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Cortes de invierno

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  • Laura López Altares
  • 2019-01-31 00:00:00

La poda invernal es un momento clave en el viñedo: marca el destino de esas cepas durmientes que, al despertar rejuvenecidas de su letargo en primavera, darán frutos que brotarán con más fuerza de nuevas yemas.


V ulnerables en apariencia, ya despojadas de sus pámpanos y con las retorcidas raíces silentes bajo el suelo helado, las vides se protegen del inclemente invierno sumiéndose en un largo y profundo letargo del que no despertarán hasta primavera. Durante ese plácido y frío sueño, conocido como reposo vegetativo, se realiza la poda invernal, clave para el desarrollo de las futuras cepas.
El enólogo Carlos Sánchez (Las Bacantes, La Cantarada, 3 Viñerones) nos habla del origen de esta práctica de viticultura, fruto de la casualidad: "La historia de aquel burro que sin querer podó una cepa es bastante conocida". El magnífico libro La guerra del vino, de Don y Petie Kladstrup (del que ya os hemos hablado en alguna ocasión), también recoge esta curiosa leyenda que todavía se cuenta en los viñedos mediterráneos: "Los más viejos recordaban con frecuencia a los más jóvenes que los méritos de la poda se descubrieron cuando el asno de san Martín se perdió entre los viñedos. Según se dice, eso sucedió en el año 345 d.C. (...) En esta ocasión, san Martín ató al asno a una hilera de viñas y se dedicó a hacer su trabajo. Al regresar, descubrió horrorizado que el asno había mordisqueado las viñas y que algunas de ellas habían sido masticadas hasta el tronco. Al año siguiente, sin embargo, los monjes se quedaron sorprendidos cuando esas mismas viñas eran las que habían crecido con mayor abundancia y producido las mejores uvas". Carlos Sánchez cree que la poda también pudo surgir como una cuestión práctica: "Seguramente, se empezó a podar para que los animales pudieran pasar entre las viñas plantadas en vaso y así agilizar el trabajo".
Aquella ancestral lección se perfeccionó y se extendió entre los viticultores, y hoy en día se realiza en diferentes momentos del ciclo de la vid y con distintos objetivos. En el caso de la poda de invierno, la importancia es fundamental porque influirá de forma decisiva en el futuro de las viñas: "El fin es rejuvenecer los sarmientos y concentrar el fruto, hacer que la planta no trabaje tanto acortando el recorrido de la alimentación y aumentando su rendimiento: no es lo mismo repartir todos esos nutrientes por diez metros de sarmiento que por tres, la intensidad de alimentación es mayor". De esta forma, el fruto siempre brotará de yemas nuevas: "Tú lo que haces es quitar lo viejo y dejar que salga lo nuevo. La planta va a querer brotar, y brota por lo nuevo, con mucha más intensidad".

Mientras dormían


¿Y por qué es tan importante realizar esta poda durante el invierno? Carlos nos lo aclara: "Si tú podas en otro momento, le restas funcionamiento a la planta porque sigue habiendo savia. Por debajo de los 10 grados, la planta se para, está completamente dormida porque las raíces no están funcionando. Los cortes no le provocan heridas, por eso hay que esperar al invierno, al reposo absoluto. Cuando podas en invierno, evitas perder sustancias del funcionamiento de la planta". Más adelante (en torno a primavera, dependiendo de la dureza de las temperaturas), la planta se reactiva y se corre el riesgo de que haya movimiento de savia al podar: "Si podas demasiado tarde, la planta puede perder su primera fuerza, su desayuno. Y si lo haces antes del invierno, la savia puede caer en la yema y dañar el futuro crecimiento de la planta con las primeras heladas". Carlos también recomienda hacer esta poda crucial con la luna en menguante descendente: "Cuando la fuerza de la planta está completamente abajo, en las raíces. Ese es el momento". En cuanto a la técnica, hay toda una ciencia sobre la poda, y según Carlos "la clave es conocer bien la planta, saber qué partes no son interesantes para ella: cortar los sarmientos es suficiente para que se sanee la planta, pero hacemos podas más estudiadas y específicas para llevar las viñas con la máxima calidad posible". La intuición y la experiencia son determinantes a la hora de realizar bien esta labor: "Cada planta y cada suelo son distintos. Las vides viejas saben buscarse mejor la vida. Te dan menos, pero con mucha sabiduría. También hay que tener en cuenta si la viña está plantada en vaso o espaldera, las variedades... Por ejemplo, con la Albillo Real de Gredos hay que podar muy largo (cinco o seis yemas) porque si podas muy corto no te da fruto, pero la Garnacha es todo lo contrario".
En esta bella complejidad, como dice Carlos, radica "el romanticismo del mundo del vino, mucho más interesante y atractivo que cualquier otro producto del campo".

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