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La viña privilegiada del Arlanza

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  • Antonio Candelas
  • 2019-01-31 00:00:00

El río Arlanza puede presumir de haber vivido en sus propias aguas algunas de las historias más apasionantes de Castilla. Hoy además atraviesa y custodia una de las comarcas vitícolas con mayor potencial. Todo gira en torno a un viñedo único que hay que entender, mimar y proteger para que siga dando vida a una región afortunada por su paisaje, historia y cultura. Un viñedo escaso, pero excepcional; con muchas vendimias a sus espaldas, pero lleno de vida; exclusivo, pero accesible. Es hora de disfrutar de sus vinos y de aplaudir el esfuerzo de la gente que vio en el Arlanza un río de posibilidades para quedarse en su querida comarca.



V  iajar por Castilla en pleno invierno no siempre es fácil, pero hay que reconocer que cuando toca un día en el que el sol gana la batalla a las persistentes nieblas castellanas, el paisaje cobra una luminosidad especial. Con esa revitalizante luz es con la que llegamos a Lerma, localidad burgalesa de gran belleza monumental, en la que se sitúa el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Arlanza. Allí, nada más atravesar el arco de la antigua cárcel por el que se accede al conjunto histórico de la Villa, nos espera el presidente Miguel Ángel Rojo con un grupo de elaboradores para charlar e intercambiar impresiones sobre las características y valores de la zona.
Ubicar la región en el mapa no es complicado. Se encuentra en el centro de la provincia de Burgos, a unos 40 kilómetros al sur de la capital. El río Arlanza cruza la comarca de este a oeste hasta llegar a su desembocadura en el Pisuerga. En la parte oriental, limita con la Sierra de Covarrubias, mientras que al oeste se topa con el Páramo del Cerrato. De norte a sur es atravesada por la autovía A-1. Abarca dos provincias, Palencia y Burgos, y está formada por 67 municipios, 13 palentinos y 54 burgaleses, entre los que destaca Lerma, donde a cada paso que das encuentras un rincón digno de fotografiar.
Hasta el momento se pueden contabilizar algo más de 300 hectáreas de viñedo inscritas en la D.O., de las cuales aproximadamente la mitad supera los 40 años de edad. Hay muchas más viñas salpicadas por la comarca que no están acogidas a la D.O. Arlanza. En muchos casos, son parcelas pequeñas de viñedo viejo y de gran valor cuyos propietarios utilizan la cosecha para elaborar vino de consumo propio. La altitud del viñedo ronda los 850 metros sobre el nivel del mar, anque podemos encontrar en la parte alta de la región parcelas que se sitúan por encima de los 1.000 metros.
La uva predominante es la Tempranillo, aunque entre tanto viñedo viejo desperdigado hay plantas de Garnacha, Mencía, Garnacha Tintorera, Mazuelo... Es tierra de rosados, pero el tinto ha ido ganando terreno hasta imponerse en sus diversas categorías. Alguna bodega apuesta por variedades foráneas, aportando diversidad a su catálogo de vinos. Y aunque su presencia es testimonial porque se encuentra mezclada entre las líneas de cepas tintas, no hay que olvidarse de la uva blanca, que es un terreno interesante por explorar. Hay Albillo, Viura, Malvasía...


