explica que trabaja con maceraciones cortas para no excederse en el color y el tanino. Busca en sus vinos mayor frescura, equilibrio y una sensación más vertical que podemos encontrar en el paladar. El cultivo ecológico de sus viñas y la utilización de levaduras autóctonas en las fermentaciones son otras de las características que hacen que este proyecto ofrezca unos vinos diferentes sin dar la espalda a el eje central de la expresión de sus variedades. Catamos un vino monovarietal de Tintorera de 2013 en el que se ha trabajado parte en hormigón y se han utilizado barricas usadas para su crianza. ¿Su nombre? La Huella de Adaras. Sin duda algo diferente.

Muy cerca se encuentra la Bodega Dehesa el Carrascal que nació en 1997 con la adquisición de la finca y la plantación del viñedo. En 2003 se contruye la bodega sin escatimar en recursos dirigidos hacia la búsqueda de la calidad de sus vinos. Todas sus referencias son monovarietales con los que se puede aprender de forma clara el comportamiento de estas uvas en un territorio como el albaceteño: Garnacha Tintorera, Syrah, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot y Verdejo, esta última procedente de viñedos arrendados. Pedro Sarrión, enólogo de la bodega, se encarga de plasmar el alma de cada uva en sus creaciones. En la línea de vinos Tudons, nos sorprende el dulce elaborado con Garnacha Tintorera. La fermentación maloláctica se ha llevado a cabo en barricas de roble francés, que aporta un punto de complejidad muy agradecido.

Concluimos nuestro periplo por la docena de bodegas de la D.O. albaceteña en Santa Cruz de Alpera, el nombre de la cooperativa de esta localidad (Alpera). De la misma forma que en el caso de la de Higueruela, se puede considerar una coopertativa monovarietal: hasta un 98,5% de sus viñedos están plantados con Garnacha Tintorera. El resto lo comparten la tinta Syrah y la blanca Verdejo. En la actualidad gestionan 3.000 hectáreas, de las cuales la mitad ya están reconocidas bajo el protocolo de cultivo ecológico. De toda su producción embotellada exportan entre un 70 y un 80%. Pudimos catar de la línea Albarroble el Crianza Selección de 2012. En su elaboración se fermenta el mosto en depósitos abiertos con un sistema de inyección de aire que sustituye a la tradicional bomba de remontado. Durante un año en barrica y otro en botella este vino va adquiriendo los matices de la crianza con una complejidad que irá aumentando con el paso del tiempo de manera positiva.

El viaje por la Denominación de Origen Almansa lo terminamos con la sensación de que no solo se trata de una zona de paso entre el centro peninsular y los destinos turísticos del Mediterráneo. Es una región con una gran historia, con unas tradiciones dignas de sentir en primera persona, con un patrimonio cultural generoso y unos vinos que han sido elaborados sobre unos cimientos muy sólidos basados en la calidad, la diferenciación y el gusto del consumidor. No perdáis la oportunidad de descubrir los vinos de esta región porque más pronto que tarde terminarán cautivando vuestro paladar.

 

Nuestra selección en la D.O.P. Almansa

Bodegas Piqueras
Piqueras 100 Años 2011
50% Monastrell, 25% Garnacha Tintorera, 25% Syrah
Comienza con notas de fruta fresca y regaliz. Los detalles avainillados de la crianza dan el toque goloso que se percibe en boca. Es especiado. En boca resulta sabroso, con volumen, largo, con final de matices minerales y de monte.


Bodegas Atalaya
La Atalaya del Camino 2013
Garnacha Tintorera
Los aromas de fruta madura gobiernan en nariz marcados por una licorosidad amable, detalles de tinta y pan de higo. Estructura amable, concentrado, largo, balsámico y con detalles torrefactos.


Bodega Santa Cruz de Alpera
Albarroble Crianza Selección 2012
Garnacha Tintorera
Aromas de ciruelas maduras y caramelo de café. Profundo con buen entendimiento entre la crianza y la fruta. Sedoso en la entrada, buen equilibrio y estructura sostenida con buena paleta de sensaciones.


Cooperativa Santa Quiteria
Tintoralba Ecológico Selección 2013
Garnacha Tintorera
Limpio, noble, con un eje de fruta fresca aderezado con notas de monte. Tanino respetuoso, sabroso, mineral y posgusto cremoso donde aparecen detalles avainillados del roble.


Bodegas Virgen de Belén
Señorío de Almansa Crianza 2012
Syrah
Es honesto en sus atributos aromáticos. La grosella y la frambuesa se perciben con algún detalle floral de fondo. En boca hay mayor presencia del roble en forma de recuerdos ahumados y cremosos. Robusto, goloso y persistente.


Bodega Matamangos
MOD 2012
70% Cabernet Sauvignon, 30% Garnacha Tintorera
La buena maduración de la variedad principal se percibe con unos aromas especiados, de fruta negra bien integrada en el roble de tercer y cuarto año. Con cierta complejidad aparecen toques de recuerdos de tabaco. Tanino noble y delicado.


Bodegas Cano
1860 Vendimia Seleccionada 2012
Garnacha Tintorera
Tiene el carácter de la Tintorera con un punto de frescura aportado por la altitud del viñedo. Matices de bombón en licor, especias, regaliz. Carnoso en boca, equilibrado y amable calidez final.

Bodega Hacienda El Espino
1707 2012
Syrah
Tiene una floralidad sugerente sin dejar de lado los matices afrutados y alguna nota de monte bajo. Entrada amable, fresca y con una madera que irá expresándose con mayor complejidad con el tiempo.


Bodegas Almanseñas
La Huella de Adaras 2013
Garnacha Tintorera
Es un vino renovado en el que se busca una versión más fresca de la variedad. Fruta negra y flores sobre un fondo especiado. Acidez bien integrada, elegante, refinado. Con la fuerza de la zona, pero apaciguada con el perfil directo del vino.


Bodegas El Tanino
1752 2008
Garnacha Tintorera
Complejo por sus aromas de encurtidos bien dispuestos sobre los recuerdos mediterráneos de monte bajo. Fondo de tinta china y un sutil tostado. Corpulento en boca. En boca quedan sensaciones especiadas apoyadas sobre un tacto carnoso.


Bodega Dehesa El Carrascal
Dulcemar 2011
Garnacha Tintorera
Destacan las marcadas notas de encurtidos y balsámicos que en nariz se perciben con cierta frescura. La sensación dulce es de perfil licoroso, dejando recuerdos de fruta negra en sazón. Tras el trago queda con un largo recorrido.


Rodríguez de Vera
Sorrasca 2010
Petit Verdot, Merlot
Los detalles silvestres, balsámicos y especiados se presentan en el eje central del vino con un toque frutal muy sutil. Buena acidez, tanino vibrante y final medio donde el toque mentolado queda en el recuerdo.


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