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El Norte más indómito y desconocido

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  • Laura López Altares
  • 2020-10-05 00:00:00

Asturias y Cantabria, tierras salvajes y aguerridas, comparten un pasado celta que ha marcado su historia y su carácter, pero también un secreto vinícola inesperado. Sus vertiginosos parajes albergan reductos de viñedo que han desafiado el asedio del tiempo y que, al igual que los antiguos pobladores astures y cántabros, se resisten a doblegarse. La D.O.P. Cangas custodia el tesoro vinícola del suroccidente asturiano, con variedades autóctonas tan originales como la Albarín Blanco, la Carrasquín o la Verdejo Negro. Mientras, las IGP Vino de la Tierra de Liébana y Vino de la Tierra de la Costa de Cantabria acompañan el interesante despertar de una zona casi inédita.


Han existido pocos pueblos más indómitos que aquellos guerreros que habitaron Asturias y Cantabria en tiempos del Imperio Romano. Tal vez por eso los miremos con una simpatía especial, la que provocan los territorios que se resisten a doblegarse. Lucio Anneo Floro,  historiador romano, se refería a aquellos rebeldes pobladores en su crónica sobre las Guerras Cántabras (también conocidas como Guerras Astur-Cántabras, que se libraron del 29 a.C. al 19 a.C.) con estas palabras: "En Occidente, casi toda Hispania estaba pacificada, a excepción de la parte que toca las últimas estribaciones de los Pirineos y que baña el océano Citerior. Allí vivían dos pueblos muy valerosos, cántabros y astures, que no estaban sometidos a nuestro Imperio". En este texto también hace referencia a la fiereza de los cántabros, excelentes jinetes que les hacían la vida imposible con su guerra de guerrillas y sus hachas de doble filo, y a la astucia de los astures, que "descendieron de sus nevadas montañas con un gran ejército". El resto es historia (minúscula y sobre todo mayúscula), ya se sabe: el emperador Augusto –el primero y el que más tiempo estuvo en el poder– salió victorioso de aquella dura campaña, y se hizo con la salida a ese mar salvaje y los valiosos recursos mineros de los vencidos: el oro asturiano –"no hay parte alguna de la tierra donde se dé esta fertilidad durante tantos siglos", escribieron– y el hierro cántabro.
Pero el corazón de sus antepasados celtas sigue latiendo fuerte en asturianos y cántabros, que comparten carácter batallador, parajes salvajemente bellos, suculencias gastronómicas, el turismo rural más atractivo del país... y desconocidas regiones vitivinícolas muy interesantes.
 
Reyes atlánticos
Los vinos de Asturias y Cantabria forman parte de ese singular grupo conocido con el sugerente sobrenombre de atlánticos, en el que también se incluyen elaboraciones de País Vasco, Galicia, León, Huelva, Cádiz o Canarias. Su frescura, salinidad y menor graduación alcohólica les confieren un atractivo único que los ha llevado a protagonizar hace tan solo unos días el Primer Concurso de Vinos de Influencia: Atlantic, precisamente en Cangas del Narcea: "El objetivo de esta competición es analizar los vinos de perfil atlántico, vinos que tienen una personalidad especial debido a las condiciones climáticas que se producen en los viñedos cercanos al océano", explicaban sus organizadores de la D.O.P. Cangas. De la cata a ciegas de este concurso salieron los reyes del Atlántico, entre ellos, el Mejor Tinto Joven: Penderuyos 2019, de Bodega Antón Chicote (D.O.P. Cangas), elaborado con las variedades Mencía, Albarín Negro, Verdejo Negro y Carrasquín.
"Todas las bodegas de nuestra D.O.P. tuvieron vinos en la final y, de todas las zonas atlánticas, Cangas ha sido la que ha llegado a la final con más número de vinos", destacan desde la D.O.P., como también apuntan que "la tradición vitivinícola del suroccidente asturiano forma parte del ADN del paisanaje y paisaje de esta zona"... ¡y se remonta al siglo IX! Esta pequeña Denominación, creada en 2014, custodia uno de los tesoros mejor escondidos de Asturias: sus espectaculares y vertiginosas viñas de uvas autóctonas, que dan vinos muy sugerentes y frescos, con una potente carga frutal salpicada de detalles florales, balsámicos o silvestres y sensaciones minerales.

