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Tempranillos de primera

  • Redacción
  • 2003-09-01 00:00:00

Cierto, la Tempranillo es una de las grandes variedades de uva, nuestra mejor arma para conquistar mercados de calidad, el instrumento idóneo para una enología de mayor nivel y personalidad. Pero, pese a ser uno de los grandes varietales con que cuenta el patrimonio enológico mundial, muchos críticos internacionales la sitúan a la cabeza de la “segunda división”. Por el contrario, yo soy un convencido de que la Tempranillo es un varietal de “primera división”, pero simplemente si somos capaces de hacer vinos de “primera división”. El problema radica en que con esta uva maravillosa se han estado elaborando vinos vulgares, sin personalidad, incluso en las DO. más prestigiosas. Y eso es así porque una de las grandes virtudes, pero también uno de los grandes problemas de la Tempranillo, es su versatilidad. Con ella se elabora desde un granel barato hasta “Pingus”, el vino más caro de España. Además, padece todavía de prejuicios y equívocos, como el que la califica de uva ligera, aunque fina. Hoy hay vinos de Tempranillo que tienen la misma corpulencia, la misma estructura, el mismo color de un Cabernet Sauvignon. Es cierto que durante mucho tiempo se ha apostado por la mediocridad, porque partíamos de una práctica homogeneizadora; aquí se hacía coupage de zonas, coupage de cepas, coupage de vinos, coupage de todo. Pero ha habido una reacción. Existen hoy en España tintos de Tempranillo que han sabido convertirse en singularidades; que han aprendido que un buen vino solo se hace con buena uva, porque ningún varietal por sí mismo garantiza un vino calidad; que para hacer un vino magistral, la Tempranillo tiene que ser muy buena, haber madurado perfectamente, y que para ser muy buena hay que pagarla bien; que no hay grandes vinos si no reflejan las características del terruño; que la personalidad está reñida con la cantidad, y que, por lo tanto, hay que olvidarse de los clones productivos, de las zonas agrícolas fértiles, propias de la horticultura. Hay que recuperar los viñedos de altura, de ladera, de suelo pobre, esas maravillosas viñas viejas. Y discriminar para ofrecer al mundo la riqueza de sus singularidades.

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