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Bocaditos a deshora. Tentempié navideño

  • Redacción
  • 2009-12-01 00:00:00

Los Queramos o no, a pesar de los mejores propósitos de austeridad o dietética, Navidad es la fiesta de la buena mesa, días en que la familia, los amigos, los afectos, se abrazan en corro compartiendo lo más exquisito de la despensa. así manda la tradición, la misma que en cada región establece menús inmutables. Sin embargo, En el aperitivo o la merienda informal cabe el capricho, eso sí, clásico. Se llama tentempié a ese picoteo a deshora que mantiene la vitalidad de cuerpo y ánimo cuando el tiempo entre comidas es muy prolongado. Hablar de tentempié durante estas fiestas pantagruélicas parece un contrasentido, pero es indudable que los tapeos se multiplican, con grupos variados y a lo largo del día y la noche. El punto final de cualquier mínima recepción en casa será inevitablemente el turrón y sus allegados, las delicias de almendra, miel y azúcar, los mazapanes y empiñonadas que elaboran para el Club de Gourmet de forma artesanal los mejores obradores. Y para reservarle al dulce una pizca de deseo, de antojo, los pasos previos han de reunir más calidad que cantidad, y propuestas ligeras. Nada más ligero, refrescante, festivo, delicado y exquisito que un espárrago. Los que firma el Club del Gourmet son de Navarra con Denominación de Origen, pelados a mano, en lata o tarro de cristal, tersos y sedosos, aromáticos y sin fibras, perfectos. Para presentarlos basta una suave vinagreta salpicada con una colorista juliana de tomate y olivas negras. En los canapés, sobre una rebanadita de chapata o unos crujientes picos, la presencia siempre aplaudida de nuestra joya nacional, un jamón de cerdo ibérico, de los que sestean y comen bellotas bajo las encinas, criados en la Dehesas de Extremadra, en Guijuelo, Los Pedroches, Huelva, y cortado a mano en lonchas finísimas que luzcan el brillo de su exquisita y saludable grasa. Los quesos de cabra en rulo, curados y cremosos en su punto son otro soporte ideal sobre el que, como un barroco cuerno de la abundancia, cabrían embutidos ibéricos y hasta una cucharada de bloc de foie-gras. Éste es otro de los invitados inevitables, sea como eje de una cena, en una pieza, o en preparaciones más cremosas, para untar o adormar en forma de bolitas. Con ese “menú”, en la copa cabe cierta promiscuidad que va de los espumosos, los cavas limpios y punzantes para limpiar el paladar, a los elegantes dulces tipo Sauternes.

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