El valor de la viña vieja
La del Arlanza es una comarca en la que la viña ha tenido una gran importancia económica y social a lo largo de la historia. Ya en el siglo X los monjes la cultivaban y no había familia que se preciase que no tuviera algún majuelo del que poder elaborar vino. Durante siglos, el viñedo ha sido una actividad que ha dinamizado la zona incluso en los peores momentos. Una vez más la ribera de un río es capaz de crear un entorno propicio para que la cepa ancle sus raíces en el terreno y se produzca el milagro del vino otoño tras otoño. Pero esta ribera es especial. Tiene algo que la hace singular y única. Por eso en 1995 tres apasionados de la comarca –Adolfo Barbadillo, de Bodegas Monte Amán; Máximo Ortiz, de Bodegas Hijos de Máximo Ortiz, y José Luis Sierra, de Bodegas Sierra– decidieron emprender la creación de la Denominación de Origen. Dieron el paso en unos años en los que el vino de la región no vivía sus mejores momentos. Pero estaban convencidos de las posibilidades que la tierra les brindaba para prosperar sin verse obligados a abandonar su hogar. La fe en la viña y el inapelable carácter castellano hicieron que tras no pocas trabas y retrasos administrativos naciera en 2007 la D.O. Arlanza. Tres bodegas y un centenar de hectáreas de viñedo eran los activos con los que contaba la nueva denominación en sus comienzos.
Lo curioso es que hasta unas décadas atrás el vino era el verdadero motor de la región. Asunción Barbadillo, de Bodegas Monte Amán, cuenta algo que poca gente conoce: en los años 40 la ribera del Arlanza llegó a albergar más de 15.000 hectáreas de viñedo, superando incluso a la superficie vitícola de la Ribera del Duero. Esto da una idea de la importancia del sector en la zona. Pero, ¿cuál fue el causante de tal retroceso del viñedo? En opinión del presidente, Miguel Ángel Rojo, la emigración a las ciudades en los años del despegue industrial y las ayudas al cereal provocaron que se arrancara multitud de parcelas y se abandonaran otras cuantas. Al final, la viña tal y como está concebida en Arlanza requiere de mucho trabajo. Es una viña muy segmentada, plantada en vaso y de producciones exiguas. Por otra parte, la mecanización del viñedo es muy complicada y acaba no resultando rentable cuando llega la hora de recoger los beneficios tras la campaña. Como en tantos lugares de nuestro país, el problema del abandono se solucionaría si se pagara bien la uva al agricultor, sobre todo cuando la uva es como la de aquí, de una calidad indiscutible y con un perfil idóneo para elaborar grandes vinos. Un ejemplo claro de cómo el cereal ha ido colonizando tierra de viñedos se encuentra en Santa Cecilia, la pequeña población en la que vive Miguel Ángel. Hace unos años, sus alrededores eran un mar de viñas, hoy difícilmente quedan 25 hectáreas.
A día de hoy hay 17 bodegas, además de los seis productores que alquilan instalaciones para elaborar el vino que pondrán en el mercado con su propia marca. Casi todos los propietarios de las bodegas son gente de la zona que ha trabajado la viña desde siempre o que han regresado atraídos por el interés que despierta la región. Es el caso de Soraya Angulo, propietaria y enóloga de Bodegas Alonso Angulo. Tras unos años trabajando como enóloga en Cataluña regresó a su tierra para sacar la expresión sincera de un viñedo que hay que conocer muy bien. Se lo plantea como un bonito reto porque es un viñedo difícil de trabajar. La viña no siempre te pide lo mismo, depende mucho de cómo venga el año y aquí cambia mucho.
Pero no solo hay gente de la zona elaborando en esta tierra. Olivier Rivière, uno de los representantes de la nueva forma de entender el vino, llegó a nuestro país de la mano de Telmo Rodríguez. Hoy elabora en Covarrubias, una de las zonas más altas de la región, atraído por la excepcionalidad del paraje y la frescura de sus uvas. Luis Martín, copropietario de Bodega Sabinares, está convencido de que "Arlanza apetece". Hay grupos que no descartan aterrizar en la zona. Antes de la crisis hubo gente interesada en invertir, aunque no cuajaron las expectativas. Es algo que ayudaría a impulsar a la D.O. con todos los beneficios que ello implicaría. Luis es también de esas personas que tienen parte de su desarrollo profesional fuera de Arlanza, pero se siente atraído por la fuerza de una viña que no hay que dejar que sucumba al paso del tiempo. Para ello, en 2011, se juntó con tres amigos de la zona dedicados al sector y pusieron en marcha un proyecto de rescate de parcelas del que han conseguido sacar adelante un blanco y dos tintos.
Lo más importante de todo es el convencimiento que tienen todos del incalculable valor de sus viñedos viejos. Rescatar todo lo que se pueda y conservar con tino lo que ya se ha salvado debería ser uno de sus objetivos prioritarios.