Las viñas del Paraíso

Uno siempre acaba por volver a ese territorio de récords (Asturias alberga la mayor diversidad quesera de Europa, la playa más pequeña del mundo –Gulpiyuri–, algunas de las huellas de dinosaurio más grandes del planeta, el mayor yacimiento de oro del continente y es la Comunidad más montañosa de España... ¡y la única que ha recibido la visita de calamares gigantes!) que llaman Paraíso Natural. Al pasear entre sus misteriosos bosques, playas salvajes, tortuosos acantilados o sus verdes montañas y al saborear sus fabadas, oricios, pixines o sus quesos hasta el más descreído rezaría por quedarse allí el resto de la eternidad. Su riqueza natural, histórica y cultural es abrumadora y, como buen paraíso terrenal que se precie, está lleno de tentaciones. Por algo es la tierrina de la manzana... ¡y de la sidra! Pero entre todos esos exuberantes pomares, las viñas han aprendido a abrirse camino, y se encaraman a terrazas de vértigo desde hace miles de años. Eso sí, se concentran en el Occidente asturiano, en los profundos valles de los ríos Navia y Narcea, al abrigo de las montañas y con suficientes horas de sol para una maduración lenta y gustosa.
La historia de la viticultura astur es muy interesante, y uno de sus momentos clave fue la creación del Monasterio de San Juan Bautista de Corias –hoy Parador Nacional– en el año 1044, "sin duda el motor de arranque para el impulso del cultivo de la vid y el desarrollo en los años sucesivos", como señalan desde la D.O.P. Cangas. Entonces, el viñedo ya tenía muchas de las singulares características que lo definen en la actualidad. Sus particularidades eran tan especiales que se buscó protección legal para el vino local "frente a la venta de vinos forasteros a través de ordenanzas municipales en 1542 y por un real privilegio de Hacienda en 1767". Pero, claro, la atroz filoxera también llegó hasta aquellas viñas indómitas, y sus estragos fueron espantosos.
De las 2.000 hectáreas de viñedo que cultivaron en sus mejores tiempos, hoy únicamente resisten unas 80, 55 de ellas inscritas en la D.O.P. En 2014, la Comisión Europea aprobó de forma definitiva la Denominación de Origen Protegida Cangas, que defiende "un sector pequeño, pero en pleno crecimiento", según exponen. Actualmente, la D.O.P. cuenta con siete bodegas inscritas y dos en proyecto que se sumarán en la próxima vendimia, con una facturación anual en torno a los 700.000 euros. "En una zona como esta, el desarrollo de la viticultura puede suponer una forma de vida para muchos jóvenes, ayuda a frenar la despoblación rural y puede incentivar otros sectores como el enoturismo, la gastronomía, la explotación de los bosques de roble, tonelerías, etc. Puede ayudar a un desarrollo transversal de todo el suroccidente asturiano", apuntan desde la D.O.P. En esta zona, el viñedo es muy diferente, se alza sobre "escarpadas laderas con pendientes que pueden alcanzar el 70% de desnivel. La formación en espaldera es una de las más antiguas de España, resultado probablemente del asesoramiento de técnicos franceses". Los suelos pedregosos de pizarras y esquistos contribuyen a su abrupta singularidad, y también el microclima de la zona: "Está rodeada de montañas, principalmente la Cordillera Cantábrica, lo que hace que tenga un microclima especial, con más horas de sol y menos lluvia que en el resto de Asturias", indican desde la Denominación.
Víctor Álvarez, propietario y enólogo de Monasterio de Corias –una de las bodegas más importantes de la D.O.P.–, explica que hacer vino aquí "es un reto para valientes: tienes que pelear con el viñedo, el clima… aunque cada año nos está favoreciendo más". En un lugar tan extremo donde los viticultores se convierten en héroes, las variedades también son muy originales, completamente diferentes. Para Álvarez, "el Albarín Blanco, fresco y con una acidez muy buena, va a ser un referente cuando tengamos suficiente uva: este año hicimos 5.400 botellas... ¡y lo vendimos todo! El Carrasquín es la variedad de más terroir, la que está más integrada en la zona. La Verdejo Negro es muy elegante, recuerda a la Trousseau francesa de Jura. Y el Albarín Tinto –tiene similitudes con la Baboso Negro– es muy amable, le gusta a todo el mundo".

