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Por fin la excelencia

  • Redacción
  • 1997-12-01 00:00:00

Bueno ha sido para la viticultura española el hecho de que el predominio incontestado y el liderazgo indiscutido de Rioja fuera puesto en cuestión, o mejor, colocado entre paréntesis. Bien es cierto que a las iniciales voces críticas que señalaban la evolución de los gustos del consumidor, alertando contra el riesgo del inmovilismo, el peligro de la monotonía, los excesos de barrica, etc., pronto se unió un coro de voceros descalificadores que tomaron como distintivo de sagacidad crítica el menospreciar los vinos riojanos. Tan lamentable actitud produjo un malsano movimiento defensivo en la zona que no hizo sino potenciar las actitudes más conservadoras. Mientras tanto, la mejora en la elaboración de vinos en denominaciones prestigiosas como Ribera del Duero, hizo que la oferta al consumidor de tintos de calidad rompiera el monopolio copado hasta entonces por Rioja. Y así pudo crearse la falsa imagen de una zona vitivinícola en declive. Nada más lejos de la realidad.
Rioja, tomada en su conjunto, es nuestra mejor y más destacada zona productora de tintos de calidad, la imagen del vino bien elaborado y mejor criado. Aquí nació, hace más de un siglo, el estilo de envejecimiento que luego ha sido imitado por tirios y troyanos. Desde estas tierras empapadas en vino, con las entrañas socavadas por numerosas bodegas, España conquistó un lugar, todavía modesto aunque cada vez menos, en el mundo vitivinícola. Sólo en Rioja se dan, en proporción y número, las obras más acabadas de la enología nacional, con una media de calidad envidiable. No olvidemos que no se trata de unas cuantas bodegas, sino de varios centenares que elaboran unos 200 millones de hectólitros cada año, con un parque de barricas sin parangón en el mundo. Cómo extrañarse de que un gigante así tenga dificultades para evolucionar. No es lo mismo renovar unas cuantas decenas de miles de barricas de roble que hacerlo con más de 600.000. Pero el cambio, inicialmente lento, constreñido al principio a unos pocos bodegueros audaces, entre los que había tanto recién llegado como nombres históricos, se está generalizando. Y sólo ha hecho falta un año excepcional para que el progreso aparezca con toda nitidez. Dentro de unos meses el consumidor podrá gozar de los Reservas del 94. Nosotros ya lo hemos hecho y el impacto ha sido tremendo. Vinos sensacionales, con el el perfil riojano ajustado a los gustos de los nuevos tiempos, pero sin perder el carácter que les ha dado fama. Rioja vuelve a colocarse en cabeza.

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