¿Cómo son sus vinos?
Si la exclusiva ubicación del viñedo lo hace irrepetible, el vino que salga de él debe ser al menos interesante. En su mayoría, tintos y de Tempranillo, los racimos sueltos y de uvas pequeñas cuyo hollejo alberga el secreto de su carácter dan lugar a vinos concentrados, de tanino noble y una frescura que se hace más presente en las zonas altas de la denominación. Rebeca pertenece al equipo técnico de Bodegas Lerma y nos cuenta cómo trabajan para que su tinto de autor adquiera la personalidad que buscan. Procedente de una sola viña, elaboran con raspón y todas las acciones de extracción de color como bazuqueos y remontados las hacen de forma manual. Después es partidaria de someterlos a largas crianzas para que la bravura del tanino acabe por moderarse, pero sin que los aromas y sabores del tostado de la barrica tomen posesión del carácter del vino. "Al final lo que se busca es jugar con diferentes formas de trabajar para que el viñedo se exprese buscando en todo momento la diferenciación", concluye. Una diferenciación que también viene dada por las variaciones que existen entre unas zonas y otras de la denominación. Rubén Montero representa a Señorío de Valdesneros, una bodega del pueblo de Torquemada que pertenece a la zona baja de la D.O. situado en la Arlanza palentina. Cuenta con unos suelos de depósitos aluviales, profundos y compuestos por gravas que se traducen en vinos de mayor madurez y concentración. Elaboran rosados y tintos que van desde el maceración carbónica a dos tintos crianza, pasando por un joven roble. En este pueblo cuentan con un reclamo enoturístico que empiezan a rescatar y explotar y que ya ha conseguido la mención de Bien Turístico Cultural: su población no alcanza los 1.000 habitantes y sin embargo hay 550 bodegas subterráneas excavadas por todo el pueblo. No es difícil imaginarse el frenético bullicio que se vivía en Torquemada en tiempo de vendimia.
Otro proyecto que marca diferencias en la zona es el de Bodegas Buezo. Miguel Corral, su director comercial, ve en la altitud y en la oscilación térmica tan acusada durante la maduración de la uva los grandes tesoros de la comarca. Dos aspectos que todas las zonas ansían debido al cambio del clima y pocas tienen. Su proyecto es de los mejor dotados técnicamente y cuenta con 50 hectáreas de viñedo propio en las que además de la Tempranillo hay plantadas Cabernet Sauvignon, Merlot, y Petit Verdot. Actualmente comercializan la añada 2005 de todas sus referencias. No es una locura. Es otra de las particularidades de los vinos de Arlanza. Consiguen desarrollar un poder de envejecimiento excepcional a través del cual adquieren complejidad y moderación en su poderío tánico. Ahora la cuestión es hacer ver al mercado que aunque los lineales estén copados de crianzas de 2015, los de Arlanza de añadas anteriores gozan de una vitalidad y riqueza de matices increíbles. Tiempo al tiempo, pero todo llegará.
 La Bodega Palacio de Lerma está vinculada a una larga tradición familiar dedicada a la viticultura y a la comercialización de vinos. Ramiro García, gerente del proyecto, recuerda pisar la uva en su infancia y merendar pan con vino y azúcar, algo que "hoy sería impensable en la sociedad en la que vivimos". También nos cuenta la buena labor por el vino de la zona que hizo su abuelo, que "tenía buena fama de elaborador y tenía mano a la hora de injertar las cepas". Los vinos que elaboran no se fijan en las modas. Su línea de elaboración se basa en extraer lo máximo posible de la uva con la mínima intervención. En su caso, no tienen viñas en propiedad. Todo lo compran a un grupo de pequeños viticultores seleccionados cuyas viñas en algunos casos no superan los 1.000 kilos por hectárea.
 Y una vez que los vinos están listos para ser consumidos ¿dónde se comercializan? Elisa Fernández, secretaria del Consejo Regulador, habla de que la exportación ronda el 18% de la producción. Los principales destinos son Estados Unidos, Reino Unido, China y Japón, aunque de un año para otro suelen cambiar. No es un mercado estable, pero no hay que desatenderlo. Por otro lado, el consumo en Burgos es importante aunque se ven influenciados por su cercanía a Rioja. Ha costado que en las barras de la capital burgalesa se consuma vino de Arlanza, pero poco a poco se va ganando terreno a otras zonas de mayor tradición. Sin embargo, en las cartas de los restaurantes sí están más asentadas las referencias de la zona. Esta labor corresponde a los restauradores, que deben creer y ofrecer los arlanzas para que el cliente los conozca y quede convencido de que es posible disfrutar con otro perfil de vino.