Un monasterio de héroes
En la bodega Monasterio de Corias llevan veinte años recuperando la zona de Cangas: "Fue una región muy importante, en la época del Conde de Toreno se recogían unos siete millones de kilos de uva. Pero el viñedo fue desapareciendo porque surgió con mucha fuerza la minería, y la gente lo abandonó para incorporarse a esta actividad. Quedaba algún reducto para consumo propio: aquí se hace mucho vino particular para los hogares y no se bebe sidra prácticamente".
Curioso dato para una bodega no menos curiosa, que recuperó la antigua tradición benedictina de elaborar vino en los monasterios: en sus inicios, alquilaron a los monjes la bodega del Monasterio, circunvalado por una inmensa finca amurallada donde había vestigios de viñedo. Registraron la marca Monasterio de Corias, pidieron la replantación de aquellas viñas y se convirtieron en unos auténticos pioneros: sobre 2004 elaboraron el primer vino blanco de la zona con Albarín Blanco, fruto de una labor titánica ("para hacer las cosas bien hay que tener mucha paciencia, ir muy poco a poco", sostiene Víctor).
En el año 2009, el Monasterio se vendió al Principado, que lo convirtió en Parador Nacional: "En nuestra pequeña y bonita bodega se hizo el spa, y ahora tenemos dos bodegas al lado del monasterio". Para Víctor Álvarez, esta cercanía con el Parador Nacional es muy positiva: "Tenemos que vender el vino con el paisaje y la gastronomía en conjunto". Los atractivos para el enoturista son irresistibles, "con algunas de las mejores materias primas de España: carne de vacuno de pasto, muy buen pote asturiano...". Los distintos vinos que elaboran, de pequeñas producciones, "van perfectamente unidos a esta gastronomía: estamos muy contentos porque son muy sorprendentes, muy bien valorados, con unas variedades únicas muy desconocidas", destaca el enólogo de Monasterio de Corias. Ellos siguen peleando para dignificar la zona, y no hay duda de que han abierto camino: "Siempre tiene que haber alguien que rompa, pero es bueno para la zona. Para Asturias es muy importante, es una región en la que se consume mucho vino", apuntala Víctor. Y recuerda con orgullo y una ilusión inmensa las visitas que les hicieron Pedro Ballesteros y Álvaro Palacios: "Álvaro marchó sorprendido de nuestros tintos, de la fruta que mantenían después de cuatro años en botella". Estos originales vinos de montaña, que el CERVIM ha premiado en varias ocasiones (su Verdejo Negro acaba de conseguir la codiciada Medalla de Oro), representan el futuro de una Denominación de Origen que ha experimentado un gran avance en los últimos años, y que tiene como gran reto incentivar nuevas plantaciones: "Necesitamos producir más porque la demanda es mayor a la producción, y las bodegas no pueden atender todos los pedidos. También necesitamos que la gente joven se vaya animando a plantar terrenos: las viñas están en manos de viticultores mayores y es necesario garantizar el relevo generacional", concluyen.