Un diamante en bruto
El presidente mantiene fe en la comarca. Por un lado cree que ganarse un puesto de reconocimiento en el sector es una carrera de fondo. El que piense que debe obtener de forma inmediata la fama y el retorno económico de la inversión está equivocado. Hay que tener paciencia y esperanza en el progreso de la región. Es una zona que tiene muchos de los ingredientes necesarios para prosperar: cultura, paisaje, vino y gastronomía. El único problema que complica su desarrollo es el abandono de los núcleos de población. Con el fin de evitarlo se están poniendo en marcha proyectos para fijar los habitantes de los pequeños pueblos y atraer a un turismo de calidad interesado en la cantidad de actividades que se ofrecen. La Ruta del Vino es uno de ellos. Ha costado sacarla adelante, pero ya está funcionando y parece que con una gran aceptación por parte del público. En ella se fusionan todos los atractivos turísticos de la región, donde el vino adquiere un protagonismo fundamental.
No hay que olvidar que la ubicación no puede ser mejor: a orillas de la autovía A-1, entre Madrid y el País Vasco, y dentro del Triángulo del Arlanza que forman Santo Domingo de Silos con su impresionante monasterio, Covarrubias y sus pintorescas callejuelas y la monumental Lerma. Es con toda seguridad uno de los conjuntos históricos de mayor valor de nuestro país. Si además hay un paisaje tan poderoso como para que el mismísimo Sergio Leone se fijara en él para grabar algunas de las escenas más famosas de El bueno, el feo y el malo, la zona bien merece una visita. Un grupo de entusiastas del Western se empeñó en rescatar el cementerio ficticio de Sad Hill que aparece en la película y que queda cerca de Santo Domingo de Silos. El proyecto ha tenido tanta repercusión que incluso se ha rodado un documental en el que se cuenta esta maravillosa locura. Se llama Desenterrando Sad Hill y lo podéis ver en Netflix, pero mejor será que seáis vosotros los que piséis el mismo escenario que Clint Eastwood pisó en el verano de 1966.
Llegamos al final del viaje entusiasmados y profundamente agradecidos. Entusiasmados por la riqueza de una tierra que aún está por descubrir y agradecidos al Arlanza por haber creado a lo largo de los siglos un paisaje tan diverso, tan acogedor y a la vez tan generoso. Los 12 vinos que hemos seleccionado en estas páginas son una muestra de la diversidad que podemos encontrar. Los hay frescos, maduros, poderosos, complejos, refinados... pero aún hay mucho que catar. Seguro que a los que hoy están luchando por la comarca se sumarán otros, tocados por la misma ilusión para construir un Arlanza próspero, rico y sostenible. Un Arlanza privilegiado que ya dan ganas de bebérselo.

Cata : 242 - MiVino: Vinos de la D.O. Arlanza



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Almanaque Reserva

  • Tipo de vino:
  • Zona:
  • Alcohol: 14


Buezo 2005

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Sabinares

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