El despertar de Cantabria
Mientras, en esa vecina apacible pero salvaje Cantabrum indoctum iuga ferre nostra, la ingobernable y bella Cantabria que se negó a llevar el yugo romano, las viñas se desperezan de un largo letargo. Hoy cuenta con dos jóvenes I.G.P. que amparan pequeñas y singulares producciones: Vino de la Tierra de Liébana –donde las vides han formado parte del paisaje desde hace siglos– y Vino de la Tierra Costa de Cantabria –con sus blancos vibrantes y frescos donde la salinidad aparece al final como si fuera un homenaje al mar–. La enóloga todoterreno Ana Martín, una de las responsables del despertar de los vinos cántabros, recuerda el extraordinario cambio que se produjo en la zona a partir de 2010: "Yo estoy muy orgullosa, porque me he pasado toda mi vida profesional abriendo zonas. He visto cómo ha ido evolucionando Cantabria, de no conocerla nadie y hacer cosas mal... a hacer vinos muy ricos que pueden competir perfectamente con cualquier blanco de España".
Martín colaboró con la Consejería de Agricultura de Cantabria durante varios años en un proyecto de recuperación de vides y elaboración de vinos experimentales, y también asesoró a diferentes bodegas. Una de ellas fue Casona Micaela –con la que todavía trabaja en la actualidad–, cuyo nacimiento coincidió con la creación de la Indicación Geográfica Protegida Vino de la Tierra Costa de Cantabria. Carlos Recio, su propietario, cuenta que en aquel momento se estaban creando proyectos muy rompedores en País Vasco, y que le llamó mucho la atención que Cantabria fuera la única comunidad de España en la que no se elaboraba vino: "Me pareció una buena idea hacer vino en Cantabria porque no había. Empezamos a mirar qué posibilidades había, con qué variedades se podía trabajar, a analizar los suelos y el clima que teníamos... y todo parecía encajar", recuerda.
Para su sueño vinícola, escogió una finca muy singular en el paraje de Jornillos, a unos 500 metros de altitud, orientada al sur, soleada y muy ventilada: "Creo que fue un gran acierto, porque además el viento sur le da gran calidad a la uva". Allí, el cambio climático les ha favorecido: "Hay menos lluvia, más calor y a nosotros no nos importa que las vendimias se adelanten, porque vamos un poco justos", señala Carlos Recio.
Los dos vinos que elaboran con Albariño y Riesling, Casona Micaela y Micaela Selección de Añada, son muy atlánticos y florales, "un reflejo de dónde está el viñedo". Aire fresco para una región en la que gran parte de la uva se destinaba a la elaboración de orujos, y con una economía eminentemente ganadera. Para Ana Martín, el gran problema de la zona son sus pequeñísimos volúmenes (en 2018, un año muy bueno, se produjeron un total de 121.000 litros en toda Cantabria), la heterogeneidad de estilos y variedades y su falta de tradición, lo que dificulta una identidad vinícola propia. Pero lo cierto es que hay pequeños proyectos muy atractivos, como Bodegas Río Santo y su Lusía de Liébana o Casona Micaela: "Hay varias bodegas que hacen vinos ricos y la gente ya ha ido cogiendo confianza en los vinos de Cantabria", destaca Martín. Carlos Recio confiesa que al empezar nunca pensó que iba a hacer un vino de esa calidad, ni tampoco que fuera a encontrar dificultades para venderlo: "Me equivoqué absolutamente. La calidad de los vinos puede ser excepcional, pero al principio costó mucho venderlo porque era un producto que no existía". Ahora protagoniza las cartas de los mejores restaurantes de Cantabria ("me dicen los hosteleros que nunca falla"), y ha marcado el camino a seguir en la zona, poniéndola por fin en el mapa vitivinícola de España.
Como vemos, el Norte más desconocido está lleno de proyectos ilusionantes, de viticultores indómitos, de sorprendentes vinos, de viñas rebeldes que se parecen (y mucho) a las tierras que habitan.

Cata : 258 - MiVino: Vinos de Asturias y Cantabria



Casona Micaela 2019

  • Tipo de vino: Blanco joven
  • Zona: V.T. Costa de Cantabria
  • Alcohol: 12

Cien Montañas Albarín Negro 2017

Bodega Vidas

  • Tipo de vino: Tinto con madera
  • Zona: D.O.P. Vino de Calidad de Cangas
  • Alcohol: 13

Cien Montañas Carrasquín 2017

Bodega Vidas

  • Tipo de vino: Tinto con madera
  • Zona: D.O.P. Vino de Calidad de Cangas
  • Alcohol: 13

Cien Montañas Verdejo Negro 2017

Bodega Vidas

  • Tipo de vino: Tinto con madera
  • Zona: D.O.P. Vino de Calidad de Cangas
  • Alcohol: 13

Corias Guilfa 2015

Bodega Monasterio de Corias

  • Tipo de vino: Tinto con madera
  • Zona: D.O.P. Vino de Calidad de Cangas
  • Alcohol: 13,5

Micaela Selección de Añada 2019

  • Tipo de vino: Blanco con madera
  • Zona: V.T. Costa de Cantabria
  • Alcohol: 12,5

Palacio de Treto 2018

Pago Casa del Blanco

  • Tipo de vino: Blanco con madera
  • Zona: V.T. Costa de Cantabria
  • Alcohol: 13

Penderuyos Selección Especial Barrica 2017

  • Tipo de vino: Tinto con madera
  • Zona: D.O.P. Vino de Calidad de Cangas
  • Alcohol: 14,5

Verdea Blanco 2019

  • Tipo de vino: Blanco joven
  • Zona: D.O.P. Vino de Calidad de Cangas
  • Alcohol: 13,5

Verdea Tinto 2019

  • Tipo de vino: Tinto joven
  • Zona: D.O.P. Vino de Calidad de Cangas
  • Alcohol: 13,5

Viña Mar by Nates 2019

Pago Casa del Blanco

  • Tipo de vino: Blanco joven
  • Zona: V.T. Costa de Cantabria
  • Alcohol: 12,5

ViveLa Vida 2017

Bodega Vidas

  • Tipo de vino: Tinto con madera
  • Zona: D.O.P. Vino de Calidad de Cangas
  • Alcohol: 13

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